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Infancia. Entre la Biebermanía y el cizarrismo

infancia

“…A las mujeres se les da a consumir la Mujer, a los jóvenes se les dan a consumir los Jóvenes y en esta emancipación formal y narcisista, se consigue conjurar su liberación real”

Jean Baudrillard: La Sociedad de consumo

En un comienzo este artículo se había propuesto ser condescendiente con cierta seriedad propia de la rimbobancia académica titulándose: Infancia. Entre el mercado y el estado de sitio, sin embargo, dadas las circunstancias contextuales apremiadas por la influencia mass mediática, como también por la enorme cantidad de nuevos dispositivos en torno al infante, creo pertinente materializar los conceptos a través de las máquinas productoras de sentido, como de subjetividad, que producen al infante según se reconfiguran los imaginarios de la adultez en un contexto particular, el del neodesarrollismo-social neoliberal chileno. Aguarden sus tímpanos que diremos el cuerpo-político del niño en su visceral realidad:

Floreciente ciudadanismo. Contubernios ciudadanos movilizados por el deber cívico han decidido derechamente reformar la educación en las urnas luego de centenares de movilizaciones, las cuales han podido hacer emerger la memoria histórica de la lucha, como de la calle, para la construcción de un nuevo escenario político social en la cual el derecho pueda restituirse por medio del diálogo y no por la violencia vandálica de cientos de encapuchados que arrasaron con la propiedad pública y privada obligándonos a todos los adultos a pagar con nuestros impuestos el desastre, todos ellos menores de edad que han sido identificados por las fuerzas del orden, pero aún no son capturados, y puestos tras las rejas. Bienvenida sea la madurez de la juventud universitaria, la cual ha podido dialogar para poder normalizar esos enunciados inocentes, como peligrosos de “educación laica, gratuita y de calidad”, llevarlos al Congreso y transformarlos, según se pueda concertar, en un plusvalor político para toda la ciudadanía, adulta, racional y mesurada.

Primavera cultural pop. El desarrollo de nuestro país es la puesta en marcha de una nueva forma de producción asalariada como también más flexible que se ha permitido dejar a los niños gozar de su infancia, manteniéndolos alejados de violentas y usureras formas de explotación dadas por el trabajo material. Es por ello, que antes de que se denigre su condición protegida frente al trabajo material por instancias internacionales generemos capital inmaterial a través de la venta de héroes y estrellas del pop que les cuesten no tan sólo una entrada de casi un sueldo mínimo, sino que normen su consumo de bienes adquisitivos a tan alta escala que incluso los menores de 1 año puedan tener para navidad una Tablet, como un cumpleaños de princesa o de rey, o de Justin,  que nos asegure la inversión en felicidad para el menor a través de esta figura normativa mercantil ad-hoc a las nuevas necesidades del niño y la niña.

Tolerancia Cero. Un delincuente muere en la primera cárcel de menores– proyecto estrella de la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente, primera figura legal dada al menor en Chile-, a manos de forajidos que debieran ser psiquiatrizados. El centro de internamiento más desarrollado y tecnológico del país, construido por la mano maternal de la cuasi-presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y que cobija a casi un centenar de asesinos y descriteriados y que revela la grave crisis del SENAME, el cual no ha sabido permitir encontrar camino para la reinserción de estos malogrados victimarios, los cuales deben estar pronto en manos de Gendarmería, siendo necesario bajar aún más la edad de su discernimiento.

Son 24 años los que se cumplen este 2013 desde que Chile aprobó el convenio internacional sobre protección de la infancia tratando de constituir una Ley Integral sobre los derechos del niño, no obstante aún las formas de inclusión del infante siguen siendo mediadas por los niveles de inseguridad y peligrosidad, como por la mercantilización. No es casualidad que frente a las diversas crisis del capitalismo, la producción de mitos emancipatorios para los cuerpos siempre relegados se produzca, retornar a la mujer a principios de siglo nos permite evidenciar cómo se pudo gobernar y rentabilizar un cuerpo indispuesto al falocentrismo occidental a través de la normalización de sus conductas, como por otro lado, en base a la integración en el proceso democrático-espectacular de la ciudadanía. Durante las revueltas del mayo francés, la juventud insurrecta contra el patronaje pudo ser capturada por medio de un trabajo precarizado y flexible, como también por la normalización de una serie de conductas y necesidades mercantiles que hasta la actualidad la mantienen docilizada –o en el congreso- frente al orden establecido. Actualmente, no nos debe ser casual que la LRPA se haya promovido el 2007 previniendo la crisis del 2008, que produjo la consolidación de una reformulación del mercado del trabajo y que se traduce en el establecimiento de una normatividad del trabajo inmaterial que se dirige a una nueva economía del cuerpo inerme, aquel que desprovisto de todo derecho se le insta y posiciona en un nuevo imaginario de la guerra gestionada por las descafeinadas normatividades del mercado y la democracia neoliberal, sostenida en argumentos de la seguridad como de la idoneidad, esta última siendo muy evidente en la reformulación curricular que restituye en el currículum educacional chileno el desarrollo de habilidades por el de competencias… pedagógicas… laborales…ciudadanas…, y que no hacen sino normar la adaptabilidad del inerme a las nuevas condiciones del mercado productivo. Cómo relacionarnos con este cambio si no es a partir de la paradoja que supone el infante en la óptica de la “connotación pública” y que nos hace llorar de rabia y tristeza frente al niño soldado o al niño bomba, pero ruborizarnos por los bielievers, menos cuando ésta supone la yuxtaposición de Bieber, apellido del niño-mercancía, y believer, que es creyentes, dejándonos una cruda y obscena realidad: un Bieliever como los/as creyentes en un cuerpo-mercancía apellidado Bieber. El niño como amenaza e inseguridad, como bárbaro y delincuente, amenazante de una ciudadanía adulta y con derecho o como creyente de un cuerpo-mercancía dado en su reproducción e imitación, y que en su fanatismo instala la figura de un cuerpo-dinero como su más fiel divinidad, son las formas maquínicas de cómo se traza hoy la incorporación material e inmaterial del infante, del in-for latino, del “sin capacidad de hablar” para la jurisprudencia romana, como también para la democracia occidental del siglo XXI. Lo importante es cómo pensamos la lucha política más allá de las formas políticas dóciles constituidas actualmente, más allá del derecho jurídico y de la norma mercantil, y cómo trazamos en un nuevo imaginario las estrategias políticas en torno al infante desde una guerra en curso que se ha diseminado a economías de la guerra frente al inerme y que suponen la captura del cuerpo y la subjetividad como mercancía o como enemigo antes de la inocencia destructiva del infante como potencia para ser otro(s), siempre niños, siempre rebeldes.

Patricio Azócar

Colectivo Ojo e perro

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