Manuel Sutherland, economista venezolano: «Creo que hay algunas luces al final del túnel»

2019 cerró con incipientes señales positivas en el ámbito económico para el país (Venezuela), afianzadas principalmente en una leve recuperación de la producción petrolera

2019 cerró con incipientes señales positivas en el ámbito económico para el país (Venezuela), afianzadas principalmente en una leve recuperación de la producción petrolera. El último trimestre del año se evidenció una mejoría económica, que algunos economistas atribuyeron a medidas gubernamentales para flexibilizar los controles del Estado y decisiones orientadas a una mayor apertura económica o al menos el «dejar hacer», sin mayor intervención estatal.

Desde agosto de 2018, se han tomado decisiones que apuntan hacia una apertura, una economía distinta. En 2020, tanto la Asamblea Nacional Constituyente, como el presidente Nicolás Maduro, han anunciado nuevas decisiones en materia económica. ¿A dónde apuntan las últimas medidas gubernamentales? ¿Es posible vislumbrar una recuperación económica en el contexto actual?

Sobre estas interrogantes y otros temas de la realidad económica nacional, Hinterlaces.net entrevistó al economista Manuel Sutherland, director del Centro de Investigación y Formación Obrera (Cifo).

¿Qué evaluación hace del desempeño de la economía nacional durante 2019?

-El año 2019 empezó con el peor trimestre en la historia económica del país, según el Banco Central de Venezuela, la economía bajó -24%. Ya entre 2013 y 2018 la economía había perdido casi 50%; si analizamos de manera optimista el 2019 y decimos que el Producto Interno Bruto cayó 6% más, llevándolo a 30%, diríamos que la economía desde 2013 ha perdido cerca de 68 puntos. -68% del PIB nos convierte en la novena crisis más importante en la historia económica mundial de los últimos 70 años.

Las 8 economías que han caído más que eso en ese período, son las que han sufrido guerras civiles o invasiones muy fuertes que han destruido su economía, casi ninguna ha sido por la vía de la destrucción económica sin la destrucción que genera un conflicto armado. PDVSA aunque ya venía extrayendo menos petróleo, extrajo entre diciembre de 2018 y diciembre 2019 -41%, fue una caída tremenda, la situación es realmente alarmante, caótica y muy preocupante, pero en los últimos dos trimestres de 2019 hubo un repunte en el ámbito comercial, inmobiliario, con la construcción de oficinas de lujo. También creció el comercio minorista, con los bodegones que fue una explosión importante, y el área de electrodomésticos, dados los estímulos tributarios que se dieron para importar mercancías sin mayores trámites y con aranceles bajos. Esa fue una medida útil para llenar los anaqueles, pero que pone en jaque la industria nacional y les dificulta la competencia dada la debilidad estructural de la economía actual.

2019 cerró con algunas esperanzas de movimientos de apertura y liberalización interesante de controles que eran realmente innecesarios y no tenían sentido. Creo que hay algunas luces al final del túnel, pero creo que ese proceso de apertura debe ser mucho más profundo, organizado y discutido con sindicatos, universidades y gremios.

Frente a ese panorama, ¿qué perspectivas proyecta para 2020?

-Para el 2020 se podría decir que la economía pudiera seguir disminuyendo, la economía puede perder más y más, no hay un sótano final para la caída económica. El asunto es que, a diferencia de otros economistas, yo creo que hay una posibilidad interesante de crecimiento económico, aunque sea muy leve, pero crecimiento al fin para este año 2020, si el Gobierno profundiza con rapidez y astucia el proceso de liberalización y apertura.

Otro asunto que puede apuntar en esa dirección es un proceso de apertura en los sectores de gas y petróleo; si hay procesos de apertura donde se puede recuperar la producción de pozos que están detenidos por falta de inversión, yo diría que la economía pudiera subir muy rápidamente. Eso también depende de la política, de los acuerdos y negociaciones que se puedan dar para flexibilizar las sanciones estadounidenses, que lo que hacen es empeorar el desarrollo económico, dificultar el crecimiento y castigar a personas inocentes que nada tienen que ver con la disputa política actual.

Sin embargo, creo que si el Gobierno pudiera aprovechar lo que se discute en la mesa de diálogo nacional y escuchar a gremios, sindicatos, universidades, sociedad civil, abrirse un poco más y de alguna manera prestar oído a propuestas de esos sectores, habría una importante mejoría.

Usted menciona las sanciones, ¿el bloqueo de Estados Unidos contra el país, que rol tiene en todo este escenario?

-Yo estoy completamente en contra de las sanciones, son un cáncer para la economía porque dificultan de manera importante la comercialización, la compra y la venta y estimulan la corrupción porque impulsan a los gobiernos que las sufren a buscar triangulaciones con comisionistas, gestores, bancos fantasmas y hace que sea más difícil la fiscalización, la auditoría. Creo que se deben eliminar las sanciones, crear comisiones internacionales con Organizaciones No Gubernamentales y de ayuda humanitaria para gestionar los capitales venezolanos congelados en el extranjero, para que vayan a ser invertidos en hospitales, sobre todo en el tema de la emergencia de salud que es muy fuerte, en alimentación, seguridad, electricidad y proyectos de gas.

Ese dinero podría ser muy útil para palear esas cosas, pero lamentablemente, no veo voluntad política de ninguno de los dos bandos en disputa por el poder de emplear esos fondos para aliviar la crisis humanitaria que sufre la población, veo una pelea fraticida, unos por sostener el poder y otros para alcanzarlo; los daños que sufre la población son vistos como daños colaterales.

Sin embargo, se debe tener en cuenta que las sanciones arrancaron en agosto de 2017 cuando ya la economía había perdido 35%. Las sanciones más importantes arrancaron hacia 2018 y llegan al clímax en enero 2019, por tanto, la crisis es anterior a las sanciones y ya había barrido con el salario y la producción petrolera; por ende, las sanciones no son las culpables de la crisis, si no hubieran existido, la crisis se hubiera seguido profundizando. Hasta 2016 ya en Venezuela se habían fugado entre 500 y 600 mil millones de dólares, más de diez veces el PIB actual, ahí está el problema, solo que las sanciones atizan una crisis monumental.

El tema de la dolarización… ¿Cree que efectivamente hay una dolarización de facto?

-Si medimos la cantidad de dinero en divisas, es decir, bolívares en divisas que había en 2011 como liquidez monetaria, podríamos hablar de unos 47 mil millones de dólares. Si lo llevamos a la actualidad podemos hablar de que toda la liquidez monetaria se reduce a 590 millones de dólares, según el último cálculo; eso significa que el 98% del dinero que existía en la economía desapareció producto de la hiperinflación, políticas económicas erróneas, políticas monetarias que tratan de tapar déficits fiscales, problemas de la producción con emisión incrementada de dinero; todo eso hizo que inevitablemente el bolívar perdiera cada vez más fuerza y fuera sustituido por una cantidad de divisas diferentes.

Actualmente vemos, no solo dólares; en los estados que están en el occidente que son frontera con Colombia, hay mucha gente que se mueve con pesos colombianos, más que con dólares. En el sureste, personas que mueven oro y real brasileño, en la capital, hay movimiento empresarial de euros y a nivel de menudeo de dólares. Hay una cantidad de medios de pago importante que están dando vueltas en la economía y se calcula que cerca de dos mil millones de dólares están circulando de alguna manera en efectivo, eso significa más del triple de los bolívares que hay ya equivalen a dólares en efectivo, según las últimas estimaciones podríamos decir que apenas hay un equivalente a 44 millones de dólares en bolívares.

Eso es una cifra muy baja, quiere decir que hay muy poca circulación y el proceso de hiperinflación que destruye al bolívar como moneda, ha traído como consecuencia una dolarización de facto y chucuta, que ha beneficiado de alguna manera la circulación de mercancías, del comercio y la movilidad de ciertos activos pero no es una solución completa, efectiva o formal por las dificultades de la comercialización en el menudeo: hay poco cambio, pocas monedas, poco sencillo, no hay reposición de piezas dinerarias, los bancos están muy atrasados en cuanto al manejo de divisas, las nuevas bóvedas que guardarían divisas en efectivo, están cobrando unas cantidades extremadamente costosas por ese servicio. Venezuela lamentablemente no tiene un proceso realmente limpio y novedoso en ese ámbito.

Sobre el Petro, ¿cuál es su opinión? ¿Es una alternativa?

-El petro es una alternativa útil para ser una unidad de cuenta que permita indexar a los tributos nacionales la variación del tipo de cambio, es decir para que el Estado te cobre por los servicios que prestan sus empresas, o para los tributos, aranceles. Cobrar en bolívares significa que cuando se materialice el pago, dada la inflación inercial que tiene la economía en la actualidad, sucede que se destruye el poder adquisitivo del dinero que se paga en servicios como en tributos. Con el Petro, se ancla al tipo de cambio dólar – bolívar y fundamentalmente el Gobierno puede cobrar bolívares aumentados de acuerdo a la depreciación del tipo de cambio, es decir, puede indexar las variaciones del tipo de cambio al tributo o al servicio que debes pagar.

Lamentablemente el Gobierno paga a proveedores y empleados con bolívares que se van depreciando, creo que eso no es justo para la clase obrera y debería haber una actualización también de los salarios, que pueda incrementarlos e indexarlos al tipo de cambio para recuperar el poder de compra de manera mensual.

¿Estamos en un escenario para un nuevo cono monetario?

-Creo que estaríamos listos de nuevo para quitarle cuatro ceros a la moneda, porque ya las transacciones se están haciendo muy grandes; cuando la gente habla de millones y cientos de miles, ya la moneda expresa una desvalorización muy fuerte. Una depreciación muy grande que hace que los montos sean complicados de manejar. El asunto es que para que una reconversión sea realmente exitosa, tiene que haber un programa de estabilización macroeconómico duro, un programa de estabilización monetaria eficiente que pueda cortar con la hiperinflación y que haya una estabilidad con cierta solidez. La vía más sencilla y rápida para eso es tomar un tipo de cambio fijo, que pueda abiertamente venderse y defenderse por el tipo de cambio, significa que si el tipo de cambio son ocho nuevos bolívares, la gente pueda comprar y vender divisas sin restricción y el Banco Central de Venezuela pueda sostener el tipo de cambio sin esfuerzo.

¿Qué hacer? ¿A dónde va la economía nacional?

-Creo que la economía va hacia una apertura mayor, más fuerte y si eso va relacionado con una apertura política, espacios donde opositores y Gobierno puedan dialogar y llegar a acuerdo con los gremios -para que se impulsen políticas de cooperación para incrementar la productividad y la producción-, pudiera el país tener una recuperación leve; si eso se relaciona con inversiones petroleras y gasíferas y conversaciones con Estados Unidos que permitan aliviar las sanciones, la economía pudiera crecer, pero se necesita que el Gobierno sea más mente abierta, que se muestre más dispuesto a escuchar que a ordenar.

Publicado originalmente el 6 de febrero de 2020 en Hinterlaces.net

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