“Yo tenía una hija de un hermoso nombre”

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“Ahora me intereso en nuestra capacidad de reconocer el momento cuando las palabras de alguien muestran, o parecen mostrar, una manera de retirarse del mundo conceptual común. Reconocerse uno mismo, así como la persona a la cual le hablamos, como compartiendo el mismo mundo moral, no es imaginarla como una persona con la cual podemos alcanzar un acuerdo sobre cuestiones morales. Consideramos que no compartimos el mismo mundo moral si nuestra reacción a lo que esa persona dice es por ejemplo: ¿Cómo pudo aducir [1] eso en este caso?” (Cora Diamond, “Loosing your concepts” en Ethics, Vol 98, N°2, 1988.p. 274)

El 7 de enero 2001 el Presidente de la Republica, don Ricardo Lagos, anuncia el resultado del informe que las fuerzas armadas le entregaran algunos días antes sobre el destino de los detenidos desaparecidos. Recordemos que este informe fue el fruto de un acuerdo firmado seis meses antes por le Mesa de dialogo sobre derechos humanos. En su discurso Lagos dice:

“La información que he recibido es cruda y dolorosa; una información que habla de muerte, sepulturas, sepulturas clandestinas, cuerpos arrojados al mar, a los lagos y a los ríos de Chile.

Esta información, dura como es, será de gran utilidad para que la Justicia pueda esclarecer un número cercano a 180 personas detenidas desaparecidas que estarían muertos y de los cuales 130 estarían en el mar, ríos y lagos; 20, cuyos nombres se ignoran, estarían en una fosa aquí en la Región Metropolitana”

El acuerdo de la Mesa de dialogo y este informe fue considerado por el gobierno como un reconocimiento de las fuerzas armadas de la existencia en Chile de desaparecidos. Leyendo y releyendo la impresionante frase de Lagos transmitida por cadena nacional surgen varias interrogantes: primero ¿podemos preguntarnos si es un destino humano lanzar personas-vivas o muertas- al mar? Segundo, no menos importante ¿como es posible pronunciar tal frase?

Dejemos hasta aquí el anuncio de Lagos y pasemos a otra voz, la de Ana González de Recabarren. Ana es madre de dos jóvenes desaparecidos, esposa de un dirigente sindical desaparecido y suegra de una joven desaparecida cuando estaba embarazada. Cuando conocí a Ana en 2009, conversamos largo y tendido y ella me contó que había escrito esta carta. Para ella, esta carta fue/es importante. Me permito citar un largo extracto de esta misiva dirigida al general Cheyre en 2007:

“Yo tenía una hija de un hermoso nombre: Anita María, bella por dentro y por fuera. Hace justo un mes que ya no está con nosotros. Su corazón dejó de latir.

Se preguntará por qué le estoy contando el fallecimiento de mi hija. Aunque no lo crea, Ud., como otros civiles y militares, sí tiene que ver en la prematura muerte de mi hija. Le voy a explicar por que´: Debe estar en su memoria la Mesa de Diálogo y recordará que las FF.AA. dieron a conocer una lista de familiares nuestros lanzados al mar.

En reunión donde nos fueron dados a conocer los nombres de nuestros amados y amadas, cada uno de ellos era un brutal y certero golpe a nuestro corazón. El horror se reflejaba en nuestros rostros. A pesar de todas las barbaries conocidas […] nunca hemos dejado de asombrarnos de tanta barbarie innecesaria.

Aquella tarde, la lectura de los nombres parecía interminable cuando escucho: LUIS EMILIO RECABARREN GONZALEZ, lanzado al mar en San Antonio, e inmediatamente un grito desgarrador y una voz gutural “¡¡ cómo pudieron hacerle esto a mi hermano!!”.Era mi hija Ana María. Los médicos acudieron a prestarle ayuda, yo me paré de mi asiento y corrí hacia ella: estaba inconsciente. Desde ese día mi hija, mi cómplice de la vida, nunca más volvió a ser ella, a pesar de la atención de sicólogos y siquiatras. El dolor por lo acontecido a su hermano derivó en un cáncer. Hoy está en el cementerio, sus ojos se apagaron, pero la sonrisa que nos dejó en su bello semblante fue como un regalo a los que la amábamos. Quisiera pensar que sonreía porque ya estaba al lado de Nalvia, de Luis Emilio, de su padre y de Mañungo, que le estarían contando cómo fueron sus martirios en la más completa oscuridad e indefensión en algún centro de exterminio.

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General, Ud. Sabe que es sólo una ilusión, nadie del más allá nos dará la respuesta: la respuesta está aquí, en la tierra, Ud. Sabe cuál es, nosotros y el país la necesitamos […]»

“Yo tenía una hija de un hermoso nombre”….la carta comienza por la pérdida y a la perdida se suma el carácter injusto de una muerte prematura. Injusta porque fruto de un “brutal y certero golpe a nuestro corazón”, el golpe del nombre del hermano, un ser querido en una lista de personas lanzadas al mar.

Pienso que para escuchar correctamente lo que dijo Lagos hay que escucharlo con la voz de Ana entrando por el otro oído. Es decir, para escuchar anuncios de este tipo hay que escucharlos con las voces de los familias de desaparecidos. Hay que escuchar y agregar un nombre propio a “un numero cercano a 180 personas detenidas desaparecidas”; hay que leer el condicional “estarían en el mar, ríos y lagos” sobre el fondo de una incertidumbre que desgarra almas; o escuchar “que estarían en el mar” o que “estarían en una fosa” preguntándonos si “el mar” o “una fosa” puede ser un destino humano para un ser querido.

Leer y escuchar ambas voces es un asunto de herencia y responsabilidad también para los no directamente concernidos por la desaparición política. Acabo de decir que el mar no es un destino humano para un ser querido y no dije para mi ser querido o para su ser querido, el de Ana o Ana María. Utilizo el articulo indefinido un para subrayar nuestra capacidad moral de sentir o resentir el golpe de nulidad que puede provocar escuchar o leer “personas ….lanzadas….al mar….”. Pero no como lo fue para Ana María y Ana y tantos otros, sino para personas indirectamente sacudidas por este golpe, preguntándose qué significa para la vida en común que nos liga a Ana y a Ana María y a tantos otros, que personas sean lanzadas al mar….?

Me parece que esto nos interroga acerca de una reacción abismal que se produce, que puede producirse, escuchando Lagos decir “un número cercano a 180 personas detenidas-desaparecidas…” y leyendo, a la par, la carta de Ana.

Ese vértigo que se ampara de nosotros cuando somos capaces de ser pasibles ante la barbarie, esa angustia casi física que experimentamos cuando nos exponemos a la barbarie, frente a la palabra barbarie sobre el fondo de una vida, la vida de Ana, la vida de Ana María, y también nuestra vida en común con el Otro, con otros como Ana y Ana María, con otros, tantos otros.

Ese abismo de barbarie puede, sin embargo, pese a su nulidad, devenir un ojo de experiencia (Didi –Huberman) y permitirnos ver en el nombre LUIS EMILIO RECABARREN GONZALEZ un golpe preciso a nuestro propio corazón. Con ello no quiero defender una tesis emotiva para luego plantear reconciliarnos en el dolor. Lo que quiero decir es que en el lugar mismo donde la comunalidad (le vivre ensemble) es golpeada de nulidad, es posible, puede o podría ser posible, operar un vuelco: el vuelco de su detenido desparecido a un detenido desaparecido que nos importa a todos y es un golpe certero a nuestro corazón.

Ese vuelco es también cuestión de herencia y responsabilidad en la medida en que somos herederos de historia, de hechos, de acontecimientos y también de palabras y de conceptos. Detenido desaparecido es una palabra que no existía o no era usada en Chile antes de la dictadura militar y ahora es una palabra que ya hace parte de nuestro vocabulario en común. Somos herederos de esa palabra y en tanto herederos somos responsables de la atención que le prestamos, es decir, responsables de relanzar la actualidad de la pregunta: ¿Donde están? Y la urgencia; la extrema urgencia de RESPUESTA.

 Por Paola Díaz


[1] El verbo utilizado por Diamond es adduce que podemos traducir por aducir que es presentar o alegar pruebas o razones. Para lo que nos interesa la pregunta de Diamond puede evocar tambien la siguiente interrogación : como pudo presentar lo impresentable ?