Empresario y economista a cargo de comisión asesora presidencial en ciencias

El anuncio hecho por el ministro de Economía, Pablo Longueira, la semana pasada es un paso más en el traspaso de la institucionalidad científica desde el Ministerio de Educación al de Economía

Empresario y economista a cargo de comisión asesora presidencial en ciencias

Autor: Mauricio Becerra

El anuncio hecho por el ministro de Economía, Pablo Longueira, la semana pasada es un paso más en el traspaso de la institucionalidad científica desde el Ministerio de Educación al de Economía. Para esta semana se espera que se sepan los otros integrantes de la comisión, los que podrían ser científicos adictos al gobierno. La comunidad de investigadores rechazó el anuncio y para el presidente del Consejo de Sociedades Científicas de Chile se trató de “un insulto a la comunidad científica”.

Un dirigente empresarial y un economista  son los convocados por el gobierno de Sebastián Piñera a presidir la instancia que definirá la institucionalidad científica del país. Así, como lee, en vez de convocarse a científicos, teóricos de las ciencias o, incluso, tecnócratas, el consejero y ex presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa),  Bruno Philippi y el actual  vicepresidente  de CORFO, Hernán Cheyre, son los primeros convidados a la comisión presidencial para definir la nueva institucionalidad para la ciencia del país.

Así lo dio a conocer la semana pasada el ministro de Economía, Pablo Longueira, quien sin consulta alguna a la comunidad científica decidió nombrar a Philippi como presidente de dicha instancia y a Cheyre como secretario ejecutivo. El ministro UDI dijo que en los próximos días se sabrán qué otras personas integraran la comisión.

Que el anuncio haya sido dado por Longueira y no por el ministro de Educación, es otra señal del gobierno en su proyecto de sacar la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicyt) del Ministerio de Educación y que dependa del Ministerio de Economía, medida que cuenta con el absoluto rechazo de la comunidad científica chilena.

Ante un eventual desalojo de la derecha de la gestión del gobierno, Longueira aprovechó la ocasión para decir que en el último año del gobierno de Piñera una de las preocupaciones centrales de su cartera será la confirmación de esta comisión.

Claudio Pérez, vocero de la Asociación Nacional de Investigadores de Postgrado (ANIP), ve con desconfianza el anuncio: “Estamos reticentes por como se dio el llamado y que las primeras personas llamadas a discutir no sean científicos ni las personas que instalamos el tema. Eso sólo da cuenta de que no hay política pública robusta para la investigación transversal en el país”.

Jorge Babul, presidente del Consejo de Sociedades Científicas de Chile, considera que la decisión del ministro es “una falta de respeto, un insulto a la comunidad científica. Que se nombre una comisión y los primeros en integrarla sean de la Sofofa y de Corfo da cuenta del enfoque que se le quiere dar a la investigación en Chile”.

El anuncio de Longueira fue hecho en la presentación de 16 centros de investigación y formación científica asociados a la Iniciativa Científica Milenio (ICM), instancia que antes dependía del Ministerio de Planificación (Mideplan) y desde enero de 2011 fue traspasado al Ministerio de Economía, Fomento y Turismo.

POLÍTICAS DE CIENCIA PARA QUÉ

Desde que Longueira adelantó en septiembre pasado de que se preparaba la  fórmula para traspasar la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicyt) desde el Mineduc a Economía, el rechazo fue total de parte de la comunidad científica chilena.

Para Babul se trata de “intentos desde la Economía para apoderarse de las ciencias, pero esto no es sólo del actual gobierno, sino que viene de antes. Pasó en 2008 cuando una comisión del Senado también lo propuso”.

Longueira ya vaticinó que el horizonte es atar todas las pesquisas a la industria. “Toda la inversión pública que hacemos en I+D en Chile y en ciencia y tecnología tenga un vínculo mayor con el aparato productivo”- dijo en una entrevista al diario El Mercurio

El rechazo al traspaso cruza a la comunidad científica y académica, desde el Consejo de Rectores (Cruch) hasta las academias científicas y organizaciones de investigadores.

Incluso la revista Nature, prestigiosa revista de divulgación científica, manifestó su preocupación por el futuro de las ciencias básicas, que no se haya consultado al mundo científico y la real necesidad de una institucionalidad que coordine las políticas de ciencias e investigación en Chile.

POR DEBAJO DE LOS ÍNDICES

Conicyt nació en 1967 con el objetivo de ser el organismo asesor de la presidencia en materias de Ciencia y Tecnología (CyT). Su presupuesto más alto en relación al Producto Interno Bruto (PIB) lo tuvo entre fines de los sesenta y el gobierno de Salvador Allende.

Hoy se calcula que el porcentaje del PIB destinado a CyT apenas alcanza un 0,4% del PIB. Babul hace notar que “antes llegaba al 0,7% y desde que nos metimos a la OCDE, como debieron ajustarse los cálculos está en un 0,37% del PIB. No más que eso”.

“Tres presidentes prometieron subir los fondos para investigación y no lo hicieron – cuenta Babul, para quien: “que llegue al 1 por ciento del PIB sería fantástico”.

El objetivo del gobierno es que en vez de vincular la CyT a la producción de conocimiento e innovación, se haga con la industria. El mismo Longueira sostuvo recientemente que “los países que invierten en ciencia y tecnología no hacen esto porque sean países desarrollados o ricos, sino que han llegado a ser desarrollados porque entendieron en un momento de su historia, la importancia de invertir en estas disciplinas. Sólo con más ciencia y tecnología, más investigadores y mayor inversión en investigación y desarrollo, podremos dar mayor valor agregado a nuestras exportaciones y alcanzar el desarrollo para fines de esta década”.

El ideólogo detrás de la iniciativa es quien fuera el primer titular de Economía del gobierno de Piñera, Juan Andrés Fontaine, un economista neoliberal que comparte sus clases de Macroeconomía y Teoría de Precios con un puesto en los directorios de Quiñenco, del grupo Luksic; del Banco Santander Chile; del Grupo Mall Plaza y de HQI Transelec, entre otras empresas. Fontaine argumenta que “el Ministerio de Educación está muy absorbido en el manejo de los temas de educación primaria, secundaria y universitaria. Y eso son problemas que tienen urgencia y que involucran un manejo de recursos muy altos. Inevitablemente, los temas vinculados al desarrollo de la ciencia a través de Conicyt quedan relegados, tienen una prioridad más baja”.

Así, la lógica del gobierno es que hay que vincular la investigación a los grupos empresariales. Claro que la estructura productiva de Chile es de explotación de recursos básicos, fundamentalmente minería, agricultura, productos forestales, pesca y comercio. Cuando los empresarios chilenos invierten lo hacen en negocios en los que el retorno del dinero sea lo más rápido posible: centros comerciales, supermercados y centros de educación superior que escasamente investigan.

A la hora de requerir inversiones tecnológicas el empresariado chileno tiende a comprarla en el exterior a financiar su desarrollo en Chile y esperar que haya resultados. Se evidencia en la inserción de postgraduados en el ‘mercado laboral’: Según datos del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad, entre el 2011 y 2012 se doctoraron unas 60 personas, de las cuales sólo 7 terminaron trabajando en empresas. El resto en su mayoría volvió a las universidades.

POLÍTICAS DE CIENCIA

A principios de diciembre una convocatoria del Consejo de Sociedades Científicas de Chile;
Movimiento “Más Ciencia Para Chile” y ANIP, reunió a más de 600 personas entre estudiantes, académicos e investigadores en la Sala Antonio Varas del Teatro de la Universidad de Chile para protestar contra el traslado de Conicyt al Ministerio de Educación al de Economía.

A la cita llegaron María Olivia Monckeberg, Premio Nacional de Periodismo; y Cecilia Hidalgo, Premio Nacional de Ciencias Naturales, entre varios otros investigadores.

Para Pérez “los investigadores debemos ser considerados en las políticas públicas de educación. La discusión lograda en los espacios ha sido importante, ahora apostamos a generar reuniones trilaterales entre nosotros y con parlamentarios para generar una política seria para el país de investigación científica”.

Babul va más allá y sentencia que en Chile “no existen los canales apropiados para que la comunidad científica participe de la toma de decisiones respecto al desarrollo de la ciencia en el país. El principal problema no es de cuál ministerio debe depender Conicyt, sino la ausencia de una política de Estado en materias de investigación en ciencia y tecnología”.

El petitorio de la comunidad científica se articula en rechazar el traspaso de Conicyt, la restitución del carácter de Comisión Asesora Presidencial que tuvo Conicyt desde su creación hasta 1973 y que la nueva institucionalidad científica del país sea discutida ampliamente por el Ejecutivo y el Parlamento, incorporando al debate al mundo académico, científico y a la sociedad civil.

Babul sostiene que “esperamos una gran conversación de toda la gente implicada en esto para alcanzar la mejor institucionalidad posible que pueda alcanzar la ciencia en el país”, pero todo indica que el gobierno espera el relajo estival para concretar el traspaso de Conicyt a Economía, de la misma forma como lo hizo con la ICM.

 Mauricio Becerra R.

@kalidoscop

El Ciudadano

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