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Menos indicadores, más colaboración

A propósito de la nueva metodología anunciada para clasificar a los colegios por calidad, que será puesta en marcha por la Agencia de Calidad de Educación este año, cabe hacerse la pregunta, ¿es la calidad el problema de fondo de la educación chilena? ¿o hay algo más?

Es evidente que hay colegios que entregan de mejor manera conocimientos a sus alumnos, ya sea porque tienen mejores profesores o una mejor infraestructura, y ello queda demostrado en los resultados en las pruebas estandarizadas como el Simce o la PSU. Pero, ¿es esto suficiente para determinar que un colegio es “bueno”?

Creo que detrás de esto hay un problema mucho más profundo y que tiene que ver con la segregación social que se da en todo nivel educativo, pero sobre todo a nivel escolar. Sí. Querámoslo o no, y más allá de las diferencias en la calidad de la educación que imparten, existen colegios para la clase alta de este país y otros para los más desposeídos. Pequeñas islas que albergan alumnos del mismo origen social y cultural. Y entonces estudiamos rodeados de gente similar a nosotros por lo que poco podemos nutrirnos de los demás, y poco podemos aportar a éstos. Por tanto, más que colaboración, se promueve la competencia. Lejos de conformar una comunidad, lo que se da es una suma de individualidades sin interacción. La escuela más que un lugar de encuentro, con múltiples interrelaciones entre todos sus componentes, se transforma en un surtidor de conocimientos vía una relación lineal entre el alumno y el profesor. Por ello no es raro constatar que las clases sean un monólogo del docente, sin espacio para la discusión entre pares.

En Cátedras Libres creemos que en comunidad podemos multiplicar nuestros talentos. Por ello promovemos la colaboración y la generación de redes de contacto, entre personas de cualquier edad, género y nivel cultural y económico. Estamos convencidos de que en este mundo globalizado e “hiperconectado” tecnológicamente, la clave para el desarrollo de cada persona está en un aprendizaje colaborativo, más que competitivo; en darnos cuenta que aprender con otro es mucho más productivo que hacerlo solo; que ningún invento tecnológico puede desplazar a la interacción humana. Porque al fin y al cabo (y esto lo sabemos hace algunos siglos atrás) somos seres “sociales”. El colegio debe ser el primer espacio de integración social (tomando en cuenta que la educación pre básica no es obligatoria). Si se falla en esta etapa, difícilmente se dará en la universidad o el trabajo.

Por Carlos Mancilla Cofré

Ingeniero Civil Eléctrico de la Universidad de Chile, y cofundador del proyecto Cátedras Libres

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