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Los “milagros económicos” de Chile y la pobreza de Bolivia

Como todos saben, Bolivia es el país más pobre de América del Sur y uno de los más pobres del mundo.

Lo que no se conoce mucho, sin embargo, es que Chile constituye la causa histórica principal que generó y que continúa generando esta pobreza. La mediterraneidad de Bolivia por la invasión chilena a su territorio y el saqueo y despojo de sus principales recursos naturales de la época, constituyen la base histórica y estructural de la riqueza chilena actual y de la pobreza boliviana.

Respecto al enclaustramiento boliviano, las autoridades chilenas se jactan ante la opinión internacional como el país “respetuoso del derecho internacional” y de los “tratados internacionales”. En realidad Chile no respetó en este asunto ni el derecho internacional ni los tratados ni la soberanía de los países limítrofes. El asalto y la invasión chilena al territorio boliviano el 14 de febrero de 1879, sin declaración previa de guerra, fue justamente un acto flagrante de violación al derecho internacional y una violación a la integridad territorial de un país pacífico. La declaratoria de guerra fue recién el 5 de abril de 1879, cuando Bolivia ya estaba vencida.

Ya desde esos tiempos, Chile e Inglaterra manifestaba sus tendencias expansionistas y colonialistas en relación con Bolivia y sus riquezas naturales. Ese 14 de febrero de 1879 Chile invadió el puerto boliviano de Antofagasta como rechazo a la decisión soberana de Bolivia de elevar ligeramente el impuesto a las empresas chilenas e inglesas que explotaban el guano y el salitre en su territorio. Chile, sin respetar la decisión soberana de Bolivia y el derecho interna- cional, invadió al departamento del Litoral, mató y fusiló a sus pobladores y ocupó su territorio. Hay datos que indican que el imperio británico apoyaba físicamente a las tropas y a la armada chilena (Council on Hemispheric Affairs, 29 abril de 2012).

En las últimas décadas del siglo XIX la demanda internacional del guano y del salitre creció súbitamente debido al fuerte proceso de desarrollo de la industria europea. Los ingresos extraordinarios que esa demanda generó causaron el “primer milagro” de la economía chilena. Con esos ingresos Chile efectuó en su territorio como nunca antes importantes inversiones en infraestructura física, económica y social. En dos décadas construyó sus primeras largas carreteras y sus vías férreas y ferrocarriles, modernizó y amplió sus puertos, se construyeron cientos de escuelas y hospitales y se efectuaron importantes inversiones industriales, bancarias y comerciales. Gracias a esos ingresos la economía chilena dio un salto gigantesco hacia la modernización mientras la economía boliviana, encerrada, se hundía estructuralmente en la pobreza y el atraso.

A principios del siglo siguiente, ante el potenciamiento económico cada vez mayor de Chile, las autoridades bolivianas tuvieron que firmar el Tratado de 1904 que los obligaba a abandonar a los invasores los inmensos territorios de su Litoral, los yacimientos mineralógicos y los puertos marítimos. A cambio, las autoridades chilenas se comprometieron a instalar una vía férrea y un ferrocarril entre el puerto de Arica y la ciudad de La Paz y a respetar el “libre tránsito” de carga hacia Bolivia. Las autoridades bolivianas tuvieron que firmar ese “Tratado infame” prácticamente con la pistola en la sien, y con la amenaza chilena de continuar la invasión a su territorio. Obviamente Chile nunca respetó el compromiso del “libre tránsito”, ya que los chantajes, bloqueos y malos tratos fueron permanentes hasta el día de hoy. El ferrocarril Arica-La Paz, con una estrecha vía férrea, no existe desde hace años.

Posteriormente sobrevino el “segundo milagro” de la economía chilena, con el descubrimiento de los grandes yacimientos de cobre en los territorios bolivianos despojados. A partir de los años veinte y treinta del siglo pasado, aumentó, en efecto, la demanda de cobre por la economía estadounidense y europea, por lo que los ingresos de Chile crecieron nuevamente de manera extraordinaria. Los ingresos acrecentados permitieron a Chile un nuevo impulso en todos los sectores. Este impulso fue luego mayor con la Segunda Guerra Mundial y la reconstrucción del mundo capitalista durante los siguientes veinte años de la postguerra. Esto permitió una nueva modernización de su infraestructura y un acelerado desarrollo de su economía.

En los años setenta comenzó el “tercer milagro económico chileno”, después de la llamada “nacionalización del cobre” realizada por Salvador Allende. Los efectos de la nacionalización se verán sobre todo a partir de los ochenta. Mientras América Latina experimentaba la crisis de la “deuda externa”, Chile registraba una situación holgada de ingresos y de inversiones (atribuida erróneamente a las políticas neoliberales de Pinochet). Esta situación estaba causada obviamente gracias a las exportaciones de cobre. Este milagro se ampliará aún más con los fuertes ingresos generados por el transporte de mercancías de Bolivia a través de los puertos del norte de Chile. Esta región vive en efecto casi íntegramente de este comercio y genera fuerte ingreso para la economía chilena.

Desde ese tiempo, Chile continúa viviendo el “milagro” de la bonanza económica. El presupuesto nacional continúa dependiendo en más del 60% del cobre. Todos los sectores productivos, económicos y sociales están subsidiados por el cobre. El 15% de los ingresos anuales del cobre va a la industria militar. Debido a este aporte el ejército chileno es actualmente uno de los más armados y agresivos del mundo. Con toda razón los países vecinos dicen que Chile juega en la región el papel amenazador de un “Israel”.

La estrategia diplomática que Chile aplica desde siempre con Bolivia es la del “diálogo sin solución”, mediante las “negociaciones bilaterales a solas, sin la prensa”. El diálogo bilateral conviene a Chile porque de ese modo puede embolsar y amordazar a Bolivia e imponerle sus exigencias inmorales sin que el mundo se entere.

Los pueblos latinoamericanos tienen que despertar de su letargo sobre esta injusticia.

Los intelectuales chilenos, de gran tradición humanista, no pueden continuar con los ojos cerrados. El pueblo chileno, por el contrario, ya abrió los ojos.

Por Bernardo Corro Barrientos

Economista boliviano

El Ciudadano Nº142, mayo 2013

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