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Políticos todos: (de) construyendo el Estado

Los hombres somos seres gregarios. Por naturaleza, por necesidad o por elección; eso no es asunto mío. Lo cierto es que, a partir de la historiografía y las ciencias sociales, existe hoy evidencia suficiente para atrevernos a afirmar que: desde que el hombre es hombre ha producido su vida asociándose a otros hombres.
Desde la comunidad antigua (digo antigua no como categoría axiológica, sino como categoría de temporalidad) hasta la sociedad moderna, nos hemos organizado, de una u otra manera, en y para la toma de decisiones sobre el sistema social en que vivimos, que estamos constituyendo y que nos constituye en el cotidiano. En otras palabras, desde los albores de la especie, los homo sapiens hemos sido seres sujetos a política.

¿Por qué? Porque la política es el arte de dirigir y tomar decisiones. Y porque como sujetos particulares (léase personas), o hemos dirigido y tomado decisiones sobre nosotros mismos y sobre más sujetos particulares, o nos han dirigido y han tomado decisiones sobre nosotros, otros sujetos particulares.

Ésta es la cuestión: somos políticos en la medida en que estamos insertos en una organización que se dirige y se decide.

Han existido, hasta donde llega mi conocimiento, dos formas básicas de organización humana, o dos formas básicas de Relaciones Sociales de Producción (RSP): La primera es la de las Relaciones Sociales de Colaboración (RSC) y la segunda es la de las Relaciones Sociales de Explotación (RSE). Que no son solo formas de relaciones económicas; sino relaciones sociales que, si bien en última instancia están determinadas y causadas por la economía, se constituyen en relaciones de poder (de represión y consenso) que alumbran, entre otras cosas, ciertas formas de gobierno social.

Por motivos prácticos no me explayaré mayormente respecto a estas dos “formas básicas” de relaciones sociales, y me limitaré a señalar que las RSC se caracterizan porque los Medios Sociales de Producción (MSP) son propiedad de la sociedad en su conjunto, siendo ésta, de forma organizada la que los dirige. Aquí el poder de decidir (el poder político) es ejercido por la mayoría de los sujetos particulares que agrupa la organización, interviniendo  estos de forma activa en la propuesta, el debate y la implementación de las mociones aceptadas, por la sociedad en su conjunto, respecto a sí misma.

Por otro lado las RSE son producto de la división de la sociedad en clases: unas que son propietarias de los MSP, y otras que no. Las clases propietarias de los MSP explotan a las otras clases, quedándose con parte de lo producido por quienes trabajan los Medios de Producción y que no tiene propiedad sobre ellos. En este tipo de relaciones, como las que establecemos en el capitalismo (relación en que el empresario se queda con parte del valor producido por los trabajadores), el poder político es ejercido por la clase que es propietaria de los MSP, valiéndose ésta del conjunto de los Aparatos del Estado (AE) para dicho propósito (para el ejercicio político), y siendo la reproducción de las relaciones de explotación el límite de la identidad clasista del Estado.

Así utilizan los Aparatos Represivos del Estado (ARE) como los son la policía, que nos reprime en las manifestaciones; el ejército, que realiza golpes de Estado cuando se nacionalizan las riquezas minerales y se reparte la tierra de los latifundistas a los campesinos pobres; los senadores y diputados, que crean y aprueban las leyes que permiten a las farmacias pagar una pequeña multa tras coludirse y estafar a nuestro Pueblo con cantidades obscenamente superiores a la suma con que se les castiga; etc. Y los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE) como las escuelas y liceos, que crean, según el sector social al que atiendan, a gerentes o a obreros; como la iglesia, que nos pide poner la otra mejilla ante la explotación; como la prensa, que edita los hechos y nos muestra a los estudiantes como violentistas; y otros tantos, que ustedes lectores ya supondrán.

Toda la enumeración anterior no quiere decir que la lógica de la explotación sea la única que existe en los AE, pues la expresión real de estos siempre está supeditada a la condición, en un tiempo y territorio determinado, de la lucha entre los propietarios de los MSP y quienes no los poseen y abogan por colectivizarlos; o sea la expresión real de los AE está supeditada a la condición de la lucha de clases. Esto es porque dentro de los AE también hay personas que abogan y aspiran a relaciones de colaboración; así ha habido policías y militares comprometidos con sus pueblos (que muchas veces no son conocidos), parlamentarios que han propuesto leyes que de verdad favorecen a las grandes masas de la población (que generalmente no son aprobadas), sacerdotes que han elegido vivir y luchar junto a los pobres (como lo hacía Jesús) y prensa que dice las verdades que otros medios esconden. No obstante, estas iniciativas dentro del capitalismo siempre serán minoritarias y oprimidas, pues lo ponen en riesgo.

Entonces, ¿cómo se constituye el poder político en las sociedades sustentadas por relaciones sociales de explotación en general, y en el capitalismo en particular? El poder político en este tipo de sociedades se constituye mediante la expropiación, por la fuerza (mediante los ARE) y por el convencimiento (mediante los AIE), por parte de la clase dominante (en el capitalismo la burguesía), de la capacidad efectiva de decidir, sobre la vida particular y sobre la vida comunitaria, de las clases y grupos subalternos.
Esto deja entrever algo que por habitual y diario muchas veces se nos olvida. No lo digo yo, lo dijo muchos años atrás el gran político y filósofo italiano Antonio Gramsci: el poder no es una cosa, es una relación. Por consecuencia, con respecto a los que nos convoca, podemos afirmar que si no hay a quien explotar se acaban los explotadores. Lo que hoy se conoce como “clase” política (que no es otra cosa que los administradores de los AE) no podría existir si tomamos la decisión de construir nuestro propio destino, pues su  fuerza  radica en nuestra debilidad; lo que hoy se conoce como “clase” política no podría existir si abrazamos la conciencia de que somos nosotros el sustento del Estado y no el Estado nuestro sustento.

Asumámoslo.  La solución de los males que nos aquejan, como ciudadanos comunes y corrientes, no pasa por la “clase” política, pues ellos existen, en su mayoría, para defender los intereses del gran capital (¡y vaya que han sabido hacerlo!). La solución pasa por asumir nuestra condición política y recuperar la facultad de decidir que nos han expoliado. La solución pasa por elevar una opción de gobierno que no solo nos represente, sino que asegure nuestra participación. La solución pasa por la toma del Estado por parte de nosotros, la gente común, para desde ahí transformar desde la raíz las relaciones de explotación en relaciones de colaboración. ¡LA SOLUCIÓN PASA POR NOSOTROS, LA GENTE COMÚN!

Por Jamadier Uribe

Chiloé, 10 de julio del 2011 D.C.

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