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Una visión stalinista: ‘No’ La pelicula

Si tuviésemos que describir de algún modo esa escuela estética llamada Realismo Socialista, tendríamos que decir que es una vulgarización stalinista del marxismo y de su visión de la cultura y el arte, en que cultura y artes se reducen solo a ser productores de significados para ser vociferados por megáfonos en pos de los intereses de clase del proletariado en el ejercicio del poder. O sea la misión del arte y la cultura marxista es sólo producir…¡Propaganda! El mundo y todas las contradicciones sociales que pueda contener son siempre reducidos, con más o menos matices, a contradicciones de clases. En donde hay una clase buena, que siempre triunfa, hasta en las peores circunstancias, es decir el proletariado, que resume todos los aspectos positivos del progreso de la humanidad, y por otro lado una clase mala, vale decir la burguesía, que entraña todos los aspectos regresivos y opresores que pueda portar el ser humano. Entonces , un guión de película stalinista cuenta y canta los valores de una clase triunfante por sobre una clase derrotada en cualquier historia. Lo que vale es como ese conflicto de clases es contado y cantado por una clase y para una clase, en contra de otra. En esos términos la película ‘No’ es una película stalinista , pero del signo contrario, ya no del proletariado, sino de la burguesía. Ya no es el Realismo Socialista lo que cuenta, sino que ahora es el Realismo Derechista.

Los autores no se cansan de repetir que es una película de ficción. Habría que responderle como el chino que no tocaba piano cuando se enfrentó a un teclado. No te cleo.

Los personajes de ‘NO’ son fundamentalmente groseras caricaturas en donde el guión pasa a ser un vehículo ad-hoc para el desarrollo de una farsa.

Primero, se nos dice que fue gracias a la presión de la opinión pública internacional que la dictadura se ve obligada a llamar a un plebiscito. En realidad, el plebiscito fue la salida elegante que buscó Estados Unidos para sacar a un desprestigiado dictador fascista del poder. Dictador, que sufría un rechazo absoluto y que era cada vez más inestable. Al plebiscito, se llega como “solución” luego que Jaime Guzmán y los Chicago Boys y sus asesores habían dejado al país amarrado de pies y manos para aceptar Sí o Sí un modelo económico y político neo-liberal expoliador de la fuerza de trabajo de los y las chilenos y chilenas y de las riquezas naturales del país. Cualquiera fuera el resultado ganaba un país preconcebido por Jaime Guzmán y los Chicago Boys. Lo que obligó a Estados Unidos y a la derecha local a buscar la salida del plebiscito fue la lucha del pueblo que puso muertos y desparecidos para terminar con la dictadura. No fue el plebiscito el que terminó con la dictadura, fue la lucha de un pueblo por su dignidad. Lucha que se escamotea en el film ‘NO’ porque (NO) es la historia de Chile contada desde una óptica de derecha. Esa es la gran farsa que le encanta a Hollywood y sus Premios Oscar. O sea una historia amena del triunfo de una campaña publicitaria contra una dictadura en que lo que vale es la astucia y la mente abierta, desprejuiciada e incontaminada de un desaliñado hijo de un exiliado retornado de México, que triunfa contra la visión derrotista y amarga de la izquierda.

El hijo del exiliado, René Saavedra, siempre limpio y despreocupado, con la mitad de la camisa afuera del pantalón y con su skate bajo el brazo parece sacado de una película norteamericana que nada tiene que ver con el Chile de fines de los ochenta. Es talentoso, brillante, imaginativo. Los izquierdistas que acompañan a René Saavedra son todos como José Tomás Urrutia (papel que actúa don Pelado Gnecco, que en todas las películas hace de sí mismo con una regularidad espeluznante), es decir son cuenteros, polillas de las cámaras, embaucadores de todo el mundo. El camarógrafo de la campaña es otro “pastel”, un “cachalasnever”, que insiste con la retórica del dolor. Al final de cuentas el único que entiende a René Saavedra es su patrón, su opositor por esencia, el publicista de derecha, jefe de la campaña del SÍ, es decir, Lucho Guzmán. El hombre que saca de la Comisaría a la mujer de René y que cuando René le da las gracias le responde :“no te preocupes, es lo que haría por cualquiera de mis empleados”, o sea respondiendo como cualquier señor feudal frente a la agresión que sufre la mujer de uno de sus vasallos. En esa Comisaría mientras los izquierdistas brillan por su ausencia, el derechista Guzmán es el único de alma noble que ayuda a la momentánea presa política de signo contrario al suyo solo porque es la mujer de su empleado.

Otra particularidad del film es como se estereotipa a la mujer en tanto sujeto histórico de la gesta del “No”. Es decir , en “NO” la mujer “NO” existe. La política , la cosa pública, las discusiones sobre ese tema son cosas que se resuelve entre hombres.

El rol principal de mujer en ‘NO’ es “La Vero”, esposa de René. Una izquierdista desquiciada, cegatona políticamente, repetidora de consignas sin sentido, mala madre, abandonadora de Simón, el hijo que tiene con René, a quien prácticamente solo lo ve durmiendo. La Vero, tontona y malagradecida que se enrolla con un izquierdista grandulón y flojo , que está acostado a las 10 de la mañana, cuando René pasa a dejarle a Simón mientras va al trabajo procurando dinero para mantenerlo a él y a ella misma. Ella se queda con mister Grandulón quien le ofrece desayuno a René y que no se da cuenta que a esa hora la gente decente está en una oficina trabajando y no frente a una paila con huevos. El segundo rol de mujer en importancia es el de la Nana de René, señora de la clase trabajadora y pinochetista que pasa a reemplazar a la Vero como madre de Simón y que además en la noche enfrenta cara a cara a los agentes de la C.N.I. y a los militares. El niño Simón a su vez es un pequeñín que tiene la mala suerte de ser hijo de una pareja de izquierdistas que participan activamente de la política y es presentado como una víctima inocente de esa circunstancia. Hijo de un padre que se saca la cresta para mantenerlo y que lo ve poco y que además es abandonado por la locuela de su mamá, la Vero. Por otra parte la caracterización física de Simón me recordó a la de un niño asesinado durante la dictadura por la C.N.I. por una advertencia o venganza de móvil político.

El final de la película es corolario de lo anterior. Triunfa el No y la aparición del general Matthei reconociendo el triunfo es quizás el momento más alto del triunfo del SÍ, … perdón , quise decir del NO. La bondad y buena onda que pueda llegar a regalarnos un militar de derecha y que fue cabeza junto a tres tipos más de la dictadura más oprobiosa que ha tenido Chile, es un momento emocionante en la creación de una Nueva Memoria de Chile. La película ‘No’ sin esa escena nos diría que el director no es Larraín y el guionista no es Peirano. Ojo, que el mensaje es que si Matthei no hubiese reconocido el triunfo todavía tendríamos de Presidente a Pinochet o a la señora Lucía o a uno de sus hijos o hijas o a uno de sus nietos o nietas cual un Kim-Il-Sung chileno.

Triunfa el NO y los micrófonos son para don Pelado Gnecco, (¡perdón! ,quise decir para José Tomás Urrutia) , quien habla y habla y habla de cuán inteligente fueron ellos en el diseño de la campaña por el NO. Lo mismo ocurre con el camarógrafo furibundo izquierdista que rodeado de otros micrófonos y cámaras da miles de explicaciones a los reporteros extranjeros sobre su triunfo. Nadie toma en cuenta al verdadero héroe de la jornada, porque como dice Lucho Guzmán en otra parte del film “este es un país de malagradecidos”. Entonces René Saavedra con su camisa afuera y su skate pasa anónimamente entre la gente para ir donde el único que lo felicita y le da protección, trabajo y abrigo, es decir el que dirigía la campaña del SI, vale decir, el derechista Lucho Guzmán. Proyectando la vida de esos personajes si después de esa experiencia René Savedra no resulta más derechista que el encapuchado del Estadio Nacional, sería raro. La izquierda, tropel de bobalicones anclados en el pasado, sin visión de futuro, sin conciencia de alegría, pegados al dolor, al sufrimiento, a la amargura y pletóricos de resentí miento son incapaces de agradecer a René Saavedra su aporte al triunfo. Sin embargo el facho Lucho Guzmán lo acepta, lo cobija y lo felicita.

Ya que no ganaron el Premio Oscar cabros, postulen al Premio Stalin, a lo mejor les va bien.

Por Mauricio Redolés 

El Ciudadano Nº141, abril 2013

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