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Qué difícil es creer…

-No es posible –dijo Carolina Figueroa, mostrando todo su dolor, cuando supo que el causante de la muerte de su pequeña hija, Emilia, quedó libre y no irá a prisión. No lo podía creer.

Emilia tenía nueve meses cuando Nelson Fariña, conduciendo ebrio, estrelló su auto contra el vehículo en el que la niña viajaba junto a sus padres, el domingo 20 de enero. Ella murió al día siguiente y él intentó huir del lugar, en el barrio Vitacura. Pero varios testigos del accidente lo retuvieron, hasta que llegó la policía y se lo llevó. Siete meses después, el tribunal oral lo condenó a dos años de cárcel que podrá cumplir… sin ir a la cárcel, firmando un cuaderno de control una vez al mes.

-No es posible que al dolor de la pérdida de nuestros seres queridos se sume el dolor de la impunidad –insistió Carolina, en un clamor que pareció representar las voces de otras madres, esposas, hijas y hermanas que durante 40 años han invocado la acción de la Justicia. Cuando emprendieron la búsqueda de sus esposos, padres, hermanos y otros seres queridos, el régimen del general Augusto Pinochet, instalado a sangre y fuego el 11 de septiembre de 1973, negó saber dónde estaban los detenidos desaparecidos.

“Es muy factible que la gran mayoría de los presuntos desaparecidos haya pasado a la clandestinidad”, declaraba el ministro del Interior de la época, Sergio Fernández, hablando por cadena nacional de radio y televisión, el 15 de junio de 1978.

Pero fue difícil creerle.

Como fue difícil creer la existencia de un “Plan Z”, que la izquierda preparaba para asesinar en Chile, en septiembre de 1973, a los jefes de las Fuerzas Armadas e instalar una “dictadura marxista”. El mismo argumento habían utilizado los militares brasileños nueve años antes, para derrocar al presidente izquierdista Joao Goulart, el 31 de marzo de 1964.

Difícil fue creer, en los años siguientes al golpe de 1973, las versiones oficiales sobre “confusos incidentes” o “enfrentamientos”. Así ocurrió cuando el Gobierno militar se condolió por el asesinato en Buenos Aires del general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert. el 30 de septiembre de 1974. El tiempo se encargó de aclarar que los asesinos fueron tres agentes de la Dina (Dirección de Inteligencia Nacional): Michael Townley, Mariana Callejas y Enrique Arancibia Clavel, condenado a prisión perpetua por la justicia argentina.

La fe pública volvió a enfrentar una dura prueba el 21 de septiembre de 1976, después que una bomba estalló bajo el automóvil del ex canciller Orlando Letelier que murió junto a su secretaria Ronnie Moffit, en pleno centro de Washington. Pinochet atribuyó el atentado a la CIA (Agencia Central de Inteligencia) de Estados Unidos, pero dos años después entregó a ese país al verdadero asesino, el agente de la Dina Michael Townley.

Fue difícil creer la versión del Ejército, el 2 de julio de 1986, cuando negó que una patrulla militar hubiera quemado vivos al fotógrafo Rodrigo Rojas Denegri y a la estudiante Carmen Quintana. Él murió y ella sobrevivió con horribles heridas en su cara y su cuerpo. Dos semanas después, los tribunales iniciaron un proceso contra los miembros de la patrulla militar que prendieron fuego a los dos jóvenes, al mando del teniente del Ejército Pedro Fernández Dittus.

Después se conoció el Informe Rettig, en marzo de 1991, y el presidente Patricio Aylwin pidió perdón al país por los más de 3.000 muertos y desaparecidos que dejó el régimen militar. Pero a 40 años del golpe la sociedad chilena sigue dividida, aunque cada vez son menos los que aceptan la legitimidad de la dictadura.

Incluso el general Juan Emilio Cheyre, ex comandante en jefe del Ejército, dice que fue engañado cuando era un joven teniente y le informaron que los padres del bebé que tenía en sus brazos se habían suicidado. Con ese antecedente Cheyre entregó ese niño de dos años a un convento de monjas. Pero Ernesto Lejderman todavía duda de que el general Cheyre no supiera que sus padres fueron asesinados por una patrulla del regimiento Arica, de La Serena, cuando intentaban pasar hacia Argentina, el 8 de diciembre de 1973.

La distinguida columnista Teresa Marinovic, de posiciones ultra conservadoras, admite en “Las Últimas Noticias” del sábado 24 de agosto que, a 40 años del golpe contra el presidente Salvador Allende, “aún no hay verdad”. Acusa a la izquierda por su “falta de honestidad” y por no haber asumido su responsabilidad en el quiebre de la democracia, pese a los numerosos “mea culpa” y autocríticas que los líderes izquierdistas han efectuado desde el comienzo de la transición.

“Y no se trata de justificar lo injustificable –agrega-, sino simplemente de entender que ciertas atrocidades ocurrieron dentro de un contexto”. Es decir, es necesario entender “el contexto” para comprender por qué los militares mataron a tanta gente, incluyendo niños y mujeres embarazadas.

¿Entenderá la mamá de Emilia cuál es el “contexto” del accidente en el que murió su bebé y por qué el ebrio que la mató quedó en libertad?

Por Enrique Fernández 

Publicado originalmente en Krohne Archiv

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