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“Modernización” laboral con olor a precarización

El equipo del Pulso Sindical quiere desear un buen año 2019 a todos y todas,  manteniendo firme la convicción de que en algún momento del proceso de venta de fuerza de trabajo, los abusados se darán cuenta del daño que les hace no conocer sobre sus derechos y se pondrán a la tarea de educarse, para luego construir el instrumento que les dignifique y les guíe en la lucha por su dignificación.

Desde siempre ha habido explotación y para salir de ella los trabajadores han pagado costos. Que nada nos arredre en la búsqueda del cambio y la justicia social.

Sepan todos y cada uno de quienes nos leen y difunden, que pueden y deben contar con la CGT y la Central Clasista de Trabajadores  y Trabajadoras para avanzar en este empeño.

*****

El sábado 5 de enero de 2019 quedará marcado como el momento aquel en que patrones y renegados del sindicalismo -ansiosos de exposición mediática- presentaron las conclusiones del proceso al que fueron convocados meses antes por Sebastian Piñera y que tenía como objetivos definidos, según el gobierno,  “analizar los desafíos en materia de modernización del mercado laboral y nuevas formas de empleo y realizar propuestas  en esa línea” (El Mercurio, pagina B 4 del 5-1-2019).

¿Con qué moral se permiten hablar de modernización del mercado laboral, mientras millones de asalariados son tratados casi como esclavos?

Es claro que representantes patronales y sindicales miran para el lado, sin reconocer a estos millares de trabajadores a quienes el Estado no entrega siquiera la posibilidad de un control rápido y expedito a las violaciones de sus derechos, que regularmente están siendo denunciadas.

Ni una sola línea en la larga perorata a la que nos tienen acostumbrados esta comisiones gubernamentales -y que desconocen el mundo real-  para proponer o al menos sugerir correcciones a las leyes laborales que son una mugre desde mucho antes de 1990.

No hay la más mínima autocrítica al mal trato evidente al que se somete a los migrantes y a los mal llamados “a honorarios”. Unos y otros vendedores de fuerza de trabajo, a quienes por la vía de subterfugios varios, se les quiere privar incluso de ser reconocidos como trabajadores para así negarles las miserables garantías que provee la mala legislación vigente.

Miles son los extranjeros que están desarrollando labores en oficios diversos, en distintas regiones del país, mientras sobreviven hacinados privados incluso de agua y luz.

En muchos casos trabajan jornadas de 12 y más horas diarias, con sueldos inferiores al mínimo legal, desprotegidos en salud y previsión e incluso sin un descanso adecuado.

Esta es la modernización laboral que promueve la patronal y que no se atreve a denunciar el sindicalismo obsecuente.

Son miles los compatriotas que cumplen labores en distintas reparticiones municipales y estatales por años, algo que también se vive en la empresa privada.

Disfrutan del beneficio de vacaciones, a muchos se les paga la previsión mensual y tienen claramente definida la relación de dependencia. Y, sin embargo, son echados a la calle sin ninguna indemnización y /o compensación por los años servidos.

¿Por qué? Porque trabajan a honorarios. Una palabra, un término acuñado por la modernidad, cuya definición no aparece en parte alguna en el Código del Trabajo.

Otra muestra más de lo que entiende el capital por modernización laboral.

El artículo 3 letra b) del Código Laboral dice que: “Trabajador es toda persona natural que preste servicios personales, intelectuales o materiales, bajo dependencia o subordinación  y en virtud de un contrato de trabajo”.

Según lo entendemos, y así también lo han expresado muchos abogados, el trabajo a honorarios es algo esporádico, de corta duración, por el que regularmente se da boleta de servicios. Implica una relación  de “prestación de servicios”  que no tiene el signo de la dependencia. Y sin embargo, a muchos se les despide luego de años de trabajar en un lugar y deben hacer todo un proceso para probar su condición de trabajadores y ser indemnizados. ¿El elemento común para muchos de estos casos?

No existe contrato de trabajo, por lo tanto no son trabajadores y no les asiste ningún  derecho.  ¿No será demasiado la modernidad que nos proponen?

Ambos casos, trabajo de migrantes y honorarios -y sin desconocer a un gran porcentaje de trabajadores que presta servicios en micro y pequeñas empresas y que carecen casi completamente de derechos (sindicalización y negociación colectiva como los más importantes)-  más parecen resultado de una política de sometimiento que fruto de diálogos y acuerdos entre partes.

Desde los inicios de la revolución industrial, los que tienen el capital y controlan los Estados han abogado por una liberalidad total. En función de ella pusieron y sacaron gobiernos y solo la revolución bolchevique triunfante los obligó a constituir la OIT y morigerar la explotación. Las fuerzas de los trabajadores organizados, peligrosamente comenzaron a poner oídos al discurso del capital -libertad o totalitarismo– y terminaron fragmentadas. Desde entonces comenzó el retroceso y la pérdida de derechos.

Para los patrones esto se llama modernidad y libertad, no importa si la deben instalar con golpes de Estado u otros artilugios. Cuentan con todo un aparato dispuesto para ello.

Por eso resulta torpe, estúpido y hasta traicionero, el paso dado por estas Centrales sindicales que acudieron al llamado de Piñera, mismo error que ya habían cometido junto a la otra Central cuando por omisión valoraron las reformas laborales de la Nueva Mayoría.

No hay posibilidad alguna de mejorar las leyes laborales mientras se siga creyendo que modernizar es el equivalente a renuncia.

¿Que acaso son retrógrados aquellos que abogan por una jornada de 40 horas distribuidas en cinco días, que demandan ingreso mínimo digno y suficiente para satisfacer necesidades fundamentales de la familia (alimentación, vivienda, vestuario, gas agua y luz, locomoción diaria, entre otras), que reclaman acceso a recreación y descanso, pensiones dignas?

Mucha atención trabajadores. Los patrones y sus gobiernos, se han servido de estos yanaconas para hacernos creer que modernidad implica renuncia, que mejoras en las relaciones laborales es igual a Códigos del Trabajo minimalistas.

Hay que comenzar la ofensiva contra el consumo exacerbado y el individualismo.

Aprender de nuestros deberes y derechos entendiendo que somos seres humanos que esperan que los adelantos científico técnicos nos mejoren la vida y la hagan más digna y justa.

Eso y no otra cosa es para nosotros la modernidad.

CONTINUARÁ

Por Manuel Ahumada Lillo

Secretario CGT Chile

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