“La juventud fulminada: Una tragedia socio cultural moderna de connotaciones masivas”

Hemos ido envenenando paulatinamente todo lo que nos vivifica interiormente, que sólo ha bastado el paso del tiempo para ver como todo se hace pedazos a nuestro alrededor. Y no quedarán más que ruinas y esa será nuestra cultura. Y no es broma. Lo único bueno de todo esto, es que nos ayuda a comprender la negra y monstruosa poesía que el hombre joven vomita para no volverse asesino.

El pequeño brote que crece sí o sí en nuestro interior – aunque uno no lo quiera, porque es parte de nuestros datos, nos pertenece, está allí, inserto entre nuestros códigos, en el genoma humano, es una pieza fundamental, la piedra angular, nuestro leit motiv, se alimenta a través de las raíces de nuestro flujo sanguíneo, del que extrae todo tipo de sustancias autónomas y vitales para crecer poderoso y exaltar así su propia belleza y originalidad. De esta manera fortalecer el mundo que vive en nuestro interior, y de esa misma manera proyectarse al exterior. Pero no como un ser muerto, ni intrínsecamente enfermo y neurótico, como el perro que se persigue rabiosamente su propio rabo. Pero como nuestro flujo sanguíneo simplemente no contiene estas vitaminas y proteínas estamos a la merced de infectarnos y procrear unos acontecimientos futuros abominables. Seremos el ejemplo macabro del experimento social ¡Y qué experimento! Ya ni siquiera se le puede concebir y evaluar como un experimento, sino que por sus características predeterminadas raya y se acerca demasiado al fascismo. Estaríamos entonces presenciando un genocidio socio-cultural de toda una generación que en estos momentos ¡atención! se mece ya frágil en la incertidumbre.

Nuestra gran ciudad tan ocupada en irrumpir en el progreso se olvida y hace la vista gorda a la enfermedad que se genera. ¡Esa es la triste verdad! ¡Y déjense de joder! ¡Basta de tanta bazofia! ¡Hasta cuándo de tanta palabrería! ¡Ustedes se mienten demasiado, canallas! ¡Veinte bombas nucleares más no los harían cambiar de opinión! ¡Para ustedes siempre somos nosotros los que apretamos el botón! ¡Qué manera de hablar! ¡Siempre se salvan! ¡La sonrisa y la foto! ¡Mil ejemplos y aún así no tendrán la razón!

La base se carcome señores. Se escucha el crujir de los cimientos. El edificio tambalea. La superestructura se sacude. Los huesos se astillan. El sistema colapsa. El puente que une se debilita. Los palafitos se hunden. La conciencia se obscurece. Los músculos se desmayan… ¡Todo en algún momento se vendrá abajo!… Toda la manga de pilares y columnas que deberían sostener el porvenir ¡Ay canallas! apenas si soportan su propias miserias. ¡Está que se desploma!… ¡y no es broma!… ¡No estoy bromeando!… ¿De qué se ríen canallas? ¿Dónde está el chiste marranos?… ¡¡Lo que es legal es legal!!… ¡¡Dense cuenta canallas!!

Nuestra juventud se enferma. No encuentra la salida. Tiene las manos atadas y la mirada blindada. ¡Atinen por el amor de Dios! ¡Son sus propios Hijos malditos! ¡Una tragedia socio cultural moderna de connotaciones masivas!

Uno aprende a vivir así ¡Maldito y Asesino!

Por Nikanor Molinares (DEMENTIA)

Toda la Crónica “La Juventud Fulminada” en ww.dementioteka.com

REFLEXIÓN URBANA

Grado Cero

El Ciudadano Nº144, julio 2013

4,202,872FansMe gusta
128,532SeguidoresSeguir
289,448SeguidoresSeguir
16,407SuscriptoresSuscribirte

Más Leídos

Edición Impresa El Ciudadano