Alejandro Kirk, sobre los ataques ucranianos contra el Donbass:

«Castigan a la gente común y corriente solo por vivir aquí»

El medio Sputnik realizó una entrevista al periodista chileno, corresponsal de TeleSur e HispanTV y colaborador-amigo de El Ciudadano, quien el pasado sábado 17 de septiembre resultó herido en un hombro, producto de un bombardeo ucraniano sobre el distrito Voroshilovsky, en la ciudad de Donetsk.

«El sábado 17, cerca del mediodía, escuchamos unas explosiones en el centro de la ciudad. Como tantas otras veces, con otros colegas, corrimos a reportear. Llegando a la Plaza Lenin, la plaza central aquí, sentimos otro estampido cercano y vimos una camioneta en llamas», relata Kirk sobre lo sucedido. «Me acerqué a la camioneta para buscar un plano más veraz, más informativo. Había dos personas dentro del vehículo. De acuerdo a la experiencia, pensé que no llegaría otro proyectil al mismo sitio, pero me equivoqué», agrega.

«Sentí el silbido típico de los obuses de 155 milímetros y la explosión unos metros hacia el norte, sobre la avenida de Artiom, exactamente donde pasan los buses, giré la cámara y alcancé a ver la llamarada e inmediatamente después, un impacto en mi hombro derecho. Sin ruido ni dolor. También en el ojo derecho, se me nubló la visión».

«Seguí grabando, llamé a mis colegas y descubrimos que la herida sangraba profusamente. Sangraba también el ojo. Me saco los lentes de sol y encuentro una perforación, que seguramente desvió la esquirla y me salvó ese ojo», detalla.

¿Cómo le atendieron los médicos en Donetsk? ¿Ya le operaron? ¿En qué situación se encuentra y cuál es el pronóstico para la recuperación?

En mi caso personal toda la repuesta médica ha sido ejemplar. Mis colegas me llevaron al hospital público y en pocos minutos ya me estaban limpiando la herida y evaluando. Luego, rayos X y una tomografía. Me dejaron hospitalizado para observación durante el fin de semana, y a partir del lunes como interno ambulatorio, con controles diarios. Una vez que cierre la herida se evaluará si se extrae el trozo de metralla o no.

Nunca nadie me pidió papeles ni me preguntó si tenía para pagar. Para mí es una experiencia viva de que la salud pública, que no depende de quién eres ni de cuánto dinero tienes, donde prima la humanidad y no el negocio, es una de las herencias más importantes del sistema soviético y que sigue aún vigente en esta república. Por cierto, el mismo hospital en que fui atendido, ha sido también objeto de ataques artilleros. Uno de ellos lo cubrí yo mismo, e hice un reporte desde el sitio con los restos de un misil ucraniano derribado, en la puerta de la maternidad.

¿Cuáles son sus emociones respecto a lo ocurrido?

—El impacto del proyectil de apenas unos milímetros fue tal, que hizo un hueco de alrededor de una pulgada de diámetro en el hombro. Luego impactó una costilla superior y la fracturó. A 15 centímetros de la cara y el cuello, a 25 del corazón. La costilla salvó al pulmón, y un lente de sol, al ojo. Es mucha suerte, ¿no?

Es inevitable por tanto pensar en lo que fácilmente pudo pasar y que de hecho le pasa a muchas personas todos los días en Donetsk: que no tienen la misma suerte y la metralla los mata. Gente que iba con su bolsita de compras, una niña saliendo de su clase de danza, una cocinera que hacía el almuerzo para los niños, una mujer que iba hacia un lado, olvidó algo y se detuvo, una señora que venía del trabajo.

Son personas que yo vi, y de quienes hice reportes en su momento. Por eso, mi pensamiento siempre va hacia esas personas, convertidas en enemigos fáciles de aniquilar impunemente. Esto creo que persigue crear terror, obligar a la población a abandonar sus hogares, sentirse permanentemente amenazados. Toda persona en esta ciudad sabe que al salir a la calle, hay probabilidades de que no regrese. Por eso, cuando uno les consulta, prácticamente todos reclaman más vigor en la operación militar.

¿Cuál es la situación actual en Donetsk?

—Infelizmente, la población de Donetsk vive en el terror. Mucha gente se ha ido, y quienes seguimos aquí sabemos que en cualquier momento y en cualquier lugar, puede caer un proyectil ucraniano. Son ataques punitivos: castigan a la gente común y corriente solo por vivir aquí. Al parecer, los sistemas de defensa no logran detectar ni impedir este terrorismo. Sabemos que son sistemas de artillería móviles, a larga distancia y que son muy difíciles de detectar. Por esa causa, son muchos quienes demandan acciones más resueltas, ya no contra la tropa y los cañones, sino contra quienes comandan esta barbarie, en Kiev y otros sitios de Ucrania.

¿Hace cuánto tiempo se encuentra allí? ¿Qué más logró presenciar?

—Llegué al Donbás en marzo pasado. He recorrido las dos repúblicas, y las zonas liberadas en el sur de Ucrania, como Jersón y Zaporiyia. He podido presenciar la lucha por Mariúpol, y el proceso de reconstrucción actual. En Lugansk, la liberación de ciudades como Lysichansk o Severodonetsk, la tragedia de Popasnaya. Ayudo en un proyecto de asistencia humanitaria denominado Bujanka, en honor al furgón ruso Uaz apodado así, y que se centra en llevar alimentos y agua a pequeñas aldeas recién liberadas, donde no llega aún la ayuda estatal.

Vamos casi siempre sin escolta ni presencia militar. Este proyecto autónomo, promovido por el periodista Nikita Tretyakov, me permite hablar con decenas de personas comunes y corrientes, que nos cuentan su historia, y esa historia siempre es parecida: el abandono de las autoridades ucranianas, que contrasta con la humanidad de los soldados rusos o milicianos del Donbás, quienes muchas veces comparten con ellos sus propias raciones. No hay unanimidad en todo, por supuesto, pero es notable que gente en las peores condiciones, viviendo por meses en sótanos, jamás, salvo una persona, me han dicho que preferirían el regreso de Ucrania o de los batallones ultranacionalistas.

Después de resultar herido, ¿planea seguir adelante en Donetsk?

—Mis editores están evaluando, pero yo tengo toda la determinación y disposición de seguir aquí mientras pueda. A fin de cuentas, yo también he derramado mi cuota de sangre en esta tierra.

Alejandro Kirk

Podría contarnos sobre los recientes ataques en Kuibyshev. ¿Qué están persiguiendo las autoridades de Kiev?

Lo de Kuybishev este lunes es un ejemplo más de lo anterior. El propósito fue matar tanta gente como sea posible, y lo lograron.

En Kuibyshev cayeron nueve proyectiles de 155 milímetros, pero uno solo mató a nueve personas, a las puertas de locales comerciales, al mediodía. Esto fue elogiado en canales ucranianos como ejemplo de eficiencia. Apuntan a las calles más que a los edificios, en lugares donde se supone hay una concentración mayor de personas. He visto el ataque simultáneo a dos escuelas de Donetsk, un lunes a las 11:00 am, cuando padres y profesores se encontraban reunidos. Ataques los viernes en la noche al boulevard Pushkin, donde se encuentran los restaurantes. Al mediodía en el mismo boulevard, donde iban las familias a pasear. Los distritos residenciales y productivos de Kuibyshev, Kievski, Petrovski, Leninski, bajo ataque día y noche. Todo esto no puede ser idea de un comandante artillero creativo, esta es sin duda una decisión política del más alto nivel.

Entrevista publicada originalmente el 19 de septiembre de 2022 en Sputnik.


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