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En su desesperación de constatar que la nueva aventura en que se han embarcado se aproxima a su fecha de vencimiento, algunos de nuestros viejos izquierdistas han sacado el habla. Para arremeter ¡contra el candidato de la izquierda!

Una vez más, han dejado pasar una excelente oportunidad de quedarse callados. No tienen remedio. Peinan canas azules, pero siguen repitiendo su viejo discurso de las bases contra las cúpulas partidarias. Ya en los años 1960 parecía disco rayado, como se decía entonces.

De nada ha servido que un conocido periodista, que entiende bastante más de política que ellos, le haya recordado pacientemente a su inexperto abanderado, que atacar a las cúpulas es arremeter contra las bases partidarias que las eligen.

Deberían saberlo, puesto que por décadas ellos mismos formaron parte de cerradas cúpulas de movimientos bien estrechos.

Aunque nunca tanto como la empresa en la que ahora se han empleado. Dicen sentirse allí “como en su propia casas.” Sin embargo, tiene una cúpula de dos. El que resuelve es uno solo. Sin consultar a nadie. Mientras ladra órdenes por celular a secuaces encargados de sus negocios. Al mismo tiempo, es capaz de sostener el bastón de mando de su helicóptero, rumbo hacia su balneario predilecto. Un salvaje, como se decía en otros tiempos. Ahora, sólo se roza con otras cúpulas que bien poco tienen que ver con la izquierda.

Chile es un país patológicamente elitista. Para encontrar uno parecido, habría que remitirse a Sudáfrica en tiempos del Apartheid. Incluso la izquierda ha engendrado cogollitos vergonzantes, como el llamado “red set” criollo.

El entorno de su abanderado conoce bastante de la materia. Tanto, que se ha propuesto nada menos que redefinir el concepto. Sin abandonar el corazón del grupito más acomodado, se pusieron díscolos. Iconoclastas.

Como alternativa, poco o nada hay para exhibir de méritos propios. A cambio, les ha dado por la genealogía. Mezclada transversalmente con la farándula y los liberales.
Sin duda, no parece la gente más adecuada para sostener un discurso contra las cúpulas.

Nuestros viejos cuadros izquierdistas realmente tienen un problema serio con los comunistas. De toda la vida. La caída del muro de Berlín no les hizo ni mella. Siguen confesando abiertamente que no están dispuestos a participar en la unidad de la izquierda, por temor a que la “manejen” los comunistas. A estas alturas, francamente parece un chiste.

Especialmente, cuando tales declaraciones se hacen desde los medios controlados por la derecha, que una vez más, les abren generosas sus páginas. No se tragan a los comunistas, pero no tienen problemas en subordinarse de pies y manos a una operación digitada por aquellos. Dependen absolutamente. Existen mientras les dan bombo. Desaparecen en el mismo momento que se los cortan.

O peor, si se lo empiezan a golpear en la oreja. Igual como los levantaron, los pueden reventar en menos que canta un gallo. Incluso, ya se dieron el gusto de leerles la cartilla de sus vulnerabilidades. En el momento que quieran, los pueden hacer papilla, No tienen ni programa, ni movimiento, ni ligazón real con el movimiento social. Sin los medios de derecha, no son nada.

Está claro que surgen porque los de arriba no pueden seguir gobernando como hasta ahora. Del descontento general entre los partidarios del gobierno. Y en parte, lo que es positivo, de un amplio descontento entre las bases de la propia derecha. Sin embargo, ese no es mérito de ellos. Hasta hace poco eran parte del gobierno y son todavía parte del parlamento.

Si realmente fueran lo que dicen, es decir, la alternativa a la candidatura de derecha, ciertamente los medios controlados por aquella no los estarían inflando como lo están haciendo. Menos a una semana de la elección.

Felizmente, la derecha ha fracasado nuevamente en su táctica de crear ella misma un adversario para debilitar a los que considera de verdad peligrosos. En unos pocos días, nuestros viejos camaradas izquierdistas se enfrentarán con la alternativa de apoyar de frentón al candidato de aquella, llamando a la abstención en segunda vuelta.

O bien, guardarse todas sus descalificaciones y “dolores de guata” como dicen, para concurrir, “guachitos”, al gran frente que la derrotará una vez más en esta vuelta.

Y hacia a delante, ya veremos.

Manuel Riesco
Economista CENDA

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