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Recursos malditos

MANUEL RIESCOAvivados se apropian de nuestro suelo y subsuelo para llevarse el botín completo y gratis. Dejan propina a sus ayudantes y guardianes internos pero no generan empleos para los chilenos. “El cobre es el sueldo de Chile” decía Allende. Hoy también, por eso la madre de todas las reformas es renacionalizar los recursos naturales.

En la actual carrera presidencial, la candidata que va ganando al galope y la otra que quisiera mordisquearle los talones, pero con suerte va a llegar “placé”, se comportan como esa reina de cuentos que tenía un elefante en el salón: sus invitados se tropezaban a cada rato con el tremendo animal y ensuciaban sus charoles en sus meados y bostas, pero nadie se atrevía a mencionarlo.

Caso curioso. En Chile no se habla del cobre. Sin embargo, todo el cacareado “milagro neoliberal” chileno se basa en exportar más y más cobre. ¡Tremenda novedad! Volvimos al tiempo del salitre, cuando en el país roncaban mineros y latifundistas y el país sufría la “maldición de los recursos naturales”.

Sólo que peor. En 1929, si bien la minería representaba más del 88% de las exportaciones, éstas equivalían a un 29% del Producto Interno Bruto (PIB). Hoy, la minería representa dos tercios de las exportaciones, pero éstas equivalen a la mitad del PIB.

Entonces, el Estado cobraba un royalty en pesos oro por tonelada de salitre embarcado, que equivalía a un tercio del valor exportado. Entre 2009 y 2012, todos los impuestos que pagaron las mineras privadas, incluyendo el royalty, representaron menos del 13% de sus ventas. Este año pagarán menos de la mitad que el año pasado.

El único progreso desde entonces es Codelco, la principal herencia de la nacionalización del Presidente Allende. Reducido hoy a menos de un tercio de las exportaciones de cobre, entrega más excedentes al Estado que todas las mineras privadas, que se embuchan los dos tercios restantes. Deja excedentes netos al Estado por un 36% de sus ventas de cobre y subproductos. Además, los vende refinados, mientras las privadas exportan la mayor parte como concentrados.

Lo más grave de todo, es que la minería ocupa directamente solo al uno y medio por ciento de la fuerza de trabajo asalariada del país. Todos los nuevos proyectos mineros en curso, que representan más de un tercio de las inversiones totales del país para los próximos cinco años y van a absorber otro tanto de la nueva demanda de energía, van a dar trabajo estable apenas a 41.000 personas ¡Un cero coma ocho por ciento de la fuerza de trabajo asalariada!

Si a los ocupados en la minería se agregan todos los que se desloman en la pesca, agricultura, ganadería y silvicultura, es decir, a todos los ocupados en explotar recursos naturales, se alcanza a poco más de un 8% de los asalariados totales.

¿En que trabajan, entonces, los chilenos y las chilenas del milagro neoliberal? Una cuarta parte labora en el comercio y otro cuarto en servicios personales y sociales. Es decir, más de la mitad están ocupados en actividades que agregan escaso valor.

La producción, por otra parte, se ha reducido casi exclusivamente a ramas que cuentan con protección natural, como la construcción o servicios de transporte, alimentación, educación o salud. La manufactura ocupa hoy menos trabajadores que la construcción.

En otras palabras, el modelo neoliberal vive de la exportación de piedras, uva, troncos y pescados, mientras mantiene a buena parte de los chilenos y chilenas ocupados en venderse mutuamente, a crédito, las mercaderías que se importan, que son casi todas las que consumen. Buena parte del resto se dedican a cortarse el pelo unos con otros.

Por eso el trabajo es precario, los sueldos malos y los sindicatos débiles. Los más de ciento cincuenta mil trabajadores del Jumbo, el empleador más grande del país, mantuvieron hace pocos meses una huelga durante casi dos semanas. Casi nadie se enteró. A Paulmann le importó poco, porque todo lo que perdió fueron unas pocas lechugas podridas. En cambio, cuando paró Collahuasi, al segundo día enviaron al grupo móvil en helicóptero y cuando ha paralizado Escondida, ha aparecido en primera plana de los principales diarios financieros del mundo: esos no pueden arriesgar un solo día de valiosa producción perdida.

Por el mismo motivo, también, han desmantelado el sistema nacional de educación pública. La educación les importa poco, como no sea para transformarla en un nuevo negociado. El trabajo y la calificación de los trabajadores no interesa mucho al grupito de grandes consorcios rentistas que se ha apropiado en exclusiva de los riquísimos recursos del país y viven de su renta.

Las concesiones mineras en manos privadas abarcan actualmente un cuarenta por ciento del territorio nacional. No han pagado un peso por conseguirlas y para mantenerlas en su poder pagan apenas un dólar por hectárea al año. Si el Estado quiere recuperar lo que le pertenece de modo “inalienable e intransferible” según la propia Constitución, debe pagarles el valor completo de lo que hubieran encontrado debajo.

¡Tales son las condiciones del infame decreto de concesiones mineras del “Pepito” Piñera, lo primero que hay que derogar al cambiar la constitución!

El modelo neoliberal no vive del valor agregado por el trabajo productivo de los chilenos y chilenas, sino de la renta de los recursos naturales del país. Ésta representa actualmente más de un quinto del PIB, el triple que en la economía mundial. Un país no puede vivir de la renta de sus recursos. Ya sabemos como termina eso.

Los precios de los recursos escasos varían todos los días, porque dependen exclusivamente de la demanda. No guardan relación con su costo de producción, que es lo que determina, en cambio, el precio de todos las demás mercancías que no tienen restricciones de escasez.

Cuando aumenta la demanda de recursos escasos, sea por especulación o mayor consumo, su precio se eleva a las nubes. Todos viven en Jauja. Pero eso no dura para siempre. Cuando la demanda baja, por una crisis o cualquier otro motivo, los precios se desploman y la renta se esfuma.

Sólo entonces, esos países recuerdan donde se origina la moderna riqueza de las naciones: en el valor agregado por el trabajo de sus ciudadanos y ciudadanas, aplicado a la producción de toda suerte de bienes y servicios que logran venderse.

La madre de todas las reformas que el país requiere es renacionalizar los recursos naturales. Para terminar con los grandes rentistas y su corruptora influencia. Para reorientar la economía hacia la producción de bienes y servicios mediante el trabajo calificado, bien remunerado y estable, de las chilenas y chilenos. Para producir en el país toda la tecnología e insumos requeridos para aprovechar y refinar nuestros recursos naturales.

Su renta, que legítimamente nos pertenece a todos, debe ser utilizada para mejorar la calificación y el bienestar de los trabajadores: los auténticos creadores de la riqueza de Chile.

De ese modo, transformaremos la maldición de los recursos naturales en una bendición para el pueblo.

Como decía el presidente Allende: ¡El Cobre es el sueldo de Chile!

Por Manuel Riesco

El Ciudadano Nº146 / Clarín Nº6.923

Septiembre 2013

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