Por Javier Molina Johannes[1]

La Universidad Federal de Pernambuco [UFPE] se incendia[2]. Los bolsonaristas habían amenazado de quemar universidades, específicamente, las públicas que producen el ascenso social del pueblo brasilero. Y, en este caso particular, estudiantes de la UFPE habían recibido amenazas explícitas por mensaje para “hacer explotar la facultad”. A pesar de todavía no contar con una comprobación directa de esta conexión hay que aclarar unos puntos que hacen viable la hipótesis.
En primer lugar, la gran masa del bolsonarismo es contra las ciencias, sean éstas sociales, humanas o exactas. No les interesan, para ello tienen el terraplanismo, la teonomia[3] y el dominionismo. Segundo elemento: el fuerte ataque de sus candidaturas, hoy diputados/as a las universidades públicas y a sus estudiantes, a partir del supuesto que serían lugares conquistados por el marxismo cultural, en la línea de los Axel Kaiser o los Agustín Laje. Tercero, y tal vez lo más relevante, es que distintas investigaciones demuestran estadísticamente que las iglesias pierden adhesión en la juventud, cuando ésta entra a estudiar en una facultad pública, ya que se tornan más críticas a las religiones.
De este modo, seguimos en plena guerra cultural, una vez más entre la destrucción promovida por la Ley mosaica del bolsonarismo y el avance social de las capas populares promovido por el lulismo y toda el ala progresista. Las dos candidaturas de las derechas bolsonaristas que explotaron las urnas en São Paulo, por ejemplo, son promotores de un discurso donde únicamente se disputa la denominada agenda woke. En otros términos, promover discursos antifeministas, transfóbicos y homofóbicos, además de atacar a las universidades públicas y sus estudiantes, son dos de los pilares principales de esta nueva generación del bolsonarismo. El odio que promueve este bloque ideológico tiene algunas de sus raíces en Olavo de Carvalho, y podemos decir que Carl Schmitt es también uno de sus responsables.
«Los laboratorios perdidos en la Universidad Federal de Pernambuco […] representan una pérdida de más de 100 millones de reales –algo así como 19,5 mil millones de pesos–.»
Los laboratorios perdidos en la Universidad Federal de Pernambuco, además de considerar más de dos décadas de trabajo, incluyendo tesis e investigaciones a ser defendidas, representan una pérdida de más de 100 millones de reales –algo así como 19,5 mil millones de pesos–. Aprovechamos de recordar que la moneda brasilera [el real], durante el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, ha sido de las mejor valorizadas del mundo, mientras que el peso chileno ha sido de las monedas más depreciadas durante el último año y se sigue devaluando. Ese ha sido el gran logro del gobierno de Kast, quien como saben es amigo del clan Bolsonaro.
Hambre, salario y voto
Mientras el gobierno lulista ha aumentado el salario mínimo durante estos cuatro años sobre la inflación nacional, en el gobierno bolsonarista nunca se aumentó, provocando las conocidas “filas do osso” [de hueso], expresión que surgió por cuenta de las filas formadas para comprar restos de carnes, producto del aumento de la extrema pobreza y del hambre. Sí, en ese momento Brasil retornaba al mapa del hambre de la ONU y hoy, tras un nuevo gobierno de Lula, ha salido nuevamente de aquella situación. Algo bastante semejante vemos aparecer en la Argentina mileísta con la venta de carne de burro.
Obviamente, la economía no es lo único que explica la capacidad electoral del bolsonarismo. Muy por el contrario, si todxs supiéramos de economía nadie elegiría a estos energúmenos neofascistas. Las derechas brasileras, como hemos desarrollado anteriormente[4] venían siendo absorbidas por la política de la familia Bolsonaro, e incluso con el jefe de la mafia familiar preso, hoy eso ya es un hecho. En Brasil también existen varias derechas, y no todas ellas son bolsonaristas, pero la actual composición del Senado y de las Cámaras han sido un claro resultado de esta guerra cultural que comenzó, por dar un punto reciente, tras las movilizaciones de 2013, los ataques frontales y el consecuente impeachment a Dilma Rousseff.
Con ello, sólo nos queda decir que, si usted conoce algún/a brasilera que no tiene certeza por quién votar, avísele que con Flávio Bolsonaro el único horizonte es una dictadura teocrática, de corte neopentecostal, donde perseguirán inclusive a las otras derechas no-bolsonaristas, porque el recorte es teológico-político. Ahora, si eso es lo que sueña, no hay mucho que conversar. La “guerra santa” no tiene vuelta atrás.
Por Javier Molina Johannes
[1] Investigador postdoctoral sobre las derechas latinoamericanas | conoce más de nuestro proyecto en Especímenes de la Reacción: @especimenesdelareaccion
[2] De hecho, van tres incendios en una misma semana en la UFPE.
[3] Ambas palabras vienen del griego, donde theos significa Dios y nomos se traduce por Ley.
[4] Pueden revisar nuestras columnas anteriores en El Ciudadano sobre las últimas elecciones a fines de 2024 como “Elecciones de Brasil: la normalización del bolsonarismo”: https://www.elciudadano.com/columnas/elecciones-de-brasil-la-normalizacion-del-bolsonarismo/10/23/
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