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Claudio Ibarra, investigador del Giep: “El Plan Bolonia implica la entrada de la Universidad europea al Mercado”

Las universidad europeas experimentan hoy un proceso de adaptación a la economía neoliberal de hondas resonancias. La universidad tradicional pensada por Kant o Von Humboldt como espacio de saber autónomo está en proceso de privatización con el llamado Plan Bolonia.

Si bien se han destacado las reformas curriculares y homologación europea de títulos, entre sus objetivos está la adaptación al capital privado de la universidad en Europa, proceso ya en ciernes con la crisis del Estado de bienestar y la obligada diversificación de las fuentes de financiamiento de las universidades, lo que las ha hecho subir los precios de los aranceles e invitando a empresas privadas a auspiciar líneas de investigación.

Para entender más las dimensiones de este proceso El Ciudadano conversó con Claudio Ibarra, quien estudió filosofía en la UMCE y participa en el Grupo de Investigación en Educación y Poder. Hoy desarrolla su tesis doctoral sobre el Plan Bolonia en la Universidad de Barcelona, España.

Ibarra nos cuenta del proceso de conversión del conocimiento en mercancía; el cambio en la comprensión de éste ya no como valor de uso, sino como puro valor de cambio, las ideas desarrolladas en Chile por José Joaquín Brunner y el rol de estudiantes clientes ensayado ya en Chile y puesto en el horizonte de este nuevo modelo universitario.

¿Podrías sintetizar cuales son las reales dimensiones de la aplicación del Plan Bolonia?

– Hablar del `”Plan Bolonia” es hablar de la configuración del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) que comienza a disponerse en las declaraciones de Sorbona y  Bolonia, en 1998 y 1999 respectivamente. En ambas declaraciones se hace hincapié en la idea de que los gobiernos miembros de la Unión Europea de aquí al 2010 deben unificar los criterios y la gestión de la enseñanza universitaria al interior del Espacio Europeo. La estrategia se encuentra aparejada con todo un proceso de cambio en el ámbito de enunciación respecto del discurso de la educación superior.

¿Qué cosas cambian de la vieja tradición europea universitaria?

– Con el plan emergen nuevos enunciados que hasta hace poco tiempo eran ajenos al discurso universitario. Su objetivo es instalar nuevas reglas económicas respecto de la gestión universitaria. Así, el discurso económico comienza a aparecer como fundamento del discurso universitario. Para el plan Bolonia la universidad es un “espacio de inversión”, donde la referencia más importante es la necesidad constante de “rentabilización” de los recursos universitarios dentro del Espacio Europeo, la captación de “estudiantes-clientes” y la alianza estratégica entre universidad y empresa.

¿Cómo debemos comprender el plan entonces?

– Como un proceso que persigue la rentabilización del conocimiento y la creación del espacio de inversión universitario europeo.

¿Cómo se conecta dicho plan con los acuerdos de Lisboa?

– Durante el Consejo Europeo de Lisboa (Marzo de 2000), los Jefes de Estado y de Gobierno pertenecientes a la Unión Europea pusieron en marcha una estrategia que llamaron con el nombre de la ciudad con el fin de hacer de la Unión Europea la economía más competitiva del mundo. Desarrollada en varios Consejos Europeos posteriores al de Lisboa, esta estrategia tiene como pilar fundamental el “preparar la transición hacia una economía competitiva, dinámica y basada en el conocimiento”. La estrategia hace hincapié en la necesidad de adaptarse continuamente a la evolución de la sociedad de la información y potenciar la Investigación y el Desarrollo. Podemos considerar la estrategia de Lisboa como la directriz principal del proceso de reforma de educación europea.

¿Pero qué implicancias tiene toda esta retórica?

– Al poner al conocimiento como base de la economía europea es necesario entender que el conocimiento ha quedado separado de su soporte material, cuestión que transforma al conocimiento mismo en un elemento (re)producible, cambiable, transable como producto de consumo y pilar fundamental de la rentabilización. Es decir, por una parte implica la entrada de la Universidad al Mercado y, por otra, de la modificación del conocimiento en cuanto mercancía.

CRISIS DE LA UNIVERSIDAD TRADICIONAL

¿Qué conlleva esto para la universidad europea tradicional?

– Se pone en crisis el sistema de educación superior europeo, visibilizando su antigua estructura que no se encuentra preparada para los radicales cambios que le acontecen. No podemos sino que enmarcar esto dentro de la serie que compone el tránsito del mercado estatal al mercado postestatal, el cual es definido principalmente por el paso de un Estado de bienestar hacia un mercado postestatal neoliberal que determina las relaciones que establece la educación superior dentro del marco de la creación del EEES.

¿Qué caracteriza este tránsito?

– Tiene como sello una gama de operaciones tendientes a la desestructuración del modelo anterior, es decir, transformación y tránsito que deja a la Universidad instalada en un “punto cero” del mercado, desplazamiento que ha de comprenderse como la mercantilización total del espacio universitario. Así el conocimiento ya no se entiende como valor de uso, sino como puro valor de cambio, por cuanto el conocimiento se transforma en un valor intercambiable, transable, comercializable.

El Plan Bolonia apunta a realizar un cambio trascendental en cuanto al financiamiento universitario. ¿Qué se esconde con la política de promover el autofinanciamiento de los centros de estudio?

– Partamos de la consideración que realiza la estrategia de Lisboa en cuanto considera que la educación “no es un simple gasto recurrente”, ésta considera hoy la entrada de nuevos códigos dentro del espacio discursivo universitario, el cual se conjuga además con toda una serie de enunciaciones que están transformando la Universidad en un espacio netamente económico, que ha de regirse bajo las pautas del mercado, es decir, opera una transformación que no sólo se asemeja a las formas de organización empresarial, sino que además fortalece su alianza con ésta.

Pero no se pasa de la noche a la mañana de un financiamiento público a uno enteramente privado.

– Sí. En este proceso vemos emerger dos elementos importantes, por una parte, la Universidad  garantizaría la obtención de una mejor calificación en puestos de trabajo, en donde los estudiantes, al apostar por los conocimientos que esta entrega, deberán realizar una inversión tendiente a la financiación misma de la universidad en la que cursen sus estudios, en cuanto ellos se encuentran por este proceso acumulando un capital cultural, entendiéndose como capital humano. Por otra parte, será necesario para financiar las universidades y las investigaciones hacer otra inversión a la par en la que pueda hacerse efectiva la creación de una alianza entre Universidad y empresa privada. Es por estas dos nuevas formas de inversión que la Universidad debe reformularse tanto en su aspecto institucional como en sus modelos de gestión, así como también en su tarea por adoptar modos de difusión y promoción empresarial con el fin de competir entre sí por la captación de “estudiantes-clientes” y “personal académico”. Del mismo modo, la Universidad debe esforzarse en la tarea de financiar sus actividades por medio de recursos obtenidos a partir de su competitividad, la cual ya no será sólo por recursos fiscales, sino que en mayor medida por recursos privados.


ESTUDIANTES CLIENTES

¿Qué implicancias tiene pasar de investigaciones financiadas por el sector público a hechas por el interés privado?

– La urgencia por seducir a la empresa privada y sus inversores en el ámbito de las investigaciones, se realiza a riesgo de que finalmente sean estos últimos quienes determinen las investigaciones, establezcan la posibilidad de alianzas que se manifiesten en contratos, prácticas de estudiantes y prestación de servicios de investigación en colaboración con los privados, haciendo con ello del quehacer universitario una verdadera empresa consultora y de investigación dependiente totalmente de la empresa y la banca.

También esto tendrá implicancias para los estudiantes.

– Sí. Los “estudiantes-clientes” deben ser capaces de gestionar becas con las empresas y formas de financiamiento a partir de créditos con la banca privada para poder financiar sus estudios, en donde es la capacidad de crédito y endeudamiento la que determina las posibilidades de estudio de estos “estudiantes-clientes”.


CURRICULUM PARA LA VIDA

¿Qué nos puedes decir del eje del plan centrado en la carrera universitaria como un ‘curriculum para la vida’ ?

– Este es un tema crucial para entender la educación actual, no sólo para entender el EEES, sino el proceso mundial de reformas educacionales en relación con el trabajo. Te puedo decir que la tarea de difusión de los conocimientos que la Universidad debe producir para captar a las nuevas generaciones implica, hoy en día, que se dirija también al conjunto de la sociedad; cuyo porvenir cultural, social y económico requiere especialmente un considerable esfuerzo de formación permanente; me gustaría recordar las palabras del filósofo francés Gilles Deleuze, quien en su Posdata a las sociedades de control hacía visible este problema: “En efecto, así como la empresa reemplaza a la fábrica, la formación permanente tiende a reemplazar a la escuela, y la evaluación continua al examen. Lo cual constituye el medio más seguro para librar la escuela a la empresa”. Lo que se entiende bajo esta práctica, siguiendo a Deleuze, es que la formación permanente reemplaza a la profesionalización como proceso sellado y acabado por el ansiado egreso universitario. Así la idea “currículum para la vida” transforma la relación que establece la educación con el trabajo, el saber y la empresa, apareciendo una formación-evaluación continua, distendida en el tiempo, que se despliega en la captura del examen que se hace permanente. La formula que aparece es la de “vida para el currículum” la que se impone y despliega ante la amenaza y el miedo de perder el empleo.

Es decir la maximización económica y de control se despliega al periodo biológico vital.

– Me parece que esto es de una importancia vital, dado que estamos ante la instauración de una política y una economía del miedo. cuestión que comienza desarrollándose bajo la imposición de un trabajo expandido, para  propagarse luego al tiempo de estudio, así como también hacia la intrincación entre educación superior permanente y trabajo, la cual cobra fuerza en el régimen de adaptabilidad en que hoy vivimos por medio de las reformas educacionales, donde el miedo ante la incertidumbre respecto del trabajo es el elemento constitutivo para la apropiación de una vida consagrada lo que llamo la formula del aprendizaje-trabajo-aprendizaje. Siendo precisamente esto, aquello que por un lado, permite que la educación permanente se instale como requisito que opera  el centro de la modernización de la universidad; y que por otro,  agregue el elemento de inseguridad, volviendo a la educación como un dilema decisional entre: “educación superior o cesantía”, cuestión que se suma a la presión que tiene desde ya la conservación de nuestro puesto de trabajo, lo que hace que las condiciones laborales sean cada vez más precarias, pues las instancias anteriores a la ejecución de un trabajo, la necesidad de perfeccionarse y de hacer frente a las innovaciones constantes que se están desarrollando, hacen que la puesta al día respecto a la serie de innovaciones acelere la necesidad de plantear una reconversión de los trabajadores constantemente.

¿O sea, la propaganda para que te especialices y estés mejor preparado que vemos continuamente está relacionada con el desempleo de la población?

– Sí, podemos entender la educación permanente como formación de la precariedad laboral, y la precariedad como aquello que falta, que obliga y provoca miedo. El capitalismo actual busca la instalación de esta precariedad laboral, espacio donde la vida no queda nunca realizada, en donde nos movemos siempre en ese tejido inestable, de probabilidades diversas. De esta manera la condición de “no acabado” en el reemplazo de la educación tradicional tendiente a fines difusos, por medio de la formación permanente, nos permiten leer el actual régimen de inestabilidad, (ya sea laboral, emocional, etc.), lo que nos lleva a que la figura de la precarización sea leída bajo la figura del miedo, donde  el “currículo para la vida” viene a aportar ciertas dosis paliativas de seguridad en el tejido inestable del trabajo, pero por otro lado potencia y convierte esta inestabilidad en miedo, en otra forma de presión, otro círculo vicioso, que se impone sobre cada individuo: la relación universidad y trabajo, a partir de las posibilidades de acceso a la educación, de hipotecación de la vida, por la adquisición de créditos de educación superior, que es nuestra actualización en la consideración de capital humano.

ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO

¿Qué implicancias tiene asumir el saber en tanto ‘economía del conocimiento’?

– Dentro del estudio que he realizado de los procesos de reforma en la construcción del EEES he puesto el énfasis en una modulación del capitalismo que se entiende como capitalismo cognitivo –cuestión que me resulta interesante de desplegar para poder entender el proceso de reforma universitaria. Es necesario considerar al capitalismo cognitivo como un nuevo régimen capitalista, que determina las relaciones de conocimiento-aprendizaje-trabajo, que marca y determina las relaciones que se dan al interior de las instituciones de educación superior. Esta nueva alianza entre Universidad – Saber – Empresa resulta ser aquello que se asimila en la relación entre proveedores y mercancías,  acentuando en la universidad su condición actual de exterioridad, en cuanto esta metástasis del mercado en la universidad hace que la educación superior quede  determinada por las reglas del mercado, cuestión que crea los nuevos Mercados Universitarios -como lleva por título uno de los últimos libros de José Joaquín Brunner-. Esto obliga a la Universidad a asumir formas empresariales en cada uno de sus estratos (docencia, administración e investigación), modificar sus enunciados.

Asistimos entonces a una inflexión profunda respecto de la idea y condiciones de posibilidad del conocimiento.

– Creo que se hace necesario entonces repensar la noción de “conocimiento”, ya no entendida ésta sólo como forma informacional que pone énfasis en la comunicación –tal como sostienen los defensores de la idea de sociedad de la información- “el conocimiento”, “la información” o “la comunicación” son elementos generadores de riqueza hoy en día, las lógicas que contemplan la mercantilización de los saberes, guardan relación con la producción de las nuevas tecnologías, las cuales articulan hoy la producción mundial, así como también -en el caso de la Universidad- presentan la nueva razón de ser de la universidad. El  capitalismo cognitivo no considera al conocimiento como valor de uso sino como puro valor de cambio. Estamos obligados a decir que los conocimientos pasan de ser medios con los cuales se pueden crear mercancías -y no sólo eso-, para pasar a transformase en bienes en sí mismos, comprables y transables en bolsas de valores, puestos a circular, como quien pone en el mercado un paquete de tallarines, transformándose de esta forma en mercancía que son gerencialas y comerciadas por las universidades en su relación con la empresa.

¿Cual es la principal ruptura con la idea de universidad moderna que este plan conlleva?

– La universidad ha dejado de ser un espacio cerrado como lo pensaba la modernidad, para convertirse en la vitrina del conocimiento en esta era del capitalismo cognitivo. La Universidad pasa a ser el lugar de la puesta en escena del conocimiento, es decir un espacio abierto de producción, circulación y consumo de mercancías cognitivas . Su misión es el aspecto imposible de definir hoy bajo los parámetros que determinan la universidad moderna -como proponía Kant en El conflicto de las Facultades-, ya que su misión (su razón, sus vistas), se define hoy por intereses de mercado, con lo cual la universidad va perdiendo esta propiedad que detentaba sobre la creación de sus propios intereses.

Hoy el desarrollo del saber está asociado a lo productivo…

– La Universidad es reducida hoy a mercancía que se expone como fetiche; pierde con ello la capacidad de autodeterminación, autonomía además de la dimensión autopoiética de la construcción de un saber autónomo (modernamente pensado), puesto que la doctrina que antes imponía a la sociedad, hoy en todos sus niveles le es impuesta desde un lugar otro, que la atraviesa y disuelve. La Universidad queda descentrada en la mirada que aplica sobre ella el mercado. Así se transforma en un espacio puramente heterónomo (al que resistía Kant), en donde en la actualidad todo en ella se encuentra determinado por el mercado, que viene a ser su exterior/interior que la determina, tal y como una Cinta de Moebius en el cual el afuera esta siempre dentro y viceversa haciéndose indiscernible el uno del otro. Transformándose en un lugar de cruce, en una instalación por donde circula tanto la maquinaria biopolítica, la maquinaria empresaria y la maquinaria militar; cada una de estas máquinas la atraviesan y la convierten en un campo regulado, administrado, gerenciado por una figura difusa, atópica que es el mercado.

BRUNNER Y LA MERCADIZACIÓN UNIVERSITARIA

Nos podrías contar algo del rol de José Joaquín Brunner en este proceso?

– Es complejo determinar un rol específico de José Joaquín Brunner en el EEES, lo que sí podemos evidenciar es el rol que juega para los procesos de reforma chilena y sudamericana, que de una u otra manera se aparejan a la reforma europea. Para Brunner el proceso actual de educación esta determinado por lo que el llama “mercadización” de la educación superior -entendido este como proceso institucionalizado de comercialización de los saberes en la universidad, donde apunta a fortalecer la nueva relación universidad-empresa privada. Para Brunner es fundamental romper la relación Estado-Universidad. Así la competitividad entre universidades se presenta como el factor decisivo en el desarrollo para el futuro de ellas mismas.

Una autonomía universitaria entonces como fábricas de saber dependientes del mejor financista de investigaciones.

– Podemos vislumbrar, que el intento de Brunner es convertir a las universidades en verdaderas empresas multinacionales capaces de constituir un aparente espacio soberano de decisión. Espacio que debe estar mediado y determinado para ellas, en pos de la variedad de misiones que persiguen las universidades de acuerdo a su capacidad de inversión, es decir en función del lucro. Siendo precisamente esto último, la razón de porqué debe ser replanteada su nueva misión, la cual pasa a ser ahora: la capacidad de competición por clientes -llámense estos otras empresas y estudiantes.

Brunner argumenta que en las últimas décadas la mercadización ha implicado ampliar la cobertura universitaria a sectores que antes no tenían acceso a ella.

– En esta mercadización de la universidad operaría -según el discurso de Brunner que se condice con las políticas educativas de educación superior que ha desplegado la concertación- la deselitización de la universidad y la democratización de ésta. Hay que consignar que el modelo de Brunner platea la democratización del mercado, en donde todos pueden estudiar siempre y cuando tengan como pagar. Las estadísticas nos muestran que de los miles de matriculados en la universidades privadas en el país, más del 60% de los matriculados “desertan” del sistema por falta de financiamiento, y es un porcentaje mínimo el que logra egresar. Se desplaza la relación elítica, exclusiva de la universidad -en eso y sólo eso estoy de acuerdo con Brunner- pero se pasa hacia un modelo que crea una inclusión diferenciada (concepto que me parece clave para entender la universidad actual). Esto permite a cualquier persona entrar en el mercado universitario, pero que a la vez que es incluido en el sistema, es altamente diferenciado en cuanto a la universidad a la que se puede acceder, es un sistema excluyente, ya que es de acuerdo a la capacidad de endeudamiento la “mercancía universitaria” que se puede adquirir y que viene a configurar el capital humano que el futuro trabajador posee. Aquello que diferencia las opciones de elegir una universidad y una carrera, de acuerdo a la jerarquización que existe entre los distintos espacios universitarios, no está dada por las capacidades intelectuales –dicho simplemente-, sino por las capacidades de endeudamiento y crédito de un estudiante que es considerado hoy como mero cliente.

+ INFO: http://movimiento.noabolonia.org/

El Ciudadano

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