sábado, octubre 19, 2019

Crisis financiera y la necesidad de AFP estatal

La actual crisis internacional, que comenzó en Estados Unidos con las hipotecas de
mayor riesgo crediticio, ha llenado noticiarios durante los últimos meses. Sin
embargo, quienes no invierten en acciones o sus actividades cotidianas están lejanas a
ellas, las primeras etapas sólo las veían por televisión. Sin embargo, eso sólo fue el
comienzo.

A pesar de las múltiples medidas de las autoridades económicas, ha sido imposible
impedir que la turbulencia global le pegue a la economía real donde, entre otros
efectos, el aumento del desempleo puede ser relevante. Así, el motivo de esta
colaboración es describir cómo la crisis ha influido negativamente en las pensiones de
importantes economías de América, como los casos de Chile, Argentina y México.

En vista de las sucesivas pérdidas que han tenido los fondos de pensiones, han surgido
diversas posiciones respecto a introducir modificaciones al sistema, así por ejemplo,
en Argentina se decidió la estatización de las AFJP.

Por otro lado, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) proyecta un aumento
importante en el desempleo para 2009, este asunto será clave tanto en el detrimento de
las cotizaciones de quienes se mantienen en plenitud en el sistema de capitalización
individual, como en los recursos públicos destinados para el pago de pensiones
sociales.

Mientras tanto, en Chile —pionero en capitalización individual— se discute la
inclusión de una AFP dependiente de BancoEstado. En los inicios de este sistema se
buscó alivianar la carga del Estado, y después la seguridad social y la garantía de
las pensiones.

Casi tres décadas después, el Estado mantiene aún gran parte de los pensionados bajo
sus faldas, ya sea porque no se cambiaron al sistema de Administradoras de Fondos de
Pensión o porque dependen de pensiones asistenciales o de invalidez. Es innegable el
aporte de las inversiones a las AFP en el desarrollo y fortalecimiento de la economía
chilena, pero en lo que a pensiones se refiere debido a la estacionalidad del trabajo
en el país, el sistema todavía no ha sido probado a cabalidad, pues sustenta sólo a
quienes han sido constantes laboralmente y además han tenido sueldos por sobre la
media nacional, es decir un sistema para unos pocos.

En México no se ha suscitado una reforma a raíz de la pérdida de utilidad de los
fondos, aunque se han generado manifestaciones populares que lo exigen, pues con
anterioridad a la crisis había coincidencia en la precariedad de las pensiones que
obtendrían gran parte de los trabajadores mexicanos, pero ahora se suma la disminución
de la proyección de las pensiones, debido a un periodo de utilidades negativas. En el
estudio La bursatilización de los fondos depositados en las afores, de Jorge Cardiel
Hurtado, se confirma el bajo nivel de la proyección de las pensiones y se hace
hincapié en la notoria contradicción con las altas utilidades obtenidas por las afores.

La propuesta de solución es inequívoca, disminuir la proporción de las comisiones
fijas de las afores, aunque se haya modificado recientemente para que operaran sólo
con base en el saldo de las cuentas individuales, si consideramos experiencias
europeas e incluso latinoamericanas, se observa que los ajustes constantes son parte
integral de los sistemas de seguridad social.

El caso argentino es similar, pero es innegable que su ciclo de vida fue muy
acelerado. El sistema empezó años después que el chileno, instrumentaron una AFJP
dentro del grupo económico del Banco de la Nación Argentina y posteriormente lo
desecharon por completo, situación muy lejana de ocurrir en Chile y también en México.
¿Es tan malo el sistema como para desecharlo? Probablemente no, sin embargo, en el
país que gobierna Cristina Fernández de Kirchner había condiciones que dificultaban su
correcto funcionamiento:

•El alto porcentaje invertido en las carteras de Títulos Públicos de la Nación
(53.94%), de los cuales un gran porcentaje proviene del canje de deuda de 2001. Los
distintos gobiernos mantuvieron incentivos e imposiciones para que las AFJP aumentasen
su participación en esos títulos. Estos instrumentos no requieren de calificación de
una clasificadora de riesgo, por el hecho de ser soberanos. A todas luces poseían un
riesgo muy alto para carteras poco diversificadas.

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•La falta de incentivos para que los administradores de los fondos de pensión se
apartasen del rendimiento promedio de las carteras de las AFJP por temor a sanciones y
de mecanismos de inversión que satisfagan las dimensiones de retorno y seguridad. El
número de instrumentos de inversión se ha desarrollado significativamente en los 15
años que duró el sistema. La creación de carteras multifondos que pudieran administrar
las AFJP, fue uno de los temas pendientes para que los beneficiarios tuvieran opciones
para gestionar su aversión al riesgo.

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•Debido a la coyuntura económica del país, así como a algunas medidas erradas, fue
imposible desarrollar el mercado de capitales argentino en forma sustentable. Se debe
reconocer que se vio muy beneficiado del aporte de las AFJP como grandes jugadores,
proveedores de liquidez.

•Las prestaciones no cubrieron las expectativas generadas sobre la eficiencia en el
régimen de capitalización individual. Trajo más polarización entre la población
económica activa, los que tenían un trabajo precario, no continuo o informal, y los
que tienen puestos calificados.

•Los temas más perjudiciales que tiene esta súbita reforma son la falta de seguridad
jurídica y la cantidad de trabajadores de las AFJP que se quedan sin empleo. En Chile
y México el ciclo de vida del sistema es distinto, pues son sustentados en mercados de
capitales de mayor madurez. La etapa dorada de los fondos de pensión otorgó excelentes
rentabilidades a los aportantes, diferente al argentino. Otra diferencia es el
porcentaje de comisiones que en Chile bordea cifras de 3%, en Argentina superaba 20%,
pero desde la última reforma fue limitado a 1% de lo aportado.

La coyuntura permite que algunos sectores propicien la creación de una AFP estatal en
Chile, asunto que es materia de ley, y se propongan medidas de fondo también en
México, donde el primer paso claro es el descontento y su manifestación.

Las afores, al igual que las AFJP (Argentina) y las AFP (Chile), producto de un
escenario mundial de volatilidad, han tenido importantes rendimientos negativos. Es
cierto que la rentabilidad debe considerar una perspectiva de largo plazo, no por ello
el trabajador está obligado a asumir pérdidas en el corto.

En Chile hay la posibilidad de elegir los tipos de fondos para invertir y si alguien
no lo hace, se le asigna uno de acuerdo con la edad. Son cinco clasificados con las
cinco primeras letras del abecedario, donde el A es el más riesgoso, mientras que el E
puede invertir una cantidad mínima en acciones.

La opción de elegir el fondo y la AFP son vitales y la decisión debe contar con la
asesoría de un experto. De hecho, cada administradora argumenta que es la mejor en
algo: accesibilidad, calidad de servicio, rentabilidad en fondo A del año,
rentabilidad en fondo B del anterior, rentabilidad del fondo C desde el comienzo del
sistema, los menores costos de administración, etcétera.

En síntesis, el sistema de reparto individual sólo atiende a un sector de la
población, los de mayores ingresos y con empleo estable, debido, entre otros factores,
a la exigencia de un número de cotizaciones para obtener la pensión mínima, sin
embargo, de existir un marco jurídico adecuado, sumado a decisiones inteligentes, es
posible pensionarse con mejores condiciones. Por ello, es clave la inclusión del
Estado, contexto en el que puede ser considerado por algunos sectores como un héroe,
debido a su capacidad de generar cohesión social y contribuir a la equidad.

Por René Fernández Montt*Miembro del staff académico del Informe Bimensual de Coyuntura Financiera,
Universidad de Santiago. Colaborador del Grupo de Investigación EUMED de la
Universidad de Málaga y Miembro del directorio de expertos del Departamento de Gestión
y Políticas Públicas, Universidad de Santiago.

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