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Beatriz Preciado, autora del Manifiesto Contrasexual: “Mañana viviremos todos en Guantánamo”

La filósofa española afirma que la heterosexualidad no sólo es una orientación o una práctica, sino que, sobre todo, es el patrón de conducta que el capitalismo aplicó para acomodar la vida íntima y social a su desenvolvimiento económico.

La década del 70 fue el principio del fin de una época de devociones colectivas. Entonces, la modernidad y los grandes movimientos –políticos, estéticos, utópicos– que habían caracterizado el siglo XX comenzaron a dar señales de agotamiento. El historiado Eric Hobsbawm diría después: “La historia de los veinte años que siguieron a 1973 es la historia de un mundo que perdió su rumbo y se deslizó hacia la inestabilidad y la crisis”. En tanto filósofos, sociólogos y críticos coinciden en la descripción de una cultura que, si ya desconfiaba de las certezas provenientes de la ciencia y la historia, otorga ahora valor a lo efímero, lo espectacular y lo heterogéneo.

Con este fondo de incertidumbre en aumento, se recortó la voz de “nuevas” minorías agrupadas según lógicas de identidad incómodas para la moral conservadora: las feministas radicales, los artistas camp (cuya estética fue asociada a la “sensibilidad” gay), el ciberpunk, como modelo de confluencia del pasado con las nuevas tecnologías, los estudios multiculturales (atentos a la incrustación inmigratoria de asiáticos y africanos en el continente europeo), el activismo espontáneo de madres e hijos de desaparecidos por razones políticas, el activismo ecológico. Fue a fines de los 70 que a ese híbrido de anhelos signados por un fuerte escepticismo se lo empezó a denominar posmodernidad.

Es también en esos años que los movimientos de liberación (gay, femenina y/o étnica) se apropian de la expresión queer (en inglés: “raro, extraño o anormal”, usada para denigrar al homosexual y estimular la violencia homofóbica), y le asignan un significado político: reunir voluntades dispuestas a intervenir en acciones contra la discriminación y la represión, tanto de género como de raza.

Con este contexto de nacimiento, la reflexión de Beatriz Preciado reafirma algunas de las premisas capitales del activismo de género que recrudeció en los Estados Unidos en la década del 80. Para empezar: que la heterosexualidad no sólo es una orientación o una práctica sexual  sino que, sobre todo, es el patrón de conducta corporal, la hechura “normal” del deseo, es decir, se trata del “régimen político” que el capitalismo aplicó sobre varones y mujeres para acomodar (regular y controlar) la vida íntima y social a su desenvolvimiento económico. En este sentido, la filosofa española afirma: “El sexo entra a formar parte de los cálculos del poder, de modo que el discurso sobre la masculinidad y feminidad y las técnicas de normalización de las identidades sexuales se transforman en agentes de control y modelización de la vida”.

CUERPOS VERSUS IDENTIDADES

Cuando Beatriz Preciado escribió el Manifiesto contrasexual, estaba doctorándose en Teoría de la Arquitectura, en la Universidad de Princeton. “Fue allí donde entendí, rodeada de arquitectos, que era necesario pensar los procesos de construcción del género en términos de tecnologías del cuerpo. Así empecé a trabajar sobre las prótesis sexuales, las operaciones de reasignación de género, etcétera. En el fondo, el ejercicio era muy simple: se trataba de mirar el cuerpo en continuidad con los materiales y las técnicas industriales de comercialización y consumo que estallan a partir de finales del siglo XIX –y que precisamente coinciden con la invención de las identidades sexuales, de la homosexualidad y la heterosexualidad–, y de la invención de una nueva estética de la diferencia sexual”.

Uno de los escritores estadounidenses que, desde la ciencia ficción, concibió la extensión ética de estos dilemas fue Philip K. Dick. En la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (llevada al cine por Ridley Scout, con el título de Blade Runner), Dick crea la figura del “replicante” que no es otra cosa que la de un prototipo (una ficción tecnológica) creado a imagen y semejanza del hombre (en lo que al cuerpo se refiere), puesto a “vivir” en un medio que, paradójicamente, lo excluye (le niega la identidad humana a pesar de su apariencia) y lo mata. Cuarenta años después de Dick, Preciado propone abandonar esas “ficciones somatopolíticas que generan violencia y producen exclusión” para “inventar quizá ficciones menos restrictivas”, acordes con una necesaria profundización democrática de la existencia. “Dentro de un proyecto de democracia radical, no me parece que podamos seguir trabajando con nociones como las de ´democracia paritaria´ o ´igualdad de derechos de los hombres y las mujeres en democracia´. Creo que habría que arriesgarse a imaginar una democracia que no imponga la identidad sexual y de género como una condición de la ciudadanía y la subjetivación políticas. Sí, por qué no, una democracia contrasexual.”

QUEER VERSUS CLASE

En los textos de Beatriz Preciado hay ademanes conceptuales, ecos amplificados de provocadores de la talla de Jacques Derrida (uno de sus maestros), Michel Foucault, Pilles Deleuze, Judith Butler, Monique Wittig, Walter Benjamín, William Burroughs, Guillaume Dustan, Edward Said, Homi Bhabha, Toni Negri o Michael Hardt. Una cartografía inestable de saberes y abordajes, cuyo punto de convergencia, incluso en el caso Preciado, es la idea de que sólo vale la pena pensar para pensar otra cosa. La regla agita el espíritu insurgente de la española: “El reto contrasexual o queer es dejar de articular la lucha política únicamente a través de la categoría de clase y su sustrato ontológico, el trabajo y el sujeto constituido a través del trabajo. El problema tradicional de la izquierda ha sido pensar las diferencias raciales, sexuales, corporales, culturales, como variables dependientes de la división de clase que aparecía, por otro lado, como la variable independiente y políticamente constitutiva”.

¿Quiere decir que la utopía de un mundo más justo pasa hoy por la impugnación del modelo reproductivo familiar y la libre construcción de la identidad subjetiva?

En Testo yonqui intento, precisamente proponer un análisis sexopolítico de la economía. Le doy la vuelta a la casta noción de fuerza trabajo (incluso inmaterial) y la pienso como fuerza masturbatoria planetaria. Mientras que el dispositivo disciplinario –que definía la sexualidad del siglo XIX– se caracterizaba por una rigurosa continuidad entre sexualidad y reproducción (de ahí la represión de la masturbación y la patologización de la homosexualidad y de otras sexualidades no reproductivas), el dispositivo posterior a la Segunda Guerra Mundial, al que denomino farmacopornográfico, se caracteriza por hacer de la sexualidad una biofábrica de producción a escala global. La pornografía como dispositivo de telemasturbación planetaria, el viagra o la píldora son algunos de los índices de esta mutación de régimen de producción del cuerpo.

¿De qué modo y con qué argumentos explicarías estos postulados a una sociedad ingenua y conformista?

Angela Davis ha elaborado un argumento agudo cuando nos invita a pensar la prisión (un fenómeno que parece marginal) como el modelo del control político de la sociedad en su conjunto. Davis nos enseña que Guantánamo es simplemente un laboratorio en el que se ponen a prueba, de forma “legal”, las técnicas de control, des-subjetivación y exterminio que serán después ampliadas al resto de la población. Dicho de otro modo, mañana viviremos todos en Guantánamo. También aquellos que ahora piensan que es necesario luchar contra el terrorismo a cualquier precio. Creo que en cuestiones de política de género no se ejerce sobre aquellos que pensamos están más oprimidos (las mujeres, los homosexuales, los transexuales…), sino sobre aquellos que, de manera más embrutecida, se ajustan a la norma.

PERSEVERANCIA DE TRABAJO

“Los sistemas nacionales de salud pública están en caída libre. Lo que está ocurriendo es que el cuerpo, sus células, sus elementos constitutivos, incluso el código genético se están convirtiendo en patentes privatizadas que serán objeto de transacciones económicas dominadas por multinacionales. No es posible pensar la música contemporánea sin Sony, o la computación y el intercambio de información a alta velocidad sin Microsoft, del mismo modo que no es posible pensar la sexualidad contemporánea sin Bayer o Pfizer que son dos de los productores más importantes de la píldora anticonceptiva, cuando los estrógenos y la progesterona que ésta contiene son las sustancias farmacológicas más vendidas de toda la historia de la humanidad. Tendríamos que hablar de la era Bayer como hablamos ya de la era Microsoft.”

“La ciencia es la nueva religión de la modernidad. Porque tiene la capacidad de crear, y no simplemente de describir, la realidad. El éxito de la tecnociencia contemporánea es transformar nuestra depresión en Prozac, nuestra masculinidad en testosterona, nuestra erección en Viagra, nuestra fertilidad/esterilidad en píldora, nuestro sida en triterapia. Sin que se vea posible saber quién viene antes, si la depresión o el Prozac, si el Viagra o la erección, si la testosterona o la masculinidad, si la píldora o la maternidad, si la triterapia o el sida. Esta producción en auto-feedback es la propia del poder farmacopornográfico.”

RARA, COMO ECENDIDA

Beatriz Preciado nació en 1970, en Burgos, España. Obtuvo una maestría en Filosofía Contemporánea y Teoría del Género, en la New School University de Nueva York, en la que fue alumna de los filósofos Jacques Derrida y Ágnes Heller. Es profesora de Estudios de Género y Queer en la Universidad Paris VIII y en L´Ecole des Beaux Arts de Bourges. También dirige el proyecto de investigación y producción artística “Tecnologías del género” del Programa de Estudios Independientes del MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona). Formó parte del grupo de Le Rayon Gay (colección de editorial Ballano que dirigó el escritor Guillaume Dustan), que impulsó la emergencia de la teoría queer en Francia, dándole un giro político al activismo de género. En 2000, con ese sello, Preciado publicó Manifiesto contrasexual (un texto de culto, que ya fue traducido a siete idiomas), mientras que en la red circulan ensayos breves tales como “Vigilar y complacer: pornoarquitecturas en las casas Playboy”, “Multitudes queer. Notas para una política de los ´anormales´”, “[email protected]”, entre otros. Espasa acaba de publicar (sólo en España) Testo yonqui, el último trabajo de Beatriz Preciado que la autora define como “un protocolo de intoxicación voluntaria a base de testosterona sintética”, “un ensayo corporal”.

Por María Iribarren

Entrevista publicada en Revista Rumbos, Año 6, Número 273, domingo 16 de noviembre de 2008, págs. 14-16.

Fuente: pueblonuevocba.com.ar

Entrevista de Alejandro Jodorowsky a Beatriz Preciado

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