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El pensamiento político de la Derecha

“Hay que aumentar la tasa de natalidad en Chile, si no queremos enfrentarnos al desastre económico de un ‘crecimiento negativo’ a futuro”. Es éste el pensamiento de la derecha, que considera a las personas como objetos del “mercado laboral”, a los niños como inversión económica comprendidos como trabajadores a bajo costo, como mano de obra barata, como el “ejército de reserva” que permitiría mantener bajos salarios.

Es lo que puede inferirse de la cuenta pública del Presidente de la República al Congreso Nacional del 21 de mayo pasado.

Algunos de los temas planteados fueron anuncios de proyectos a ser enviados al Poder Legislativo en los últimos meses del actual mandato, tales como el relativo a normas “más severas y exigentes” del trabajo parlamentario; un proyecto de ley para mejorar la seguridad y el orden público, que incluye la protección a Carabineros e instrumentos más eficaces contra violentistas y “encapuchados”; reducir el costo de los medicamentos; la creación de una Superintendencia de Educación Superior, una nueva agencia de acreditación y una Subsecretaría de Educación Superior, además de la obligatoriedad de Kinder.

Lo que aparece como más pintoresco de los anuncios ha sido el bono de $100.000 por el nacimiento de un tercer hijo y de $200.000 por el nacimiento de un quinto hijo.

Se trató de un discurso extenso, con muchas cifras, elitista. Lo más relevante fue lo que el Presidente no dijo y que la mayoría del pueblo exige desde hace tiempo.

Por ejemplo, respecto de la crisis de la educación: no hay modificaciones sustantivas, ni alusiones a los 20.000 estudiantes de la Universidad del Mar que se encuentran a la deriva, ni se mencionó a los deudores del crédito Corfo, ni los sobornos de la Agencia Nacional de Acreditación. Sí se afianzan el mercado, la corrupción y la represión.

Piñera habló de otro país, en el que la mayoría es extranjera. En el país de la derecha están las cifras macroeconómicas del crecimiento y que significarían el ingreso de US$20.000 per cápita. Esto es, cada familia recibiría US$100.000 anuales, equivalentes a 50 millones de pesos por familia.

No obstante, el Banco Central ha señalado que la deuda total de los hogares alcanza al 61,5% del ingreso disponible anual. La derecha no considera que el 68% de los empleos son precarios y que 2/3 de la fuerza laboral realiza trabajos ocasionales.

El discurso presidencial tampoco dio cuenta del país de las grandes mayorías, como por ejemplo del significado de la falsificación de las cifras del INE, de la reducción arbitraria del número de pobres de la encuesta Casen, de la condonación de US$50.000 del SII a la empresa Johnson”s, de los bonos abusivos a medio millón de clientes del BancoEstado, de los altos precios de los medicamentos ligados a la colusión de las farmacias, de los intereses usurarios del retail, de las AFP, de las Isapres, de las comisiones no consentidas, de la estafa de la tienda “La Polar”, de los capitales de los grandes empresarios trasladados a los paraísos fiscales, del deterioro ambiental, de la privatización del agua, de la desnacionalización de los recursos naturales, de los sobornos de las empresas a los políticos, de la impunidad de los violadores de los derechos humanos, de la anacrónica política internacional de Chile, etc…

El discurso presidencial reflejó explícitamente el principio que afirma que “a medida que se valoriza el mundo de las cosas se desvaloriza, en razón directa, el mundo de los hombres”. Es por eso que el Presidente olvidó el clamor popular de Asamblea Constituyente, renacionalización de los recursos naturales, instauración de los derechos sociales, estatización de sectores económicos estratégicos.

Al contrario, se afianza la Constitución de 1980, cuya continuidad permite seguir privatizando a favor de la derecha política, ideológica y económica, sin escuchar la existencia del pueblo que es en quien radica la soberanía.

De allí la pertinencia encontrada en una nueva lectura de un antiguo libro de Simone de Beauvoir, “El pensamiento político de la derecha” (Gallimard, 1956) y que pareciera dirigido al Chile actual, cuando afirma que “los intereses de la burguesía se convierten en valores; la existencia del privilegiado viene a ser sagrada, su posesión un derecho; los privilegiados se llaman “la élite”, los privilegios superioridades, su conjunto la Civilización. La masa, en cambio, es nada. Y entonces puede afirmarse que la desigualdad satisface la justicia”.

Ante esta realidad, los derechos del pueblo solo se alcanzarán fuera de la actual legalidad deslegitimada y que sólo se sostiene a través del terror y de la mentira.

Hervi Lara

Santiago de Chile, 30 de mayo de 2013

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