65 años del fin del Holocausto judío: 1.200 españoles murieron en Auschwitz

El pasado 27 de enero, se celebró el 65 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, donde murieron asesinados millones de seres humanos, la mayoría judíos y, de ellos, 1

Por Wari

31/01/2010

Publicado en

Justicia y DD.HH / Pueblos

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El pasado 27 de enero, se celebró el 65 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, donde murieron asesinados millones de seres humanos, la mayoría judíos y, de ellos, 1.200 españoles.

En 1939, una vez terminada la campaña de septiembre, la ciudad de Oswiecim y sus pueblos cercanos fueron incorporados al III Reich. Al mismo tiempo, los nazis cambiaron el nombre polaco de Oswiecim por el alemán de Auschwitz.

El campo se creó el 27 de abril de 1940, al oeste de Cracovia. El primer convoy, de 728 prisioneros polacos, llegó el 14 de junio de 1940, y fueron encerrados en lo que más tarde se llamó Auschwitz I.

En diciembre de 1940 había más de 8.000 internados. En ese mes, un 10% murió de hambre, por un castigo debido a una fuga.

En octubre de 1941, se construyó Auschwitz II (Birkenau), que acabaría siendo el más importante de los dos campos, y a principios de 1942, según crecía la red de komandos de trabajos forzados, se creó Auschwitz III (Buna-Monowitz).

El 6 de febrero de  1941 se eligió Dwory, lugar cercano al pueblo de Monowitz, a 7 km. de Auschwitz, para construir una fábrica gigante en la que fueron explotados los presos.

Auschwitz ocupaba cuarenta kilómetros cuadrados de superficie, tenía seiscientas barracas y treinta y nueve campos anexos. Los principales eran: Auschwitz I, conocido también como campo base; Auschwitz II, o campo de exterminio; y los campos de trabajo esclavizado de Auschwitz III y Auschwitz Monowitz, al servicio de empresas como Krupp e IG Farben y otras compañías alemanas.

A Auschwitz II, cada día podían llegar 3 o 4 convoyes con 3.000 o 3.500 personas cada uno, que es donde se encontraban los hornos crematorios, en medio de un bosque de abedules, y donde en cada uno de ellos, desde junio de 1940 hasta diciembre de 1944 murieron cuatro millones de personas, la mayoría judíos. Eran unas instalaciones continuamente mejoradas desde el punto de vista técnico por el comandante Rudolf Höss.

El 3 de septiembre de 1941 se llevan a cabo los primeros gaseamientos con Ziclon B en un barracón con 250 prisioneros soviéticos.

Uno de los primeros cuerpos incinerados fue el de la mujer del oficial SS Gerhard Palitzsch, muerta en otoño de 1941, víctima del tifus exantemático, que contrajo al utilizar ropa de antiguas deportadas, robada en los almacenes del campo.

A mediados de enero de 1945, ante el avance de los ejércitos soviéticos, los SS decidieron evacuar el campo. El día 17 se reunían los 67.000 supervivientes de Auschwitz y de sus komandos, y fueron conducidos hacia campos situados en territorio alemán. Este traslado se hizo por carreteras y caminos, con la brutalidad habitual, bajo las más duras temperaturas invernales (en verano, en aquella zona, el clima es caluroso en extremo, y en invierno puede alcanzar los 30 grados bajo cero). Mal vestidos y hambrientos, la inmensa mayoría de los prisioneros fallecerían extenuados, helados, despedazados por los perros o asesinados de un balazo en la nuca.

El último horno del campo fue dinamitado el 26 de enero, un día antes de la entrada de los rusos, que encontraron mujeres y hombres agonizantes en los barracones y en los almacenes, 7.000 kilos de cabellos humanos, 35.000 trajes de hombre y 836.000 de mujer.

Al liberar Auschwitz, el 27 de enero de 1945, los soldados rusos solo encontraron a unas 5.000 personas, y cientos de ellos murieron en los días que siguieron a la liberación.

20 años más tarde, solo quedaban unos 30.000 supervivientes de los tres campos (Auschwitz, Birkenau I y Birkenau II), menos del 1% de los hombres, mujeres y niños que cruzaron aquella puerta.

En Auschwitz, los SS, aficionados al tiro de pichón, utilizaron niños de corta edad como dianas vivientes. Este «afición», la practicaron también con niños judíos que salían clandestinamente del gueto de Varsovia.

Según cuenta Tadeusz Sobolewicz, los muertos se producían a miles en un día cualquiera en Auschwitz: «Por la mañana, el estado efectivo de prisioneros era de unos 25.000 y por la tarde, debido a los accidentes de trabajo, fallecimientos en la enfermería, fusilamientos y selecciones, podía bajar a 24.000.

Un día murieron quince personas a mi alrededor mientras trabajábamos. La mayoría de ellos tenían flemones y ulceraciones. El trabajo era horroroso y el hedor no se podía aguantar. Por la tarde, después del trabajo, al levantar un pedazo de pan a la boca sentí que mis manos, a pesar de lavarlas varias veces olían a cadáveres. Comía aunque cada porción de pan parecía empapada de olor de las personas que se habían ido.»

En la pared del barracón de Auschwitz, uno de los presos dejó escrito su último mensaje:
“Cuando tu cuerpo ya no exista, tu espíritu estará aún más vivo en el recuerdo de quienes se quedan. Haz que pueda servir siempre como ejemplo”.

Los versos se los recitó a Joan Pagés, deportado en el campo de Mauthausen, uno de los prisioneros españoles evacuados por las tropas alemanas cuando Auschwitz fue desmantelado. Aquel hombre, en el que Pagés se vio reflejado en su imagen famélica, le explicó, según le contó a Thomas Buergenthal, que su columna de presos había tardado veintiséis días en cubrir el trayecto entre Auschwitz y Mathausen.

Thomas Buergenthal era uno de los que formaban en la larga fila de prisioneros, y su recuerdo de la marcha de la muerte lo recoge en su libro Un niño afortunado: “No bien empezamos a marchar volví la vista atrás hacia la inmensa extensión de tierra con sus cientos de barracones, edificios administrativos, torres de guardia y cercas de alambre electrificadas. Más lejos, en la distancia, vi los restos parcialmente destruidos de los crematorios que las SS habían intentado demoler. Me costaba creer que estaba marchándome con vida de ese terrible lugar”.

Whitney Harris, el psiquiatra que interrogó a Rudolf Hess, el comandante del campo de exterminio de Auschwitz, reconoce que le pareció una persona normal, sin ningún indicio que indujera a pensar que era uno de los principales responsables del asesinato de millones de judíos. El médico añade que cuando le preguntó por qué participó, dijo que había hecho aquello como hubiera podido talar árboles.

Según los profesores polacos Teresa y Henryk Swiebocki: » El campo se ha convertido en el símbolo del Holocausto, homicidio y terror, infracción de los derechos humanos fundamentales, un ejemplo de las posibles consecuencias del racismo, antisemitismo, xenofobia, chauvinismo e intolerancia. El nombre del campo ha llegado a ser un código cultural específico, empleado para referirse a las relaciones interpersonales más negativas, y un sinónimo de la crisis de la civilización y cultura contemporáneas».

Fuentes texto y fotos: www.elperiodicoextremadura.com, www.magazinedigital.com,  www.memoriahistorica.org, www.elperiodicodearagon.com, Los campos de concentración nazis (Rosa Toran), El holocausto de los republicanos españoles (Eduardo Pons Prades), www.ushmm.org, holocaustoenespanol.blogspot.com

OBISPO BRITÁNICO WILLIAMSON PERSISTIRÍA EN CALIFICAR EL HOLOCAUSTO DE «MENTIRA»

Berlín, 30 ene (EFE).- El obispo británico Richard Williamson, que en abril deberá declarar ante un tribunal alemán por negar el Holocausto, persiste en calificar el exterminio judío perpetrado por los nazis de «enorme mentira», según adelanta hoy el semanario alemán Der Spiegel.

La publicación, que sale a la venta el lunes, alude a correos electrónicos internos de la Hermandad de Pío, seguidora del cismático francés Marcel Lefevre, en los que Williamson descarta que perecieran seis millones de judíos.

El obispo critica en esos textos, además, que sobre ese «dato» del Holocausto «se construyó un orden mundial nuevo».

Para el obispo Williamson (en la foto), sólo se trasladó «a 1,3 millones de judíos deportados» de los campos de exterminio de Treblinka, Madjanek, Belzec y Sobibor a la región de la Unión Soviética ocupada por el Ejército nazi pero no perecieron en las cámaras de gas.

En una entrevista concedida a la televisión sueca desde Alemania hace más de un año, el obispo británico negó que hubiese habido un asesinato sistemático de judíos en las cámaras de gas durante el Tercer Reich.

La negación del Holocausto en Alemania constituye un delito penal y la fiscalía de Ratisbona (sur de Alemania) impuso a Williamson una multa de 12.000 euros contra la que éste interpuso un recurso, forzando que su caso fuese objeto de un proceso penal.

La negación del Holocausto por Williamson generó un escándalo en todo el mundo pues se produjo casi simultáneamente con el anuncio del levantamiento por parte del Vaticano de la excomunión que pesaba sobre él y otros seguidores de Lefevre.

Por Agencia EFE

Foto: www.epa.eu

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