La urgencia de utilizar el método prospectivo en Chile

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Las lluvias producto del invierno altiplánico, los incendios en el sur, las escaladas y desescaladas en el conflicto mapuche y la mayoría de las protestas sociales del último tiempo no constituyen una novedad en la realidad de nuestro país. Al contrario, eran fenómenos absolutamente previsibles y que con una buena planificación se hubiese disminuido enormemente sus costos no sólo económicos sino, lo más importante, en vidas humanas.

Adivinar el porvenir siempre ha sido una ambición humana. Desde los más remotos tiempos de la historia en las culturas primitivas existía la misión y tarea del profeta, etimológicamente, el que habla antes. El profeta era quien se encargaba de augurar las desgracias y las felicidades que podrían suceder. En la actualidad, la sociedad postmoderna se caracteriza por la velocidad con la cual cambia, y esto es, de hecho, lo único permanente. A los seres humanos el cambio siempre inquieta, porque tiene la propensión a socavar nuestras necesidades naturales de seguridad y de control de nuestra vida.

Predecir el futuro o construirlo, de acuerdo a unas perspectivas, no es una tarea sencilla. Métodos como los pronósticos cualitativos y cuantitativos, estudios prospectivos, la simulación, modelos causales, la futurología, entre otros, proporcionan los indicios de lo que podría deparar el día de mañana con el objetivo de reducir la incertidumbre. Poder prever el futuro se convierte en un aspecto clave para establecer planes estratégicos, anticipándose a posibles obstáculos o para aprovechar las oportunidades venideras. Pero veamos su génesis primero.

En el mundo, la futurología se relaciona con el estudio sobre el futuro, el futurismo, la previsión estratégica, el pensamiento sobre el futuro, la prospectiva y los futuribles. Sus inicios se remontan al año 1945, gracias al profesor alemán Ossip Flechtheim (1945), quien escribió un artículo titulado Enseñando el futuro (“Teaching the future”), donde la define como una ciencia reciente encargada de llevar a cabo investigaciones serias sobre el futuro. Años después, la futurología comienza a ser reconocida en el ámbito académico gracias a la publicación del libro Historia y futurología (“History and futurology”) escrito por el mismo Flechtheim (1966), donde la describía como una rama de la sociología. A partir de ese momento, se inicia la edad de oro de la futurología.

En los años 50 se origina en Francia la Prospectiva, acuñada por Gastón Berger y popularizada en el mundo entero por Michel Godet. La prospectiva visiona un futuro deseado y establece los medios requeridos para llegar a él. En la misma época –más precisamente durante la Segunda Guerra Mundial y de forma casi simultánea, nace un método asociado y muy utilizado para la previsión del futuro llamado Planeación por escenarios (o análisis de escenarios), el cual se consolida en 1950 como un modelo de planeación organizacional. Este método es introducido por Herman Kahn quien, en ese momento, trabajaba para el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. En 1961, Kahn funda el Hudson Institute con el propósito de enseñar acerca del futuro de una manera no convencional, bajo su propio esquema de pensamiento y años más tarde, en 1967, junto con Anthony Wiener, publica El año 2000 (“The year 2000” de 1967), libro donde establece una serie de escenarios mundiales para un periodo de proyección de 33 años.

En los últimos años, en los países “desarrollados”, la prospectiva y las políticas públicas están imbricadas, condición indispensable para mejorar la calidad de la gobernanza. Sin embargo, en América Latina los estudios prospectivos se trabajan sobre todo en el mundo de la empresa, para aumentar el coeficiente competitivo de las mismas. Sólo existen ejemplos de su aplicación en lo relativo al desarrollo territorial. Pero nuestro continente enfrenta importantes desafíos sociales y económicos en los que la prospectiva puede convertirse en una herramienta estratégica.

Desde hace más de diez años se han dado movilizaciones y demandas de nuevo tipo en América Latina las que muchas veces han dejado inmovilizados y sin capacidad de reacción a los gobiernos de la región. Los ciudadanos más empoderados exigen que su voz sea escuchada de manera efectiva para garantizar una reforma institucional clara y confiable, un respeto universal a las constituciones y el imperio de la ley y unos procesos electorales equitativos y justos en todas partes. Este es justamente uno de los principales desafíos asumidos por el PNUD en América Latina y el Caribe.

Este desafío se enmarca en la Agenda 2030, que estable los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y específicamente en el ODS 16, que busca “promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles” (PNUD, 2017. La agenda 2030 y la construcción de sociedades pacíficas. La narrativa de Cartagena. PNUD/AECID).

No olvidemos que la única región libre de conflictos armados, es también la más violenta del mundo, más de 100.000 homicidios anuales y elevadísimas cifras de violencia de género así lo demuestran. En este marco, el PNUD ha venido trabajando en el fortalecimiento de la gobernabilidad democrática en los países de América Latina y Caribe, entre otras cosas, a través del desarrollo de capacidades de análisis prospectivo estratégico que promuevan un debate informado sobre los desafíos de las agendas públicas nacionales. Para variar nuestro país es uno de los más atrasados en estas materias. La solución, “poner urgencia” para utilizar el método prospectivo en Chile.

Por Sergio Salinas Cañas

Publicado originalmente en Página 19 el 1 de abril de 2019.