Estado de crisis permanente y guerra de baja intensidad contra la ciudadanía

Pese a todas sus derrotas políticas y la bajísima aprobación ciudadana, el Gobierno sigue tomando decisiones y haciendo declaraciones que agreden a diario, material y simbólicamente, a las personas

Por Wari

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Pese a todas sus derrotas políticas y la bajísima aprobación ciudadana, el Gobierno sigue tomando decisiones y haciendo declaraciones que agreden a diario, material y simbólicamente, a las personas.

Mala gestión de la pandemia; apoyos absolutamente insuficientes para quienes se han visto económicamente afectados; barreras para el segundo retiro del 10%; represión permanente y sistemática a quienes se manifiestan; impunidad de las violaciones a los derechos humanas perpetradas desde el 18 de octubre del año pasado; mantención de la prisión política como forma de castigo permanente a cientos de detenidos desde el comienzo del levantamiento social; denegación y desprecio público hacia las necesidades y requerimientos de la ciudadanía, son algunas de las situaciones que estamos viviendo en un contexto en que, después del plebiscito, resulta evidente que la gran mayoría de nuestro país exige un cambio radical que el Gobierno solamente dificulta y entorpece.

Pese a este estado de crisis permanente, el Gobierno y la mayor parte de las élites políticas no responden a las demandas ciudadanas. Al contrario, bajo la parafernalia de los procesos electorales en curso, se vende la idea de que la solución a los gravísimos problemas que estamos viviendo y sufriendo encontrarían un cauce de solución mediante un recambio de autoridades que evidentemente no apunta a los cambios que el país demanda.

Asimismo, frente a la creciente movilización social, cuya mayor expresión son las manifestaciones que se realizan todos los viernes en distintas ciudades, la respuesta ha sido el aumento de la represión policial, la cual se ha caracterizado por el despliegue masivo de los nuevos carros policiales adquiridos en los últimos meses, los que lanzan agua y gases tóxicos que han transformado a la represión en una verdadera guerra química contra las y los manifestantes.

Aun cuando se pensó que los resultados del plebiscito pudieran haber bajado la conflictividad social, las provocaciones permanentes del Gobierno y las malas decisiones que se han seguido tomando fueron incentivando el regreso de las manifestaciones masivas, cuyos focos prioritarios han sido la liberación inmediata de las y los presos políticos por una parte y la renuncia de Piñera por otra.

A este respecto, cada día que pasa constituye un día más de sufrimiento de las personas encarceladas y de sus familias y entorno social. Cientos de personas en distintas ciudades del país, jóvenes en su mayoría, siguen sufriendo un castigo estatal que resulta una afrenta al conjunto de la ciudadanía que se ha movilizado del octubre del año pasado.

Del mismo modo, cada día que pasa sin que renuncie este gobierno es un día más de represión y de políticas públicas mal orientadas y mal ejecutadas que solamente generan mayor sufrimiento colectivo. Por todo esto es que es fundamental aumentar la presión ciudadana en las calles, las redes sociales, las organizaciones sociales y territoriales, para generar a la brevedad las urgentes transformaciones que la ciudadanía demanda.

Por Roberto Fernández Droguett

Psicólogo Universidad de Chile, integrante del Programa Psicología Social de la Memoria, Universidad de Chile y del Grupo de Trabajo Clacso Memorias Colectivas y Prácticas de Resistencia.

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