NO, la película y los 20 años de la Concertación en el poder

Gran impresión causó este año la película NO del director chileno Pablo Larraín, efecto provocado por ser una realización bien lograda por una parte, y por retratar la campaña publicitaria del plebiscito de 1988 por la otra

Por Wari

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Gran impresión causó este año la película NO del director chileno Pablo Larraín, efecto provocado por ser una realización bien lograda por una parte, y por retratar la campaña publicitaria del plebiscito de 1988 por la otra. Sin embargo, y muy a pesar de las defensas corporativas del “triunfo” que se tuvo por la vía de la elección para poner fin a la Dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet, esta película evidencia mucho más de la forma de hacer política de los veinte años de gobierno de la Concertación que de ese momento histórico que fue el plebiscito. En efecto, la campaña electoral marcada por el discurso publicitario y propagandístico, producto de las restricciones para hacer política durante la dictadura, centraron el foco de la construcción en una imagen de lo posible: el sueño ideal, la alegría, el arco iris y el cambio por un lado, y la vuelta a la pobreza y el fracaso económico y los colores patrios por el otro. Sin embargo, esta práctica política y discursiva fue replicada durante los siguientes veinte años en que la Concertación tuvo el gobierno, puesto que dejaron a un costado la construcción de una política de la gente y replicaron la política efectiva del eslogan electoral, donde tal vez la campaña más fuerte que se volverá a vivir desde el punto de vista publicitario será la del año 1999 que ponía en contienda la imaginación y el conocimiento de la ciudadanía que tienen las agencias publicitarias en la competencia de Ricardo Lagos Escobar contra Joaquín Lavín Infante. Colores definidos e identitarios y un eslogan central marcó la elección y el triunfo “político” del concertacionista. En cuyo caso el lema fue “Crecer con igualdad” y la realidad mostró que la brecha económica entre ricos y pobres creció a niveles históricos. Al final del gobierno de Lagos en Chile los ricos eran más ricos y los pobres más pobres.

La evidencia de un proyecto vacío, construido por un eslogan que golpeara los deseos y anhelos ciudadanos, junto a un grupo social compuesto por el grupo “sensible” de la elite económica haría una validación de un sistema político y económico instalado por la dictadura y establecido en su propio contrato de 1980, aprobado por un fraude electoral. Aceptar ir a la elección no solo era buscar, en 1988, la oportunidad de sacar a Augusto Pinochet sino lo más complejo que fue validar un sistema y una estructura, la que en ese momento de inicio era posiblemente necesaria, pero que al ver estos veinte años transcurridos y vivir la consolidación y en muchos casos la profundización de ese modelo es razón suficiente para mostrar de que el proyecto político real y de cambio social simbolizado en la “alegría” por la democracia y la participación, no existía.

Con todo, la historia de la película muestra la realidad de muchos “demócratas” vueltos del exilio viviendo relativamente bien, acomodados en buenas viviendas, mientras los más radicales eran agredidos, viviendo con temor y en condiciones mucho menos favorables económicamente hablando, lo cual es bastante cercano a la realidad. Decir que fue un gran triunfo, que se hizo expresión de una tradición democrática que ha existido largamente en la historia de Chile o que fue positivo para el desarrollo del país que esto así sucediera, es juicio personal y reservado para cada uno; sin embargo para mí esto no fue más que otra traición a la gente, a las ideas y a la verdad. Gobernar en la medida de lo posible para no cambiar nada acomodándose a la macroestructura, ocupando cargos y formando empresas, esa ha sido nuestra gesta democrática y alegre. Repartija de cargos, nepotismo social y estrategia familiar para mantener cargos específicos para la mantención del sistema son solo algunas de las múltiples evidencias que se pueden demostrar. La bonanza económica llegó a un sector que desde siempre ha aplicado la política del chorreo, que mantiene una estabilidad política porque tiene los bolsillos llenos y en las bóvedas de los bancos internacionales gran cantidad de bonos guardados a su haber, sino sufriríamos la constante batalla civil entre la demanda social y el poder impositivo.

La sociedad cambió en veinte años, es cierto, pero no fue por un proyecto de país, sino por la dinámica interna de todas las sociedades, en que el ser humano busca la mejor forma de subsistencia dentro del medio social y material en el que se vive.

De esta manera, la película ‘NO’ muestra mucho más que una campaña, sino que evidencia lo que los jóvenes rechazan hoy por hoy, lo que la gente ya no quiere, la mentira construida por un discurso que convoca diciendo mucho para no hacer nada. Le pasó a la Concertación y le está pasando a la Derecha. La crítica dura de los más conscientes personajes en la película fue cierta, y tuvimos que quedarnos con la lógica de la venta de un producto, mostrando lo bonito que sería para silenciar lo feo que es la realidad. Por eso la película cobra relevancia más allá de su propio contenido interno, cuyo subtítulo, para mí hubiese sido “Bienvenidos a ver la política de la sociedad post-industrial, la política de la publicidad”.

Por Eliseo Lara Ordenes

Noviembre 11 de 2012

Publicado en Literatura y Filosofía

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