sábado, octubre 19, 2019

Argentina: restatización de las AFJP

Un ejercicio proyectivo da cuenta de que un trabajador medio que en 1994 se afilió a las AFJP argentinas, con empleo ininterrumpido y jubilando 30 años después, al pasar por la ventanilla para cobrar su primer cheque de jubilado, recibiría la mitad del sueldo obtenido durante los tres últimos años de vida laboral. De haber permanecido en el sistema estatal, le hubiese correspondido 82 por ciento por ley.

Los argentinos bien depilados aborrecen de la presidenta Cristina Fernández no por mujer, su vestir elegante y dominio de la sintaxis para exponer sus ideas. La aborrecen por creer que el Estado también juega en las decisiones económicas, y por sostener que ningún país crece con base en la especulación financiera. ¿Cómo se revierten 32 años de pillaje neoliberal? Si no hay revolución “abajo y a la izquierda” en puerta, por algo hay que empezar.

Tal fue el caso del gol de media cancha que el Estado argentino pegó contra Parasitarios Unidos, equipo integrado por las nueve Administradoras de Fondos de Jubilación Privada (AFJP).

La casa ganó. Los buitres perdieron. En su comparecencia en la Cámara de Diputados, el señor Moisés Schwartz Rosenthal, presidente de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar), calificó de “acto populista” la medida del gobierno argentino (La Jornada, 30/10/08).

Acongojado, Schartz manifestó: “¿Qué va a hacer Argentina cuando la gente empiece a jubilarse?” Pues, mire usted: por ahora, los diputados argentinos decidieron acabar (160-75 votos) con los fondos de pensión privados, aprobando la creación de un sistema único estatal de pensiones.

El alto grado de consenso obedeció a hechos reveladores y más potentes que el Sol: desde 1994, el sistema privado, con base en el modelo chileno, sólo benefició a los bancos y a los intermediarios financieros y jamás a los trabajadores y jubilados. Fuera de esto, el casino de las AFJP incrementó el déficit del sector público y el aumento explosivo del endeudamiento estatal.

Una estafa de “excelencia académica”. Las investigaciones revelaron que muy bajas fueron la afiliación, aportes voluntarios, cobertura, contribuciones patronales y traspasos voluntarios a otras aseguradoras; que alta fue la concentración del mercado y los costos del sistema, inseguro el destino de los fondos acumulados y nulo el fomento del “mercado de capitales”,

En 2005, un estudio, realizado a la mitad del periodo de funcionamiento de las AFJP por los especialistas J. Gaggero y F. Grasso (1994-2001), calculó en 21 mil millones de dólares el monto que el Estado nacional dejó de percibir a causa del sistema de capitalización individual (2.8 por ciento del producto interno bruto).

Dimensionando la magnitud de la estafa, el Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (Cenda, 2006) estimó que desde la creación de las AFJP el sistema público de seguridad social dejó de percibir una cifra anual “… apenas inferior a la suma de los presupuestos de Salud Pública, Educación y Ciencia y Técnica de la Administración Pública Nacional”.

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Amado Boudou, titular de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), fijó en 100 mil millones de pesos (31 mil millones de dólares) el costo para el Estado en 14 años de jubilación privada.

Incorporando todas las variables, Cenda realizó un ejercicio proyectivo en el caso de un trabajador medio que en 1994 se afilió al sistema privado. En el supuesto de que esta persona contó durante 30 años con el apoyo de Dios (empleo ininterrumpido, patrones que cumplieron con los aportes obligatorios), se retira del mercado laboral. Pues bien. Al pasar por la ventanilla para cobrar su primer cheque con cara de jubilado, el amigo descubre que lo percibido representa la mitad del sueldo obtenido durante los tres últimos años de vida laboral. De haber permanecido en el sistema estatal, le hubiese correspondido 82 por ciento por ley. Seguramente la tristeza del señor Schwartz Rosenthal se debió al destino de otro tipo de jubilados: sus amigos de las AFJP de Buenos Aires, los gerentes ejecutivos que sudaron la gota gorda velando por los fondos privados de retiro de los argentinos.

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En una investigación del periódico Página 12, que tuvo acceso a los registros de las administradoras gracias a la intervención de la justicia en sus archivos, “trabajadores” como Carlos Peguet (presidente de Consolidar) cobraron en el último año 678 mil dólares, en tanto Eduardo Sánchez (Orígenes) ganaba 80 mil dólares mensuales (9-12/11/08).

Andrés Hammar (vicepresidente de Maxima), recibió 510 mil dólares en 2007 y dos bonos por 49 mil dólares, a más de 23 mil mensuales. Y esto sin trabajar a tiempo completo, pues don Andrés también cobra haberes por su puesto de director del banco HSBC Los Angeles, y HSBC Nueva York.

Oscar Schmidt (presidente de Met Life) ganó 710 mil dólares en los últimos 12 meses por concepto de salario mensual y bonos. Jorge Saumell (presidente de Arauca Bit), 412 mil dólares anuales entre sueldo y bonos. Etcétera. ¿Y en México? ¿Cuánto ganan los ejecutivos de las Afore?

Cuento aparte es si la política económica del gobierno argentino se corresponde plenamente con la expectativa de millones de personas sumidas en la pobreza, el desempleo y la relativa ausencia de “movilidad social”. Algunas decisiones han sido desacertadas, y otras, como la reseñada, una auténtica estocada en el corazón del poder financiero argentino.

José Steinsleger
La Jornada

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