lunes, agosto 10, 2020

La nueva ficción de Guaidó

Por Alejandro Navarro, Senador, integrante de la Comisión de Derechos Humanos del Senado de la República de Chile.-

El foro virtual sobre el rol de las Fuerzas Armadas en una transición democrática, convocado por Juan Guaidó, autodenominado presidente encargado de Venezuela, contó con la presencia del excomandante en Jefe del Ejército de Chile, Óscar Izurieta, y los exministros y exsenadores chilenos José Antonio Viera-Gallo y Sergio Bitar. Enrique Correa era uno de los invitados iniciales, pero desistió en su participación.

Es lamentable que la situación de la transición en Chile se compare con la Venezuela de hoy. Quienes vivimos en Chile la dictadura de Pinochet, tenemos claro lo que significa la persecución política, la violación permanente de DD.HH, la proscripción de los partidos políticos, el cierre indefinido del Congreso Nacional, la anulación del pensamiento crítico, el exilio por razones políticas, los miles de desaparecidos, torturados y asesinados, incluso fuera de nuestras fronteras, como el caso del asesinato de Orlando Letelier en Washington, del General Prats en Buenos Aires, y el intento de asesinato al ideólogo Bernardo Leighton en Roma. Todo esto, con la abierta participación de la CIA.

Más allá del conflicto que exista entre los poderes del Estado en Venezuela -conflicto que también vive Chile hoy en día-, no es aceptable comparar esta situación con la dictadura civil-militar que vivimos en Chile entre 1973 y 1990. Es una falta de respeto.

Es contradictorio que un militante socialista como José Antonio Viera-Gallo, exiliado durante la dictadura de Pinochet, se preste para participar en un encuentro de esta naturaleza, cuando Juan Guaidó ha conspirado sistemáticamente para llevar adelante un golpe de Estado en Venezuela, y cuyas actuaciones, de la mano de los Estados Unidos, han fortalecido un bloqueo económico criminal, buscando además una intervención militar.

Hace pocas semanas, el ex asesor en temas de seguridad de Donald Trump, John Bolton, publicó sus memorias, en las que relata cómo fueron partícipes de la estrategia para posicionar a Guaidó, y además, Bolton revela que Trump solía decir que Venezuela ya era “parte de su territorio”, y que invadir Venezuela le parecería “genial”.

Uno de los convocantes es Julio Borges, dirigente político de la oposición venezolana, quién fue uno de los civiles que apoyó el golpe de Estado contra el Presidente Hugo Chávez el 11 de abril de 2002. Obviando el hecho de que la situación de Chile con Pinochet no tiene punto de comparación con la de Venezuela hoy, hay otra pregunta que queda abierta: ¿Puede Chile dar cátedra con respecto a una transición democrática?

La transición chilena se ha proyectado temporalmente mucho más tiempo del que debía durar. La transición no terminó con la reapertura del Congreso Nacional en 1990, no terminó con el primer presidente civil, no terminó con el primer presidente socialista después de Allende, ni con la primera presidenta que sufrió en carne propia la ferocidad de la tortura. La transición chilena solo terminará con una nueva Constitución, redactada por el pueblo de Chile.

La transición pactada chilena, en los hechos, significó transar principios democráticos fundamentales; desde la renuncia a modificar el modelo económico de la dictadura, manteniendo y legitimando la Constitución de Pinochet, hasta el haber mantenido al dictador como comandante en jefe del Ejército hasta 1998, el haber tenido senadores designados hasta 2005, el haber renunciado al juicio a Pinochet, el haber mantenido el sistema electoral de la dictadura hasta 2017, el sistema binominal, único en el mundo, en donde 33% era igual a 66%, y que permitió que con un 33% la derecha pinochetista controlara el Congreso, que los torturadores vivan en una cárcel especial, y que Pinochet haya muerto en un hospital, luego de que se desechara -por supuestos motivos médicos, y la intervención del gobierno de Chile- su proceso judicial en Londres, por orden del juez Garzón y la justicia internacional.

Organizaciones de familiares de detenidos desaparecidos, ejecutados políticos, y organizaciones de derechos humanos, han denunciado durante décadas la impunidad que han sufrido. Hemos buscado justicia para las víctimas de las violaciones a los derechos humanos, y el derecho internacional es claro en decir que estos delitos son imprescriptibles; por lo mismo, hasta el día de hoy en Chile existen condenas a torturadores. Y por lo mismo, resulta inaceptable que el ex comandante en jefe del Ejército de Chile, Óscar Izurieta, recomiende “no alargar el tema de los Derechos Humanos”, y que le parezca “excesiva” la cantidad de causas que existen en Chile para perseguir crímenes de lesa humanidad.

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El solo acto de comparar la transición chilena y la situación venezolana no es casual ni inocente. Se pretende poner al Presidente Nicolás Maduro al mismo nivel que Pinochet. Esto es grave, ya que poner a la misma altura a un presidente electo democráticamente con un dictador, además de desvirtuar la realidad histórica, permite que la comunidad internacional le de al Presidente de Venezuela el mismo tratamiento que a un dictador. A eso contribuyen Viera-Gallo y Bitar, al golpismo dentro de Venezuela, y al bloqueo comercial fuera de ella.

El ex comandante en jefe del ejército, y ex subsecretario de defensa de Sebastián Piñera, Óscar Izurieta, busca volver a escribir la historia de Chile. Es una afrenta a la inteligencia que plantee en el foro que «las Fuerzas Armadas de Chile no se ideologizaron, estaban apoyando al gobierno porque sus mandos estaban en el gobierno, pero no estaban ideologizadas.

Chile sabe que el Ejército no ha sido neutral. La doctrina de la seguridad nacional fue la ideología del golpe de Estado al gobierno democrático de Salvador Allende, y ella no tuvo nada de neutral. En la Escuela de las Américas, de la que Izurieta fue alumno, se enseñó a torturar.

La dictadura en Chile tuvo una clara ideología en lo militar y en lo económico. En lo militar fue su doctrina prusiana, y en lo económico, el neo-liberalismo de los Chicago Boys, con el libro “El Ladrillo”, escrito, entre otros, por José Piñera Echenique, fundador del sistema de pensiones, creador del plan laboral, y hermano del actual Presidente. En el caso chileno, no se puede disociar el aparato represivo del ideológico. Para que Chile pudiera ser el laboratorio del neo-liberalismo, fue necesaria la represión de la dictadura.

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No es neutral que un excomandante en jefe del Ejército de Chile llame “presidente” a un señor que se autoproclama como tal, tampoco es neutral cuando Izurieta plantea: «¿Quién iba a pensar que luego de 15 años del régimen de Evo Morales la FAN iba a decidir revocarlo? A veces, las cosas ocurren cuando menos esperamos”, en una clara apología al golpe de Estado en Bolivia, cuando con ligereza plantea que las Fuerzas Armadas “decidieron revocarlo”, y la sedición implícita de su frase “a veces las cosas ocurren cuando menos esperamos, abriendo la puerta a una intervención militar.

La actitud de Bitar y Viera-Gallo avergüenza a Chile, y a la generación que luchó desde esta tierra para recuperar la democracia. Me cuesta creer que se hagan parte de este diálogo de sedición, sin notar que hay detrás un intento de golpe de Estado en Venezuela, y que son los mismos intereses que conjuraron para dar el golpe de Estado en Chile.

Para cerrar, es necesario relevar que no existen recetas de transición, cada pueblo construye la propia, como decía José Carlos Mariátegui, el pensador peruano, “ni calco ni copia, sino creación heroica”. La transición chilena fue resultado de la movilización popular, y quienes pertenecemos a esa generación que se quedó a luchar en Chile contra la dictadura, lo tenemos claro. Para nuestra transición a la democracia fue clave tener unidad opositora, movilización popular, y liderazgos destacados.

Es el pueblo venezolano el que debe liderar su proceso político, y evaluar sus formas. Dirigentes como Borges -que me acusó de estar detrás del estallido social en Chile- han buscado diversas maneras de lograr su transición personal al poder, fracasaron con la vía del golpe de Estado, la vía electoral, el boicot internacional, e incluso la vía de la intervención militar.

Tal vez el problema de la oposición venezolana es que no comprende que las transiciones empiezan desde abajo, y con apoyo del pueblo, y ellos, a falta de unidad, pueblo y liderazgo, tiene que buscar modelos en procesos foráneos, y apoyo en líderes políticos que han modificado sus principios.

La presidencia de Guaidó es una ficción, y todo indica que su repentino interés por la idea de “transición”, responde a que es la última oportunidad que le brinda Trump, luego de constatar que fracasó en su intento de sedición, y de generar las condiciones para una invasión.

Evidentemente, el objetivo de este foro no era saber sobre nuestro proceso de transición, sino que es parte del plan de Trump contra Venezuela. Es difícil comprender que hombres con la experiencia de Viera-Gallo y Bitar, no logren ver que esta idea de “transición”es la continuación del mismo plan que ayer buscó la sedición y la intervención en Venezuela.

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