Dignidad Ahora

Requerimos trabajadores conscientes y un pueblo organizado

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Por Wari

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Columnas

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1.- Los trabajadores sufrieron con particular rigor los efectos de la dictadura. Se puso en la ilegalidad a sus organizaciones, se derogaron leyes que los protegían y finalmente se les anuló como clase y con el paso de los años han ido olvidando o derechamente desconocen su historia.

Lo que es más grave, algunos en la dirección sindical, por temor y también  comodidad, optaron por «irse hacia adentro» y levantan con demasiada liviandad las banderas de la prescindencia política, como si ahí estuviera la clave de los bajos salarios y las débiles condiciones colectivas, que se viven en las empresas donde es posible construir organización sindical.

Olvidan que parte importante de su trabajo es «hacer política» y que la clave de la débil participación de los trabajadores, radica en la educación respecto de sus deberes y derechos.

El miedo a la organización se vence con educación y no amparándose en el falso discurso del apoliticismo.

Eso no es todo. Cargamos además con el problema de las expectativas desmesuradas, pues no se sostienen en fuerza sindical organizada, sino en el enorme corazón y la voluntad de algunos, lo que no alcanza para dar el salto hacia una organización fuerte y poderosa.

No basta con consignas bien intencionadas pero carentes a veces de sustancia. Se requiere de un contacto permanente con los trabajadores, esperarles a la entrada y salida de sus lugares de trabajo, instalarse en terminales de la locomoción colectiva, el Metro, con el claro objetivo de educarlos sobre sus derechos, explicarles cómo se construye una organización, revivir en ellos la pertenencia a la clase de los trabajadores.

2.- Luego de leer muchos comentarios relativos al impacto que causó la exhibición de La Batalla de Chile en televisión durante el fin de semana pasado, me permito hacer notar la omisión en parte importante de dichos comentarios de un hecho que es fundamental en todo el proceso que se vivió en esos años, y que está justamente vinculado con lo que más arriba comentamos.

El gran merito del pueblo consistió justamente en la construcción potente de organización en todos los niveles.

Desde el barrio donde se acrecentó el trabajo de las juntas de vecinos, centros de madres y juveniles, clubes deportivos. Las brigadas de trabajo voluntario que se desplegaban por todo el país apoyando, ayudando, construyendo.

No basta entonces emocionarse con lo vivido, hay que ponerse a trabajar duro por recuperar esa mística y fuerza con la que se fue construyendo el poder del pueblo.

Más que candidatos que nos llenen el gusto, lo que requerimos es pueblo organizado, trabajadores conscientes. Hombres y mujeres dispuestos a darlo todo porque no siga siendo el capital quien traza nuestros destinos.

Esa es la mayor enseñanza que deja la batalla de Chile y hay que transmitirla.

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Nuestra fuerza la Unidad 
Nuestra meta la Victoria

Por Manuel Ahumada Lillo

Secretario CGT Chile

Publicada originalmente el 17 de septiembre de 2021 en Pulso Sindical.


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