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No más AFP

¿Hay algo más rasca y miserable que robarle a un pobre? Claro que sí: una manga de abusadores que se enriquece engañando trabajadores y despojando viejos chilenos. Parece que son los mismos que les roban a los niños y jóvenes pero eso lo veremos en otro artículo.

Las AFP han dejado a los chilenos, y especialmente a las chilenas, sin pensiones. Las pensiones son malas porque las AFP son un sistema de ahorro forzoso, que desde hace 30 años viene echando el guante a las cotizaciones previsionales, las que sacan a la fuerza cada mes del bolsillo de los trabajadores, para prestarlas a los grandes grupos financieros.

Las AFP dicen que las pensiones son bajas porque Chile envejece. Es verdad que vivimos más años, en buena medida gracias al medio litro de leche del Presidente Allende. Debería ser motivo de alegría y no de angustia. Chile tiene las mejores condiciones demográficas de su historia para dar buenas pensiones: cada persona activa debe mantener hoy sólo a medio pasivo. Hace un siglo, cada activo debía mantener a un pasivo, la mayor parte de los cuales eran niños que morían a poco andar. En los países más desarrollados, cada activo vuelve a mantener a un pasivo, en buena parte adultos mayores. Sin embargo, todos viven bastante bien.

Tienen el doble de adultos mayores que nosotros, pero sus pensiones son buenas. Las que obtienen en Chile quienes se mantuvieron en el sistema público, duplican y triplican las de sus colegas que se cambiaron a las AFP. Las de los milicos las cuadruplican. Todos ellos están afiliados a sistemas de reparto, que dan pensiones de por vida, que se aproximan a los últimos salarios recibidos.

Los propagandistas de las AFP dicen que los sistemas de reparto están “quebrados”, sin embargo todos dejan excedentes cuantiosos a sus respectivos estados, igual que el chileno en 1981. El envejecimiento de la población afecta por igual a cualquier sistema de pensiones, puesto que todos ellos son mecanismos de traspaso a los adultos mayores, de bienes y servicios producidos por los trabajadores activos. ¡El pan que comieron hoy los jubilados de todos el mundo fue horneado hoy!

Las pensiones AFP no merecen el nombre de tales. El 60% de menores ingresos de sus afiliados deben ser atendidos por las pensiones solidarias creadas por la presidenta Bachelet, a costa del erario público. Sin embargo, la clase media continúa desprotegida.

Las que están peor son las mujeres, que son discriminadas por las AFP. Son el único grupo cuyas pensiones se calculan mediante una tabla diferente a los hombres, los que obtienen una pensión 30 por ciento mayor con el mismo fondo que ellas. El “Willy”, como apodan al ex ministro de Pinochet que preside las AFP, dice que ellas “duran más”, porque viven cinco años más que los hombres, en promedio. Los habitantes de la comuna donde vive el Willy “duran” nueve años más, en promedio, que los habitantes de las comunas populares. Sin embargo, a ellos no les rebajan las pensiones por ese motivo.

También resultan especialmente perjudicados los empleados públicos. Ellos tienen “daño previsional”, porque en los años 1980 Buchi les cotizaba por la tercera parte de su sueldo real. De este modo, una jueza, por ejemplo, obtiene al jubilar una pensión de 330.000 pesos mensuales, a pesar que ha cotizado sin lagunas y por el tope. Un juez obtiene 440.000. Las profesoras quedan con pensiones inferiores a los 266.000 pesos, y por lo tanto reciben aportes previsionales solidarios.

Los empleados particulares no sufrieron el “daño previsional” de los empleados públicos, pero no están mucho mejor. Una doctora, por ejemplo, que ha cotizado por el tope y sin lagunas, y que ha trabajado en el sector privado, obtiene 465.000 pesos. Un ingeniero que ha sido asimismo un cotizante ejemplar como empleado particular, recibe poco más de 700.000 pesos.

Cualquiera de ellos habría obtenido en el sistema público la pensión tope, que actualmente ronda el 1.100.000 pesos mensuales para los civiles. Para obtener una pensión similar, un afiliado a las AFP requiere tener más de doscientos millones en su cuenta al jubilar ¿Los tiene Ud?

Solo para igualar las pensiones de los afiliados a las AFP con las de sus colegas del sistema público, que es lo mínimo que se puede pedir, se requiere duplicar sus pensiones actuales. El costo total de esas pensiones es de dos billones de pesos por año. Eso es mucha plata. ¿Como se pueden mejorar?

No se saca nada con aumentar las cotizaciones a costa de los trabajadores o los empleadores. Los únicos que ganarían con eso son las AFP, que cobrarían más comisiones y los grandes grupos financieros a los que actualmente prestan la mayor parte de la plata. Tampoco se puede cargar ese muerto al fisco, como se hizo con las pensiones solidarias. Tampoco podemos destinar a estos efectos la reforma tributaria, puesto que ésta se necesita para financiar la educación, la salud, mejorar el Transantiago, en fin.

Para arreglar las pensiones hay que terminar con las AFP. Si se hace eso, el balance fiscal es el siguiente: El Estado tendría que hacerse cargo de las pensiones que actualmente pagan las AFP. Supongamos que se incluyen asimismo las que pagan las compañías de seguro, las que deberían seguir pagando, puesto que se quedaron con el fondo completo de quienes contrataron rentas vitalicias. Como se ha mencionado, el costo del millón de pensiones que paga el sistema privado en su conjunto es de dos billones de pesos anuales. Sin embargo, el Estado ya desembolsa más de la mitad de esa suma en bonos de reconocimiento y otros subsidios monetarios directos al sistema de AFP. Por lo tanto, el costo neto para el Estado sería de menos de un billón de pesos anuales.

Por otro lado, el Estado recibiría las cotizaciones previsionales, que el año 2012 sumaron ¡4,3 billones de pesos! Es decir, si se terminan las AFP, el Estado quedaría con un excedente anual ¡de tres billones de pesos!

De esa suma, se podrían destinar dos billones a duplicar el monto de las pensiones AFP y sobraría todavía un billón. Todo lo anterior sin tocar el fondo de pensiones.

Todo Chile respirará aliviado cuando se termine el gran abuso del Willy y sus compinches.

Por Equipo de investigadores de Cenda

El Ciudadano Nº146 / Clarín Nº6.923

Septiembre 2013

Fuente fotografía

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