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Invita a tus hijos a vivir en la lectura

Hace pocos días aparecieron los resultados del Simce de 2º básico sobre comprensión lectora. Me llamó la atención, ya que tengo entendido que, de acuerdo a los criterios del Ministerio, éste es un objetivo académico para NB1, lo que significa que debiera lograrse entre 1º y 2º básico. ¿Corresponde, por lo tanto, tomar esta prueba en junio, cuando todavía no se ha cumplido el tiempo dado para desarrollar dicho aprendizaje?

Ojalá que esta nueva evaluación no se transforme en un agente estresante para los profesores, ni que obligue a éstos, por presión, a hacer más rígidas sus metodologías en la enseñanza de la lectoescritura, ya que el motor más trascendente del aprendizaje es la motivación. Y para esto, la incorporación de metodologías lúdicas y creativas es vital. Por el contrario, si presentamos a los niños el mundo de los cuentos y de los sueños, como un ladrillo que deben digerir en un tiempo limitado, lo único que haremos es agravar el problema. Los niños aprenderán a decodificar letras, pero jamás amarán lo que leen.

¿Qué podemos hacer los padres?

Cerca del 70% de lo que saben los niños es debido a la influencia del hogar. Las madres y padres tenemos una cuota de responsabilidad compartida en lo que a comprensión lectora se refiere.

Pero, ¿cómo podemos desarrollar la pasión por la lectura? No basta con leer. Se podría decir que es casi un estilo de vida, donde la comunicación es trascendental, donde se construyen diálogos, donde los adultos leen delante de los niños, donde hay libros disponibles -al alcance de todos-, donde se reflexiona sobre lo que se hace, lo que se vive y lo que se lee, donde se construyen mundos, donde se fortalece la maravillosa capacidad que tienen los niños de preguntar y, sobre todo, donde se les ayuda a encontrar sus propias respuestas.

Y cuando estamos en la hora del cuento, calentitos y compartiendo ese rico espacio de la tarde, ese paréntesis en la vorágine cotidiana, van algunas consideraciones:

1. Antes de comenzar a leer, antes de abrir el cuento, podemos compartir con los niños, por ejemplo, ¿qué nos dice la tapa?, ¿de qué se tratará este libro?, ¿por qué sale una tortuga andando en bicicleta? Ya sólo con estos pequeños estímulos podemos motivar la lectura, desarrollando además el pensamiento inferencial, jugando a adivinar -con las señales de las ilustraciones- cómo puede desarrollarse la historia.

2. Cuando comienza la lectura, podemos ir preguntando sobre el cuento mismo y ver cómo se relaciona con las vivencias propias del niño. Acá se pueden rescatar eventos o conflictos que estén siendo significativos para ellos. Por otra parte, preguntar cómo se están sintiendo los personajes, qué le está pasando al protagonista en determinado momento o cómo lo podrían ayudar los demás, es una forma de transformar un cuento en un verdadero aprendizaje socio afectivo, donde enseñamos a nuestros hijos a empatizar, a reconocer emociones y verbalizarlas.

3. Algo que les encanta a los niños es adivinar en qué puede terminar el cuento y crear distintos finales. Esto ayuda a desarrollar el pensamiento deductivo y además los ayuda a visualizarse como posibles escritores, donde pueden desplegar toda su creatividad y sentirse actores activos de lo que leen. Lo transforman en algo propio.

4. También es importante tener en cuenta que la comprensión lectora no solo se logra exponiéndose a obras escritas, también a obras teatrales, musicales, etc. Como madres y padres, que los acompañamos en este viaje, no debiéramos nunca terminar un libro en la última página, ni una obra en el último acto. Conversar sobre el cuento que se leyó o la obra que se vio, activa procesos cognitivos más complejos que lo transforman en una experiencia nueva.

Por último, el desafío de promover la pasión por la lectura, creo que se nos viene cuesta arriba, porque los nuevos soportes de comunicación -los chats, los videojuegos, la televisión…- están siendo diseñados para que los usuarios vayan reduciendo la complejidad del sistema simbólico llamado lenguaje. En este sentido, de nosotros depende que los libros no desaparezcan. La complejidad del pensamiento, la capacidad de reflexión, la capacidad para pensar en realidades distintas depende de todo ello.

Los libros son una puerta de entrada que nos llevarán, por un largo camino, a una historia sin fin, pero que debemos ayudar a descubrir.

Por Mariana Assis Garibaldi

Psicóloga

Junio 27 de 2013

Publicado originalmente en MOMWO

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