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Crisis bancaria y económica: las soluciones de Proudhon

Es de buen tono entre los economistas marxistas considerar a Proudhon como una especie de acémila (mula). En cuanto a los economistas burgueses, ironizan sobre el proyecto de “Banco del Pueblo” de un utopista confuso al que la realidad ha llamado al orden al exigirle el reembolso a sus suscriptores incluso antes de la apertura efectiva de su “banco de cambio”. Estábamos en 1848.

Pero hoy día le tocaría sonreír a Proudhon.

La crisis norteamericana de las “subprimes”, convertida en crisis bancaria mundial, muestra una serie de infartos en la circulación del capital, asociada al humillante fracaso de la “especulación a toda costa”.

Cuestionando la dominación estatal sobre la economía mundial tanto como la teoría liberal del “laisser faire”, el crack de 2008 se parece a un tsunami: el maremoto ha tenido lugar y el mar se ha retirado. Pero numerosos veraneantes ingenuos siguen en la playa y creen que podrán seguir recogiendo cangrejos y coquinas. En realidad la ola, a la larga, se expande y avanza.

Una recesión de gran amplitud va a golpear al comienzo del año 2009 a todas las economías frágiles por el bloqueo de los créditos, mientras que algunos plutócratas advertidos presionarán un poco más a los pueblos.

¿Habrá llegado ya el momento de reconsiderar con seriedad las propuestas de Proudhon, obrero tipógrafo autodidacta y fundador de la economía política revolucionaria, cuyo famoso “¿Qué es la propiedad? ¡Un robo!” tuvo lugar en 1840, primer adoquín lanzado contra el pantano de las teorías económicas bienpensantes? Sus descubrimientos y propuestas alternativas son lo suficientemente radicales y están construidas para iluminar un día nuevo esta gran crisis del capitalismo contemporáneo.

El tiempo de la revancha le ha llegado a Proudhon. Estemos preparados pues, para tomar el relevo a un sistema a partir de ahora bajo mínimos. Porque a esta crisis inédita ya había respondido Proudhon por adelantado.

UNA CIRCULACIÓN SIN PEAJES

Según Proudhon, la revolución social debe culminar el trabajo iniciado por la Revolución francesa, que se detuvo en medio del vado: la burguesía concedió derechos formales al pueblo, pero no derechos reales; en otros términos, la proclamación de la igualdad de derechos no estuvo acompañada por la igualdad de hecho. Para él, falta por tanto continuar el proceso atacando a la máquina desigualitaria que está en el corazón del sistema de propiedad: el interés bancario. Éste define el intercambio desigual, verdadero fundamento del capitalismo.

Así es como, en un artículo del 20 de mayo de 1848, Proudhon escribe: “La suma de vuestra miseria actual es igual a la suma del bienestar que os arrebata el capital” (Solución del problema social).

Según Proudhon, el capitalismo es comparable a un sistema de esclusas de peaje situadas a lo largo de un río. Así, el interés exigido a un prestatario por su prestamista es un robo. En efecto, Proudhon explica que se trata de un valor ficticio que no corresponde a un producto real. El interés es captado en nombre de un servicio que no existe; el que presta tiene bastante y no se priva de nada. No crea ninguna riqueza y, sin embargo, “recibe más que lo que aporta en el intercambio”, nos dice Proudhon (quinta carta a Frédéric Bastiat, 3 de diciembre de 1849). El solo hecho de poseer una esclusa permite despojar a los barcos que pasan.

Esto lleva a Proudhon a definir el socialismo como “el préstamo sin interés”. Esta teoría de la gratuidad del crédito es el núcleo de su condena a la propiedad, porque ésta permite el intercambio desigual. Porque es fácil demostrar, nos dice, que dos personas que, de un año a otro, por ejemplo, se hubieran prestado una suma al ocho por ciento podrían haberlo hecho sin ningún interés (tercera carta a Bastiat). Esto demuestra que es posible concebir y establecer un sistema económico basado en la reciprocidad y no en el choriceo.

Es necesario que cese esta ceguera que consiste en no ver la radicalidad de la propuesta de Proudhon sobre el crédito gratuito, que desembocaría sencillamente, si se aplicara, en impedir que el capitalismo funcionara. En la realidad. No en sueños.

EL CRÉDITO GRATUITO

Este “feudalismo mercantil e industrial”, esta “aristocracia de terratenientes” que instalan peajes por todas partes en el río de la circulación del capital, se verían privados inmediatamente de la capacidad de explotar a los verdaderos trabajadores si se aboliera el préstamo con interés. ¿Cómo? Proudhon lo explica: si el objetivo es eliminar todas las formas de intercambio desigual, hay que privar a los capitalistas propietarios en concreto de la capacidad de explotar al resto de la humanidad.

Al abolir el interés bancario gracias al establecimiento de un gran banco central de cambio que preste a interés cero, Proudhon priva de recursos a los organismos prestamistas y a los rentistas que “viven sin trabajar”.

Proudhon abole el uso del oro y la plata porque su banco central proporciona bonos de cambio basados en los productos existentes ya entregados y facturados. La transacción se hace posible por la centralización eficaz de la comunicación entre todos los productores y consumidores adheridos. Al final, todo el cuerpo social.

El numerario deja ya de ser el “equivalente general” que permite a algunos atesorar el trabajo de otros bajo la forma de oro y plata; Proudhon propone hacer desaparecer los salarios “arruinando el dinero”. Los productores, asociados en las fábricas, parcelas de tierra o comercios, intercambiarán directamente, sin tasas ni vigilancia del Estado, lo que estará basado en el intercambio recíproco de productos y servicios, expresados no en la moneda clásica sino en valor de trabajo.

De este modo, la fuerza colectiva que el empresario no paga jamás al trabajador, esa famosa diferencia que Proudhon llama “error de cuenta” en su Primera memoria, se repartirá y contabilizará en la suma social de todos los intercambios efectuados por el Banco del Pueblo. Así, al ser imposible la extorsión de la plusvalía debido a abolición de los sueldos en moneda ¿qué será de los patronos?

De golpe, todo lo que oprime a los trabajadores, ya sean los alquileres de la ciudad o la granja del campo, así como el beneficio en el comercio, se hacen económicamente inútiles y desaparecen. Los billetes de cambio del Banco del Pueblo, que no se pueden ahorrar, provocan la desaparición de la moneda y el salario, mientras que el crédito gratuito arruinará a los usureros.

Al privar a la propiedad de su capacidad de perjudicar, es decir, al prohibir la extorsión del “error de cuenta” en el marco del asalariado, del alquiler en el capital-cemento, de las granjas en el capital-tierra, del beneficio en el capital-comercio, Proudhon lo vacía de todo su contenido social habitualmente nefasto.

UNA UTOPÍA CONCRETA

El sistema de Proudhon constituye una respuesta práctica posible e inmediata al crack de 2008, cuyos efectos podrían ser dramáticos para todos los pueblos del mundo, condenados a absorber las pérdidas colosales ligadas a la incuria y la rapacidad de la casta capitalista que oprime al mundo.

Porque, al fin y al cabo ¿qué vemos?

Los créditos de riesgo, llamados “subprimes” con sus tasas variables, han desplumado a las familias americanas modestas, cuyos créditos, falazmente transformados en acciones por los mercachifles de los “hedgefunds”, han envenenado las carteras de los bancos de todo el planeta. Resultado: paro cardiaco por el paro de la circulación del capital, al haber bloqueado la desconfianza general los créditos de banco a banco. ¿No es evidente que con el crédito gratuito del Banco del Pueblo de Proudhon esos dos millones de familias norteamericanas seguirían teniendo techo?

A esta crisis de la circulación se añade en 2008 la de la especulación. Con el sistema proudhoniano, en el que desaparecerían la moneda clásica, los beneficios comerciales y los salarios pagados en metálico, ¿quién podría seguir haciendo fortuna moviendo los capitales de un país a otro con un click del ratón?

¿En qué se convertiría esta mortal cartelización del capital, que la globalización trata de imponer por la fuerza de sus armas o por el chantaje político si, tras esta crisis de la dominación económica de Wall Street, se crean por todas partes federaciones de productores, de consumidores, de distribuidores que favorezcan la economía local y el intercambio servicio-producto, abandonando el paso al consumo ciego en los supermercados?

¿Cómo, bajo esta óptica, podrán mantenerse todavía los inverosímiles derroches en gastos militares, en vigilancia policial, o en represión judicial? ¿Cómo podremos necesitar un Estado omnipotente cuando la clase dominante, definitivamente arruinada, haya perdido su omnipotencia económica sobre la sociedad?

La crisis económica que pronto va a golpear duro a todas las economías fuertemente integradas en el mercado mundial, no podrá en cualquier caso hacer estragos a las economías basadas en la autogestión y el desarrollo autocentrado.

Contra el intercambio desigual, el beneficio y la explotación del trabajo, contra las soluciones bancarias o estatales a la crisis, los anarquistas deben proponer y poner en marcha inmediatamente un socialismo federativo basado en una economía alternativa apoyada en redes locales politizadas y dispuestas a federarse; valoremos las monedas autónomas de intercambio recíproco, salgamos del sistema monetario mercantil. Si el capitalismo no nos contrata, contratémonos nosotros por medio del trueque de servicios y de productos.

Es hora de que en cada ciudad los círculos anarquistas propongan al pueblo que recupere lo que se le ha robado, y que deje de permitir que le roben.

por Philippe Paraire

Le Monde Libertaire

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