Por Javier Molina Johannes[1]

Lavín vende fe católica por chat, mientras un ingeniero-chamán ayuda a una ministra. Kast realiza misas casi diariamente en La Moneda, mientras Milei va al paredón de los lamentos anualmente. De la Espriella bendice la educación colombiana, buscando implementar la biblia como horizonte obligatorio, mientras una iglesia evangélica bendice a la selección argentina antes de la final del mundial de fútbol masculino. Justin Bieber canta unos cuantos aleluyas, en los minutos más caros de la televisión internacional. Lamine Yamal es grabado rezando tras la victoria de la selección española, mientras una parte del país repudia los símbolos que representa, detesta a la inmigración y se guía por una nueva Cruzada católica para desterrar al islam de la Iberósfera.
Por un lado, según los registros públicos de la Subsecretaría del Deporte, Silvio García Sandoval, es asesor estratégico y técnico de la ministra Natalia Duco. A pesar de todo, García Sandoval está contratado como asesor senior, y supuestamente en relación a su papel como ingeniero. Ahora bien, de aquel rol pasó a ser conocido como “chamán de La Moneda”: ¿qué pasó entremedio? La ministra Duco necesitaba salir de la crisis de logística que causan los mesiánicos BTS en Chile y, ahí, su asesor senior se convierte en guía espiritual, por lo cual recibió un honorario bruto de más de cuatro millones de pesos. Nada mal para leer textos religiosos y acompañar espiritualmente: parece un buen negocio. Esperamos que la ministra se haya calmado, porque, según la mismísima Cadem, la susodicha es de las peores evaluadas del gabinete, lo que podría empeorar las cosas si Lavín no hubiese aparecido con su gracia esta semana.
Ahora, Joaquín Lavín Infante abrió un sensacional negocio: “Santos x Chat”, es decir, a través de la sistematización de escritos reales realizada por la estupidez artificial vende frases y “acompañamiento espiritual” de “santos” católicos, en particular, de Teresa de Calcuta, Josemaría Escrivá de Balaguer, Francisco de Asís y Pío de Pietrelcina. Y los planes son más baratos que algunas plataformas de streaming; imagínense: un acompañamiento íntimo a través de la oración digital. Y no, no estamos de acuerdo, pero revisemos lo siguiente.
A pesar de que las críticas han apuntado al lucro a través de la fe, cabría preguntarse qué iglesia no hace lo mismo. ¿O acaso la mismísima Iglesia Católica Apostólica y Romana no es un excelente negocio internacional? Para ello, habría que preguntarle al propio Opus Dei, grupo del cual el mismo Lavín Infante hace parte. La membresía mensual no es tan diferente a comprar imágenes o rosarios por ahí. El agua bendita no sale de la llave, y los paseos a Jerusalén no serían posibles sin las Cruzadas. En fin, un sinfín de coordenadas que no serían viables sin guerras, genocidios y un larguísimo etcétera que mantiene vivo el negocio de la fe. No, no estamos defendiendo a Lavín. Solamente decimos que es un ejemplo más de quienes viven de eso.
El problema aquí no es la genialidad empresarial de Lavín. Acordémonos que es uno de los predilectos Chicago Boys y que desde jovencito sabe cómo robar haciendo estos trucos. Vale recordar que lograba tener playas en pleno Santiago y que casi fue electo presidente en más de una oportunidad. No podríamos esperar menos de este gerente general de la fe. Posiblemente, ahora Joaquín Lavín rechazará al papado y creará una iglesia reformada propia, o tal vez no y seguirá la senda neoconservadora del Opus Dei; en realidad, quiénes mejor que ellos saben cómo tornar rentable la fe, es cosa de leer Escrivá de Balaguer para sentirse más cerca del cielo vendiendo seguros de vida a gente que no tiene cómo pagarlos.
Por otro lado, hace meses, la pareja schönstattiana que gobierna el país ha impuesto una rutina religiosa en La Moneda: hasta cuatro misas semanales, siempre a la misma hora (7:45 am), oficiadas por Mariano Irureta, capellán católico, quien “asegura la adecuada vida sacramental en la capilla del Palacio”, como señala el Arzobispado de Santiago. En ellas participan regularmente María Pía Adriasola y José Antonio Kast, además de muchos trabajadores/as, funcionarios y funcionarias de distintos ministerios. Cabe destacar que Mariano Irureta Uriarte asumió en abril de 2026, propuesto por el Arzobispo de Santiago, Fernando Chomali, y, como podría suponerse, con J. A. Kast se conocían previamente, ya que también es parte del movimiento Schönstatt. Mariano Irureta ha servido a este movimiento por más de 50 años, cuando dejó Derecho en la Pontificia Universidad Católica de Santiago, para ingresar a la Rama Masculina del Movimiento Apostólico Schönstatt. De este modo, entra al juego –hasta marzo de 2030– un intelectual orgánico del catolicismo conservador, evidenciando el “nuevo sello” evangelizador de La Moneda y sus referentes: el Estado laico está, una vez más, en peligro[2].
A final de cuentas, toda esta fuerza teologizante trabaja para construir un ambiente que se ha vuelto cada más reaccionario, promoviendo proyectos que recuerdan al Tradicionalismo católico como el “escucha su corazón”, impulsado por amistades del Gobierno como el diputado Ignacio Urruticoechea y la diputada Chiara Barchiesi, entre otros/as firmantes. El diluvio ha llegado, y no es por el temporal precisamente.
Por Javier Molina Johannes
[1] Investigador postdoctoral sobre intelectuales, redes e ideologías de las derechas latinoamericanas.
Especímenes de la Reacción | ORCID: 0000-0003-2581-525X
[2] Lo dijimos anteriormente durante la campaña en nuestras columnas: https://www.elciudadano.com/chile/una-nueva-teologizacion-de-la-politica-chilena/12/11/
Fuente fotografía
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