El síndrome de la política en la Araucanía

El estándar institucional desprotector del Estado de Chile.

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Las noticias respecto de la Araucanía, en los últimos 30 años, nos muestran un Estado que promete y jura garantizar la Paz del Establishment, la propiedad de lo usurpado, la continuidad de la defensa de aquello que conquistó el criminal Gregorio Urrutia o el genocida Cornelio Saavedra, que defendió el criminal Capitán Trizano.

El mismo Estado, ahora montando historias como la Operación Huracán o el “moderno” Comando Jungla del 2018, que asesinó, otra vez, a un comunero mapuche, al líder Camilo Catrillanca.

Hoy, desnuda se ve la calidad del Estado en la región, su terrible desidia para asumir una pandemia, como el coronavirus. No hay liderazgo válido en la Araucanía, esa es la patética realidad que nos muestra el que hayan debido enviar una “Delegada Presidencial”, en tanto para la cuestión operativa y administrativa (política en buena parte también) se recurre a manu militari.

Gran parte del gabinete regional, entre ellos, nueve seremis y dos directores de servicios en cuarentena; de la misma manera que el equipo de salud de Malleco y del Hospital de Angol.

Un sobre valorado Gobernador de Malleco, cuya inexperiencia y militancia en el hermano menor de la derecha (Evópoli) prontamente dieron cuenta de su débil instalación.

Hasta que desde Santiago dijeron No Más, y Piñera designó una delegada presidencial RN.

Y ahí está ahora toda la casta política derechista, Trizanista, del Plan Araucanía, con sus avellanos europeos, los del encuentro Empresarial Mapuche Neoliberal (obvio), los Luchsingerianos y demases, incluidos diputados y senadores con la verdad en sus narices: Toda la institucionalidad política del Estado en la Araucanía da el ancho para montajes y asesinatos por la espalda, para la brutal defensa de forestales…pero no para cuestiones que exijan transparencia, pluralidad, rigor, disciplina, en la labor de protección a la ciudadanía, menos en respetar el 169, los derechos humanos y la democracia económica.

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Es que no saben, no saben de pluralismo, democracia, o derechos. No saben cómo cuidar a la población, no es parte de su repertorio conductual, y es que no saben cuidarse ni entre ellos, ni de ellos mismos.

Por Antonio Fernández Rivas