En estas Fiestas Patrias hay dos fenómenos que se cruzan: la pérdida de apoyo de José Kast en las encuestas y el rechazo popular que está provocando en cada evento público al que asiste. El desplome de Kast se puede explicar en tres dimensiones: malas decisiones políticas, falsas expectativas y mentiras durante la campaña presidencial.
En las encuestas, el rechazo a la gestión presidencial superó a la aprobación durante la primera semana, después del “gasolinazo”. El 58% obtenido por José Kast en las elecciones presidenciales pasó rápidamente a cerca de un 40% durante las primeras semanas y ahora se sitúa en torno al 30% de aprobación. Por el contrario, las tasas de reprobación se encumbraron rápidamente por sobre el 50% y actualmente superan el 60% en distintas encuestas.
Asimismo, en los eventos públicos en los que ha participado, las increpaciones individuales realizadas por algunos ciudadanos —recordarán el conflicto con un niño en Villarrica— han dado paso a gritos coreados por multitudes que, en muchos casos, se han transformado en un himno del descontento contra la gestión presidencial, sintetizado en el grito: “¡Chúpalo Kast!”.
Las pifias recibidas en el Rally de Concepción marcaron un punto de no retorno. La población ha coreado un “¡Chúpalo Kast!” en distintas celebraciones de Fiestas Patrias televisadas e incluso barras de equipos chilenos en otros países —como ocurrió con Santiago Wanderers— han gritado lo mismo, como una forma de canalizar el descontento de la población.
Y las razones de este descontento son evidentes, a pesar de que el Gobierno lleva solo medio año en funciones. El traspaso de las alzas del precio del petróleo a la ciudadanía, en lugar de estabilizar su precio mediante el MEPCO, provocó una pérdida de apoyo entre las capas medias, que son las que más utilizan vehículos particulares para movilizarse.
Mientras tanto, su agenda legislativa ha impulsado una reforma tributaria cuyos efectos positivos benefician principalmente a los grandes empresarios y a las familias más ricas del país, sin mecanismos que favorezcan a la mayoría de la población. Al tratarse de una reforma pensada para beneficiar a ese sector acomodado, ni siquiera en el mediano plazo podrán observarse efectos positivos para el conjunto de la ciudadanía.
Por el contrario, la disminución de la recaudación del Estado tendrá que ser enfrentada con mayores ajustes que, en la mayoría de los casos, perjudican políticas sociales destinadas a los sectores más pobres del país. Por lo demás, el menor gasto público también tiene un impacto en las tasas de crecimiento, contribuyendo incluso a la recesión que atraviesa el país durante este 2026, cuyas proyecciones de crecimiento se encuentran cercanas al 0%.
Estas medidas económicas son las que podemos identificar como malas decisiones políticas y no reflejan más que la ideología del sector que hoy dirige La Moneda.
Respecto de las falsas expectativas y las mentiras durante la campaña presidencial, estas están a la vista. La promesa de expulsar a más de 300 mil migrantes en situación irregular ha quedado en nada. Van menos de 5 mil migrantes expulsados y, pese a haber reconocido el triunfo electoral de Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez, aún no se alcanza ningún acuerdo para reconducir a migrantes venezolanos con orden de expulsión del país.
Asimismo, las promesas en materia de seguridad han demostrado ser inexistentes.
La única acción mediática fue el “Plan Cancerbero”, mediante el cual se trasladó a 600 personas privadas de libertad a una cárcel de Talca. El show televisado costó cerca de 18 millones de pesos. Sin embargo, los tribunales fueron ordenando la devolución de algunos de estos presos a sus cárceles de origen y ya se produjo, además, el primer apuñalamiento en una cárcel de “alta seguridad”.
Los malos resultados del presidente Kast están a la vista. Y el traspaso del rechazo registrado en las encuestas hacia el espacio público constituye un punto de no retorno: los gritos y manifestaciones contra el Presidente solo irán al alza durante los próximos meses.
