¿Está el mundo global en crisis?

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Una respuesta interesante para muchas personas, es saber si la economía y las finanzas mundiales  se encuentran en crisis. Responder a ello implica apreciar los diferentes efectos que están ocurriendo en el mundo, derivados de una política concentradora de la riqueza. En ese sentido, ayuda conocer algunas opiniones o reacciones que dan cuenta de los sesgos que se manejan del tema, como los siguientes.  «Los mercados de valores han crecido más que la economía, y ahora son lo suficientemente grandes como para derribar a la economía cuando se desinfla”, esta expresión es de Jesse Felder, experto en finanzas por más de veinte años, copropietario de un fondo multimillonario de cobertura en California, EE. UU.

Desde el lado financiero, Black Rock, una de las mayores empresas de gestión de inversiones estadounidense con US$ 6,44 billones, señala que la FED debería comprar acciones. Eso es equivalente a decir que, si la Ford no vende sus autos, la FED debería comprárselos. Por su parte, el Presidente Donald Trump volvió a la carga al reclamar que el mercado de valores estaría en 5.000 a 10.000 puntos más alto (Dow Jones) si no fuera por las medidas de la FED.

Variadas fuentes constantemente envían mensajes desde los sectores de mayor riqueza, al mercado, para justificar la necesidad de seguir expandiendo la economía motivada por un doble propósito, alcanzar niveles más altos de riqueza debido a una avaricia descontrolada y presionar por una implícita urgencia de salvar el sistema de economía neo liberal.

Sostener el mercado especulativo, requiere de más de lo mismo, bajar las tasas y volver a expandir el dinero a través de un nuevo “QE” (Quantitative Easing). Cuando la FED inició los aumentos de tasas y programó vender los bonos e hipotecas, comprados para resolver la crisis de 2008, Wall Street empezó a caer, subió el dólar, encareció las exportaciones de EE.UU., y los deudores palidecieron. Este sistema no funciona sin una constante emisión de dinero barato.

En el aspecto político, el fanatismo extremista ideológico de las clases altas imponen las políticas que sirven a los objetivos de su propio sector. A eso responde la arremetida de Donald Trump y los Republicanos en su política exterior. Aplicar sanciones a cualquier país que se oponga a sus deseos de alinearse políticamente, alemanes, franceses y con mejor razón los rusos, chinos, cualquiera. Esa política se repite en sus objetivos económicos, tratados, acuerdos, etc., para cambiar las condiciones económicas. Extremar el presupuesto en defensa, no obstante el enorme déficit y las reducciones de los programas sociales, evidencian un plan mayor de preparase para enfrentar la guerra, debido a los conflictos que se originarán al exigir condiciones favorables de los recursos necesarios para seguir sosteniendo el imperio.

Lo señalado no es nuevo, quizás lo nuevo sea la sofisticación que han logrado con múltiples recursos para perfeccionar el modelo con instrumentos que hoy permiten presionar a los seguidores en todo el mundo, como nuestro país. La realidad muestra que una década después, desde la crisis 2008, el dinero gratis y las bajas tasas provenientes de la FED y otros Bancos Centrales, han sido un fracaso rotundo, no para la elite que sigue enriqueciéndose, sino para la gran mayoría de la población mundial, que sigue paralizada, más endeudada y sin poder aumentar la demanda.

La presión pública de Donald Trump sobre la FED, parece haber logrado resultados en especial sobre su presidente, Jerome Powell, de quién ha dicho que desea despedirlo porque no cumplió las políticas que él desea, lo que considera una traición. La Reserva Federal ya está girando en la dirección deseada por Trump, al declarar que no habrán nuevas alzas de tasas hasta que se acelere el alza de los precios y los activos (Bonos e Hipotecas) en poder de la FED, se mantendrán en los niveles actuales. Vender casi 4 billones de dólares de Bonos e Hipotecas produce un efecto similar a subir las tasas, porque retira liquidez del mercado.

En los 70, bajo la presidencia de R. Nixon, se presionó al presidente de la FED, Arthur Frank Burns, para mantener una política ultra expansiva, alejada de los equilibrios reales del sistema y ganar las elecciones de 1972. Burns accedió y rebajó los tipos, poco después, la inflación se tomó la economía, y luego fue necesario subir casi un 20% las tasas.

Quizás lo más relevante que está por ocurrir en la Reserva Federal, sea el hecho que Donald Trump  desea poner a Herman Cain (retiró la postulación por graves acusaciones) y Stephen Moore en la junta de la FED, que no son los acostumbrados profesores de economía con un doctorado, que usualmente  llenan las vacantes como directivos en la Reserva Federal. Cain y Moore van a optar exactamente por lo que quiere el presidente Donald Trump.  Si la Reserva Federal coopera con lo que exige Trump, los efectos multiplicarán los desequilibrios monetarios sin límites, y agravarán la inequidad e injusticia en la distribución del ingreso, aumentando de paso las burbujas y el endeudamiento a un nivel histórico.

Pero, veamos el aspecto técnico para ir a la cuestión principal, que es definir si el mundo está en crisis. En los Estados Unidos se dice que la economía está fuerte y en buena forma. Si eso es verdadero, ¿porqué este año los minoristas de EE.UU., han anunciado que cerrarán 5.994 tiendas?  Ese número ya supera el total de 5.864 anuncios de cierre del año pasado, según un informe reciente de Coresight Research.  Ya no se puede culpar al comercio por Internet. La firma de análisis de datos Thasos, que utiliza más de 100 millones de teléfonos móviles para medir el tráfico peatonal en algunos de los mejores centros comerciales en todo Estados Unidos, están detectando una ausencia de tráfico de personas en dichos centros, que calza perfectamente con una consistente desaceleración económica. Un experto citado por CNBC, dijo, «Espero que los cierres de tiendas se aceleren en 2019, llegando a unos 12.000 al final del año», Deborah Weinswig, fundadora y CEO de Coresight.

Los Estados Unidos se están deslizando hacia una nueva recesión. En el primer trimestre de 2019, la manufactura cayó un 1,1% en comparación con el año anterior. Los indicadores físicos son reales, miden el movimiento de materiales, bienes, mercaderías, productos, etc. A medida que se envían menos cosas por aire, ferrocarril y camión a todo los Estados Unidos, quiere decir que la actividad económica se ralentiza, no hay donde perderse.  La constatación de ese aspecto lo hace la nueva actualización del índice Cass Freight, que muestra el volumen de envíos de carga en los EE.UU., que ha caído por cuatro meses seguidos.

Otros datos duros que conocemos son que el 1% y 10 % de la población de los Estados Unidos se jactan de poseer el 40% y 85% de los activos de riesgo, respectivamente. Antes de la gran crisis de la burbuja de 1929, el 0,1% de la población de EEUU, disponía del 25% del total de la riqueza. En consecuencia, no se requiere de extensos análisis para entender que el descontrolado aumento de la desigualdad de los últimos años, tiene como directos responsables a las autoridades monetarias como la FED, por la inflación de activos, manipulación de tasas, dinero barato, facilidades de créditos para la gran banca y las transnacionales, que les ha permitido apoderarse de la riqueza global. Trump quiere condiciones monetarias ultra laxas, para que la borrachera financiera continúe hasta que sea re-electo, es decir, que el mundo se venga abajo, pero él quiere seguir siendo presidente.

Una curva de rendimientos invertida es una situación en la que las tasas de interés a corto plazo se ubican por encima de las tasas a largo plazo, una dinámica que en el mercado de deuda pública puede ser un precursor de una recesión inminente, ya que los inversores creen que el crecimiento será débil. No es normal de los bonos del gobierno a tres meses rindan más que los bonos a cinco o 10 años, no sólo en EE UU., sino en varios países.

Es importante recordar que un escenario de reflación es cuando el Estado estimula artificialmente la economía con el fin de superar una recesión, mediante estímulos fiscales y monetarios para evitar entrar en deflación. Se supone que la mayor demanda tiene como efecto colateral un alza generalizada de los precios (inflación), por ello a esta situación se le denomina reflación, una combinación entre recesión con inflación. Hasta ahora, usando la reflación de activos como política justificada por el denominado “efecto riqueza”, sólo permite concluir que ha sido un regalo desproporcionado para los que tienen bajo su poder las grandes riquezas y el control del dinero. Esta política ha demostrado que no activa ni reactivará la demanda de la población, porque las tarifas del trabajo apenas se mueven. No son parte del sistema.

En el aspecto social, los bajos sueldos, la eliminación de buenos puestos de trabajo, la robotización de los procesos productivos, los trabajos precarios y parciales han provocado el cierre de las pequeñas y medianas empresas, expulsando a las personas a la calle a vender lo que sea, porque los grandes conglomerados dominan los mercados para concentrar aún más la riqueza. La ciudadanía no tiene formas de enfrentar un diseño neo liberal que lo controla todo y a todos. La información, la libertad de los individuos se controla ahora mediante la inteligencia artificial, ayudado con espionaje masivo de datos operados a través agencias del gobierno y de mega empresas digitales, Apple, Facebook, Google, Microsoft, Alphabet, Intel.

La demanda agregada de los ciudadanos comunes y corrientes sigue estática o cayendo, y eso se puede observar no solo en Estados Unidos. También languidece Europa, Asia, y toda Latinoamérica, Brasil, Argentina, Chile, etc. Los efectos notorios son, endeudamiento, aumento del consumo de drogas, alcoholismo, mayores niveles de pobreza, aumento de la delincuencia, agresividad, enfermedades mentales, etc., que es una forma de crisis social en aumento que muy pocos se atreven a relacionar con el modelo neo liberal.

La esperanza llegará de la mano con la ciencia. El incendio de la catedral de Notre Dame en París, Francia, sorprendió a mucha gente. Pocos recuerdan las diversas intervenciones que ha tenido en el tiempo. Ya no es la iglesia original construida entre los años 1163 y 1245. Eso, nos recuerda la segunda ley de la termo dinámica, la entropía, que proviene de un concepto de la física. Los estados organizados irán pasando por diversas etapas, desde estados menos organizados hasta llegar a estados más probables, el desorden, la desorganización, el caos final. Primero fue arcilla, y con ella se fabricó el ladrillo que es su estado menos probable, pero luego con el tiempo, se va desintegrando y vuelve a ser arcilla, su estado más probable. Es el caso de la arquitectura de la catedral de Notre Dame, igual que el ladrillo también se derrumbarán. Podrán hacerla de nuevo, “parcharla”, pero ya no será lo mismo.

Lo señalado aplica con el sistema neo liberal. Un sistema que no genera organización ni promueve la integración para enfrentar la entropía negativa o neguentropía, se trata de un modelo excluyente, competitivo, acumulador, no colaborativo y depredador, dirigido por los bancos centrales, controlado por los muy ricos para su beneficio. Siguen inventando “parches” como el dinero barato y tazas muy bajas, que sólo aumentaran el desequilibrio y aceleraran su caída, irradiándola a todo el mundo, en especial a los países chicos que venden materia prima sin valor agregado como Chile. “Todos los sistemas se ven atacados o influidos por la ley de la entropía, aun en esos sistemas en que, debido a su organización particular, sus elementos se distribuyen de manera tal que dejan de tener la distribución más probable a través del tiempo y ese estado es la desorganización.” (O. Johansen B.). ¿Está en crisis el mundo? UD tiene la palabra.

Por Mario Briones R.