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Jon Lee Anderson: “Pinochet fue un viejo asustado de recibir la justicia”

jon lee anderson

El reconocido periodista norteamericano manifiesta incomodidad por el exilio de Edward Snowden en la Rusia de Putin, define a Assange como un anarquista utópico y de Pinochet, a quien entrevistó para lograr un perfil del personaje, considera que “sus últimos años fueron vividos en un estado de humillación. Quizás ese fue su castigo”.

Vio agonizar largas horas a un amigo alcanzado por la bala de un francotirador en una selva de Centroamérica, fue rehén de islamitas y logró huir de sus captores tras ser condenado a una lapidación, cruzó dieciocho veces el océano Atlántico en tres meses reporteando y se da sus gustos en las crónicas que escribe, como cuando convidó a matar a su personaje tras investigar los crímenes de su vida. Se trataba del dictador liberiano Charles Taylor.

Sorprendimos a Jon Lee Anderson en una charla en el Instituto Moreira Sales de Rio de Janeiro, una de las actividades dentro de la semana dedicado a un taller de crónicas organizado por la  Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Anderson cautiva a un anfiteatro repleto  contando sus anécdotas en Centroamérica, Irak y Afganistán. Cuando le preguntan sobre el momento más tenso de su vida mira fijamente, levanta los ojos y mira hacia arriba. Piensa. Responde que una vez de las tantas fue en medio de la selva centroamericana cuando pasó un día entero refugiado en un árbol junto a otras personas asediados por un francotirador. Manuel, quien estaba junto a él fue alcanzado por una bala en el estómago y Anderson asistió a su lenta muerte.

Esa es sólo una de las tantas veces en las que la muerte le pasó rozando.

A veces los personajes se confunden con su historia. Uno de sus últimos libros El dictador, los demonios y otras crónicas tiene un perfil de Pinochet. La entrevista al dictador lograda en Londres, alertó al juez Baltasar Garzón para iniciar el proceso de extradición que si no fuera por las gestiones de la Concertación, hubiesen acabado con el tirano chileno sentado en un tribunal acusado por violaciones a los derechos humanos.

Anderson vivió parte de su niñez en la Liberia de Taylor, donde su papá trabajaba para una transnacional norteamericana. También vivió en Europa y América Latina antes de ser mayor de edad y se inició en el periodismo en el semanario The Lima Times de Perú en 1979. Desde ese momento no ha parado de escribir crónicas que hoy lo tienen como una pluma destacada en The New Yorker.  Anderson también ha publicado sus crónicas en  Harper´s, The Nation, The Guardian, El País y The New York Times.

Estuvo cinco años reporteando la biografía del Che Guevara, tres de ellos en Cuba. Tuvo que ganarse la confianza de la esposa del guerrillero argentino, lo que le abrió su casa, poder sentarse en su escritorio, ojear sus libros y ser uno de los primeros en leer sus diarios. Para conocer a fondo al personaje antes de transformarse en mito viajó por Sudamérica con el compañero de aventuras juveniles del Che, Alberto Granado.

El salón está lleno y hubo hasta lista de espera para sentarse a escuchar a un periodista curtido contar sus historias.  Anderson habla en un perfecto español. Recomienda a los periodistas que investigan que no dejen de ir a la última entrevista que planificaron para armar un reportaje. Pese al tedio o al creer que todo está listo y una entrevista más no va a aportar nada, Anderson cuenta que esa última entrevista con un desconocido general boliviano lo hizo protagonista del quiebre de un silencio militar de décadas sobre el lugar en donde había sido enterrado el Che Guevara.

Consultado sobre las revelaciones de Edward Snowden sobre el espionaje de la NSA, Anderson se manifiesta distante: “Snowden es un espía que decidió divulgarlo todo a un periodista. Esa es una relación sin precedentes. No sé lo que siento frente a él por lo que están haciendo, más allá de que el NSA debe o no vigilar a la gente. No sé lo que siento, porque hay una ideología de por medio. Me siento un poco incómodo porque el hombre principal tras de las revelaciones ha decidido asilarse en la Rusia de Putin.  No me siento cómodo aunque me digan cien veces que no importa donde está Snowden. Creo que sí importa eso. Snowden no está en Costa Rica. Está en donde reprimieron a las Pusy Riot, donde mataron con una bala en la nuca a Anna Politkóvskaya, una gran periodista que hizo cosas muy valientes y que recibió una bala, obviamente por el círculo de Putin, que cegó su vida. Que el mismo hombre está haciendo de anfitrión a espías que deciden convertirse en una especie de divulgadores públicos… Francamente no sé si ustedes se sienten cómodos. Están en su derecho, yo no… Otra cosa es lo que hace la NSA”.

¿Qué piensas de Julian Assange y Wikileaks?

  Assange tiene una cruzada para abrir a los gobiernos y se concentra en los occidentales. No lo hace aún con los chinos o los rusos. Es una opción ideológica. Después de pasar una noche hablando con Assange, que me cayó bien personalmente, tomamos bastante vino, me pareció un anarquista utópico. Si tuviera que definirlo lo definiría como tal.

Reveló cosas escondidas…

  Su investigación es en base a papeles que pertenecieron a otros.  Vivimos en una época en la que queremos que todo sea abierto. Yo mismo participo de esa percepción. Todo lo que sacó Wikileaks me pareció bien. Aunque no me confirmó más que lo que pensé que sabia. No he llegado a una conclusión. Comparto mis dudas, las que siguen abiertas. No me hago enemigo de ellos y tampoco soy un fans.

LA CRÓNICA EN LATINOAMÉRICA

Has colaborado en Etiqueta Negra ¿Qué te gusta del proyecto de Julio Villanueva Chang?

– Es fantástico. He estado cercano de la experiencia de Etiqueta Negra desde su fundación, también de The Clinic en Chile y de otros experimentos, aventuras mediáticas que me parecen loables. Siempre los cito como ejemplo.

¿Tiene futuro la crónica en una sociedad de mensajes constreñidos por lo instantáneo?

– Obvio. Ha habido un boom de la crónica latinoamericana, en el que Etiqueta Negra es un ejemplo. Justamente ante la instantaneidad de internet, hemos visto nacer varios medios que se dedican a hacer crónicas literarias. E s el trabajo del largo formato. El éxito de Etiqueta Negra  demuestra que hay un interés grande para tener este tipo de relato.

ENTREVISTANDO AL DICTADOR

Conociste a Pinochet en persona ¿qué impresión te dio el conocerlo?

– Como un viejo dictador que odiaba la prensa y yo estaba sentado delante de él jalándole la lengua. Eludía en todo momento el tema de los derechos humanos en todos nuestros encuentros pese a que siempre quería llevarlo a ese ámbito. Al final fue un viejo asustado de recibir la justicia por lo que había hecho.

¿Te fue difícil llegar a él?

– Mi acercamiento a los temas y personajes no es científico, es idiosincrático. Trato de ser abierto y justo en mis apreciaciones. Cuando reporteo en un país no me quedo siempre en un mismo círculo, intento siempre salir de la burbuja en la que me encuentro para poder mirar en donde me cae la sombra. Cuando hice el perfil de Pinochet estuve en el círculo del, que era muy claustrofóbico pero que me ayudó a entender la psicología de sus allegados. Era necesario para entender al personaje. Una vez logrado el acceso a él, salí a conocer el entorno de las víctimas y los enemigos del para poder nutrirme del abanico de posibilidades.

Una imagen de Pinochet fue cuando se para de la silla de ruedas al volver de Londres…

– Aunque se paró, luego se hizo el loco. Quiso eludir sus responsabilidades declarándose insano.

Para muchos la muerte lo salvó de la justicia.

– Sus últimos años fueron vividos en un estado de humillación. Quizás ese fue su castigo.

Mauricio Becerra Rebolledo

@kalidoscop

El Ciudadano

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