La izquierda del neoliberalismo

“Superarán otros hombres este momento gris y amargo en que la traición pretende imponerse…“ Salvador Allende

Por Wari

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Columnas

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“Superarán otros hombres este momento gris y amargo en que la traición pretende imponerse…“ Salvador Allende. 11 de septiembre de 1973


“Una murga de mangantes” es como Luis Casado califica a una cofradía de operadores que encabezados por Camilo Escalona, su capo ya histórico, a contrapelo de los últimos acontecimientos políticos continúa -desvergonzadamente- maniobrando para evitar que lo que resta del otrora partido eje de las alianzas de la izquierda chilena, abandone a su coyunda democratacristiana y permanezca fiel a la oportunista opción que, hace treinta años patentaran bajo el apelativo de “nueva izquierda”.

El asertivo epígrafe de Casado al interesante y fundamentado texto escrito por César Cerda Albarracín, un profesor de Historia a la altura de lo que exige su asignatura y socialista sincero, aunque fiel a una organización ya irrelevante, alude a que cuando más concentración mental se necesita para razonar autocríticamente acerca de las motivaciones que tuvo el contundente rechazo ciudadano del 16 de mayo reciente a la ya ilegítima representación de los partidos guardianes del orden neoliberal, emerge al interior del Partido Socialista, como una irrupción bulliciosa e inoportuna de malos cantantes, este grupo de estafadores desvergonzados con su camaleonesco solista de siempre.

Que la testaruda opción de mantener unido al centro político, sobre la base de la alianza ‘socialista demócrata cristiana’, sirve más a la mantención del modelo subsidiario imperante, lo demuestra una reciente opinión pública del senador de Renovación Nacional, Francisco Chahuán, quien señala que allí donde no haya candidatos de Chile Vamos, postulando en segunda vuelta a gobernadores regionales, ellos votarán por los de la ex Concertación. El mensaje es claro, llaman a votar por aquellos que no ponen en peligro el modelo porque, como acertadamente escribe el profesor Cerda, son opositores del actual gobierno mas no del modelo neoliberal.

Así como Escalona y sus almeydistas compañeros de aventura: Solari, Pérez de Arce, Osvaldo Puccio, Clarisa Hardy entre otros, levantaban para la elección de directiva nacional y el congreso de 1992, una lista bautizada como Nueva izquierda, sin definir lo que contenía de nueva y qué es lo que dejaba atrás de la vieja izquierda pero, en apariencia, dispuesta a disputar la dirección partidaria a los “renovados”, en los hechos, vendían el opio que han atribuido a sus detractores postulando, a comienzos de los años noventa, un crecimiento con equidad que nunca ocurrió, el proyecto educativo del Banco Mundial que impuso como un Ministerio de Educación paralelo y con recursos el MECE (Mejoramiento de la Calidad y Equidad de la Educación), el Financiamiento Compartido que fortaleció a la cuestionada Educación Particular Subvencionada, hija del modelo subsidiario de la dictadura y, al comenzar el nuevo siglo, el CAE (Crédito con Aval del Estado) que bancarizó la deuda de los estudiantes universitarios.

Los compañeros de ruta de Camilo que a comienzos de los años noventa -al menos en el discurso partidario interno- aún se mostraban defensores del marxismo-leninismo, fueron pasando rápidamente de las subsecretarías de gobierno al campo más rentable de los Directorios de la Empresa privada, incluyendo a la más reciente, es decir al sector compuesto por las empresas estatales privatizadas a última hora por la dictadura y que en el programa de Aylwin, se prometió, serían objeto de una profunda revisión, reivindicación que cosechó votos y que luego explica, por incumplimiento, la frustración en un electorado que protagonizó una creciente desafección de la política.

Lo anterior, fácilmente observable para un chileno de izquierdas no afectado por la amnesia política generalizada, era la consumación de acuerdos cupulares de la derecha con los sectores del “socialismo renovado”, que dio como resultado la refundación de un partido de izquierda orgulloso de su trayectoria anti-imperialista, anticapitalista, popular y latinoamericanista, independiente de vaticanos ideológicos.

Así, se fraguó, debilitando de paso un debate ideológico que de líquido pasó a ser inexistente, el abandono de una rica trayectoria, esa que, como monumento consecuente, llevó al Presidente Allende a ofrendar su vida antes que traicionar la confianza del pueblo.

La metamorfosis de forma y fondo concretaba el sueño de Gabriel Valdés a mediados de los años 80, en cuanto a lograr la necesaria unidad opositora contra la dictadura, posible a partir de una transformación profunda del Partido Socialista. Sin esa renovación crítica de su pasado no sería posible negociar con la dictadura una mínima apertura política que favoreciera una transición pactada, y los apoyos externos de la Fundación Konrad Adenauer (la Democracia Cristiana alemana) y Friedrich Ebert (la Socialdemocracia alemana), puntales del anticomunismo durante la guerra fría y asesoras también de la desnaturalización del Partido Obrero Socialista Español PSOE al inicio de la transición española hacia la recuperación democrática desde los últimos días de vida de Franco, el caudillo fascista responsable del millón de muertos que mediante la guerra civil de 1936 a 1939, abortó la República Española.

Dos transiciones pauteadas, la española y la chilena, que dejan aparte de algunas modernizaciones y tratados comerciales internacionales, un reguero de corrupciones que le dan a las derechas fascistas la posibilidad de regresar -esta vez democráticamente- al gobierno, como resultado de la indiferencia o el voto de castigo.

Dos transiciones en que, asesorados por las mismas instituciones políticas internacionales, más el aval del Departamento de Estado Norteamericano, los socialistas abandonan sus históricos proyectos de transformación social, así como la recuperación de derechos conculcados, que conquistados por una movilización social de décadas habían transformado al viejo Estado Liberal oligárquico en un Estado de Bienestar garante de derechos.

Al cabo de treinta años, esa nueva izquierda que desde la lista Fuerza y Convicción Socialista los opositores al escalonismo denunciábamos como la izquierda de la socialdemocracia, devino en sus indesmentibles prácticas en algo peor: ser la izquierda del neoliberalismo, los administradores de la crisis heredada de la dictadura primero y luego los encargados de consolidar el modelo.

El conciliábulo de las cúpulas dirigentes de la renovación socialista y de la nueva izquierda, última expresión de un oportunismo representado históricamente por Clodomiro Almeyda, lleva al abandono de aquella autonomía política internacional que hizo del Partido Socialista uno de los movimientos políticos más interesantes de la América Latina contemporánea.

A propósito del juicio sobre Almeyda, recuérdese que en 1952, mientras Salvador Allende levantaba junto al Frente de la Patria su primera candidatura presidencial contra la del general Ibáñez, a quien había combatido en su juventud como dirigente universitario del grupo Avance, el sector del Partido Socialista encabezado por Clodomiro Almeyda, apoyaba la candidatura del viejo general, protagonista del disciplinamiento social represor.

Cumpliendo con los lineamientos impuestos por las fundaciones democristiana y socialdemócrata, el partido referente del movimiento no alineados en Chile, el partido que solidarizó con la lucha anticolonialista de los pueblos de Asia, África y América Latina, el partido cuyo líder acompañó para garantizar protección, como Presidente del Senado, a los sobrevivientes de la guerrilla boliviana del Che Guevara de regreso a Cuba, el partido de Allende, líder de figuración continental que a fines de la década de 1960 presidió la Organización Latinoamericana de Solidaridad OLAS, fue incorporado -a comienzos de la década de 1990- a la Internacional Socialdemócrata, la internacional que en su momento condenó la revolución bolchevique y que en complicidad con el militarismo alemán, ahogó en sangre la revolución socialista en Alemania; una revolución que habría cambiado el curso de la historia de Europa y del mundo, ahorrándonos de paso, la horrorosa experiencia del nazi fascismo y de la segunda guerra mundial.

Cerda se pregunta si Escalona “ha logrado entender la diferencia entre no ser comunista y ser anticomunista”. Al respecto opino que si alguna vez lo entendió, no lo expresaron ni él ni muchos oportunistas, mientras gozaron de la protección de los comunistas que, después del golpe militar, les brindaron asilo en los países de la Europa del Este.

En aquellos espacios, la solidaridad comunista les dio la posibilidad de estudiar gratis, de obtener nuevas profesiones y un trato preferente, además de apoyo para sus actividades políticas. Allí también, aprendieron de los sofisticados métodos antidemocráticos del stalinismo para, tras su regreso, aislar y anular el pensamiento crítico dentro del PS, como también para aislar a sus antiguos aliados históricos, dejando a los comunistas al margen de una alianza y sin representación política por quince años.

Aquí sobresale la misión de Eugenio Tironi y Enrique Correa entre otros, para, desde el gobierno de Aylwin, llevar adelante la estrategia de Edgardo Boeninger tendiente a silenciar también la prensa sobreviviente de la lucha anti-dictatorial, destinando todo el avisaje de las instituciones gubernamentales a los diarios de la derecha, ahogando económicamente a Fortín Mapocho, al diario La Época, las revistas APSI, Análisis, Hoy, La Bicicleta, Pluma y Pincel, Rocinante y la Radio Umbral, además de combatir mediante trabas jurídicas a gris las emisiones locales de las radios populares.

Escalona, el mismo que señaló en diciembre de 2012, que quienes volvíamos a levantar, como en dictadura, la demanda de redactar una Constitución Política que dejara atrás enclaves autoritarios como el Tribunal Constitucional, los quórum supernumerarios o el Estado Subsidiario, opinó despectivamente acerca de esta demanda, descalificándonos al decir que fumábamos opio.

Es el mismo desafortunado crítico que siendo Presidente del Senado, en entrevista televisiva del canal corporativo, señaló respecto de la movilización pingüina del 2006 que siendo interesante y justa en sus demandas, desgraciadamente se había politizado. Como si las grandes demandas pudieran quedar exentas del necesario debate político como vía de solución.

Lo que resulta casi paradójico es, en este caso, que quien así opinó, regresó del exilio con la imagen de cientista político, de modo que, quien desee estar a la altura de esa reputación, debe saber que los conflictos sólo tienen como solución una salida política… a lo que, como vergonzoso dato biográfico de nuestro personaje, cabe agregar que el que así opinó tuvo su primera experiencia dirigencial en el espacio estudiantil de los secundarios, agrupados en la Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago FESES en 1972.

Frente a su nueva arremetida anticomunista, Escalona obtiene debido apoyo desde El Mercurio, que para el mismo propósito da tribuna a José Miguel Insulza quien, como Ministro, hizo las gestiones a nombre del gobierno de Frei Ruiz Tagle (otro cómplice pasivo de la dictadura al igual que el autor del concepto), para traer de vuelta a Pinochet desde Inglaterra, bajo la promesa de que sería juzgado en Chile.

Es un deber ciudadano recordarles a Escalona y al ex Ministro de Colonias (la OEA) que los comunistas chilenos, hoy libres de tutelajes internacionales, fueron en su momento, la organización partidaria más leal al Presidente Allende y hasta hoy permanecen fieles a su legado, mientras los socialistas descafeinados se convirtieron en comparsa de la administración neoliberal de la crisis.

Carlos Altamirano y Jorge Arrate, los más destacados representantes de la renovación socialista desde los años ochenta, al menos expusieron por escrito los fundamentos de su crítica a los autoritarios regímenes del socialismo real, tras la experiencia de conocerlos de una manera más profunda que la de participar de visitas o encuentros protocolares.

Esta visión crítica, siendo un componente esencial de la renovación socialista, no constituyó sin embargo una percepción muy diferente de la que el grueso de la militancia tenía de esos regímenes que denotaban huellas del pasado staliniano, habida cuenta que desde la fundación del Partido Socialista confluyeron en él, además de variadas agrupaciones marxistas y ex militares vinculados a la figura de Marmaduke Grove, el Grupo Avance, la Nueva Acción Pública, sectores de la masonería vinculados a esta organización política liderada por Eugenio Matte, y también de núcleos provenientes de la disidencia comunista, participantes de una temprana crítica a la desviación burocrática de la Rusia soviética, no necesariamente trotskistas.

Así, el Partido Socialista, dada su originaria autonomía de cualquier “vaticano ideológico”, pudo simpatizar con el modelo de socialismo comunitario practicado en la Yugoeslavia del Mariscal Tito, y al mismo tiempo condenar la intervención militar de la Unión Soviética que abortó la experiencia autonomista del socialismo húngaro en 1956, como también condenó la invasión de tanques del Pacto de Varsovia a Checoeslovaquia, destinado a detener el democratizador proceso conocido como la “Primavera de Praga” en 1968, experimento que de haber proseguido su curso, habría contribuido con su ejemplo replicado, a corregir errores burocráticos y conductas intolerantes, dándole credibilidad a un “socialismo con rostro humano” como sinónimo palpable de democracia popular.

Incluso en fechas más recientes y a pesar de la fragmentación producida por el exilio, fue mayoritaria la condena de los socialistas a la intervención militar de la Unión Soviética a Afganistán en diciembre de 1979, aun cuando ésta pretendiera ser justificada por Brézhnev con el inaceptable argumento de que se realizaba para impedir que en ese país asiático ocurriera lo que en Chile.

Esta consecuente conducta histórica en defensa del camino propio y los principios democráticos como componente esencial del socialismo no alejó al partido de Allende de su carácter anticapitalista y anti imperialista, a la par de abierto a la democrática convivencia de tendencias en su interior.

Por ello es que la impostura farisea de los falsos marxistas leninistas, sus decisiones cupulares sin consulta a la militancia, fue alejando a militantes históricos que no encontraban cabida a sus expresiones en un partido que, desde su control por la “Nueva izquierda”, expulsó a destacados dirigentes, abandonó los frentes de masas, desechó la educación política y estigmatizó a la disidencia que cuestionaba una transición irrelevante, que nos convertía en el vagón de cola de un proceso conducido por la Democracia Cristiana y ajeno a los anhelos de recuperación de todo aquello que desmantelara la dictadura, divorciado de su rica y heroica trayectoria en la promoción de los intereses populares, despojado de su acervo ideológico y programático.

Así como las leyes pierden vigencia, las instituciones pierden legitimidad cuando dejan de estar en sintonía con las transformaciones socioculturales que el constante devenir social les va imponiendo como desafío y les exige resolver. El Partido Socialista, conducido por una camarilla de oportunistas, se ha convertido en un objeto tan irrelevante como el Partido por la Democracia PPD, otro engendro de las refundaciones destinadas a debilitar la demandas sociales, dividiendo a la izquierda para facilitar la programación de la transición por el derrotero que trazaron en 1989 las negociaciones protagonizadas por las caras visibles de la Alianza Democrática (Boeninger, Lagos, Aylwin) y los representantes de la dictadura (Jarpa, Allamand, Larroulet).

A un siglo de la crisis política mundial del Régimen Liberal, hoy debemos contribuir unitariamente a reencauzar nuevamente el curso de la Historia, en medio de una crisis tan evidente como aquella, la crisis del modelo neoliberal.

Dejemos atrás los cantos de sirena que lejos de alertarnos, parecen pedirnos una credibilidad o un salvataje inmerecidos, a objeto de alejarnos de nuestros objetivos. Ellos no son el partido de Allende, ellos son los que con su contumaz traición, ofenden la memoria inalterable y leal del Presidente Allende y de los mártires del socialismo en el seno del pueblo.

Por José Miguel Neira Cisternas

Santiago de Chile, junio de 2021.

Publicado originalmente en Politika.


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