Corporación Raíces sobre comercio sexual de menores: “Las redes de explotación se ocupan de mantener esto bajo cuerda”

Un reportaje de la británica BBC sobre trata de personas apuntaba que en América del Sur, el 39% de dicho fenómeno corresponde a menores de edad, según el último Reporte Global de Tráfico de Personas de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés).

 

La directora de la ONG Raíces, Denisse Araya -que, a su vez forma parte de la articulación de organizaciones de la sociedad civil «Bloque por la Infancia»- apunta que este es un problema vivo en Chile. «El principal mercado en el  mundo es la explotación sexual, después de las armas y las drogas. ¿Por qué Chile iba a estar exento de ello?», señaló a El Ciudadano.

Una mirada integral es una mirada de derechos

Subraya que el problema es «pelear porque haya derechos para los niños». Y ello implica una mirada de la totalidad de la crisis que actualmente ocurre, y que se expresa en la desarticulación de la legislación al respecto: «por ejemplo, el actual proyecto que se debate en el Congreso partió unido en un solo cuerpo y hoy está dividido en tres y no cuenta con recursos».

En general, apunta que la legislación habida, sin atender en la práctica las disposiciones de la Convención Internacional de la los Derechos del Niño, asumida en 1990, «viene de una visión en la cual los niños son un objeto que se mueve de aquí para allá pero nunca tiene derechos, nunca es parte de la solución. Es objeto de protección, y no pasa a ser un sujeto de derechos».

Agrega que hay que mirar la infancia también más allá del Sename, e integrando las diversas dimensiones de la vida para que puedan activamente incorporarse a la sociedad: «los niños duermen, necesitan cobijo, un montón de cosas. Aquí hay una cosa transversal que debiera estar en los ministerios con un sistema que pudiese llegar al territorio en el caso de los niños más vulnerados».

Por el contrario, muchas veces se utilizaría la infancia como un tema útil para reunir adhesión electoral: «no se necesitan oficinas que aparecen y desaparecen cuando hay que votar y que los alcaldes utilizan para fines particulares».

También se expresaría en la desarticulación de las iniciativas que funcionan en torno a la combatir la explotación infantil y adolescente. Araya señala que «hay 18 proyectos a nivel nacional que trabajan la reparación del daño de niños y niñas víctimas de explotación. Pero están desvinculadas unas de otras».

Entonces, señala que se produce una dinámica en que entre distintas instancias, cada una por su cuenta, se trasladan las responsabilidades: «Como está todo fragmentado para la niñez y adolescencia, cuesta unir una red proteccional que involucre de salud, educación, y todos los ámbitos necesarios para que una persona se pueda desarrollar armónica e integralmente, abarcando la salud mental y la prevención». Ello generaría «una lógica de ‘este es problema del Sename’, o ‘este es problema de no sé dónde, pero no mío'», explica.

Explotación sexual infantil y adolescente

 

Resulta complejo, en la impresión de Denisse Araya, levantar datos sobre la explotación sexual infantil y adolescente, especialmente porque se mantiene activamente oculta y los mismos infantes no entregan datos, por amenazas o sencillamente por creer que el comercio sexual es su propia opción: «Los datos son bien débiles porque igual son delitos. Las redes de explotación se ocupan de mantener esto bajo cuerda».

Agrega la directora de Raíces que incluso hay poca investigación al respecto. «Hay algunos reportes que indican que hay 2 mil niños víctimas de comercio sexual. Pero no hay una cifra oficial. La explotación es mucho más amplia. Hay una investigación de 2004 que hicimos con el Sename, la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y la Universidad Arcis, que habla de 3 mil 719 víctimas en seis regiones del país. Creemos que es muchísimo mayor y esto también expresa la omisión del Estado».

El principal sesgo de la información es que se levanta a partir de casos que ya han llegado a manos de autoridades. «Esos niños han llegado a través de alguna una red proteccional, derivados de jueces etc. ¿Qué pasa con a los que no llegan los planes?», interroga. Así, se vuelve invisible la relación de infantes y adolescentes, el contexto social en que se desenvuelven, y su origen: «Después se le echa la culpa a la familia. Que también ha vivido la misma violencia o más», advierte Araya.

En ese sentido, es la propia vida social la que deteriora las relaciones humanas: «los niños tienen que haber pasado mucho y desde muy temprano para ejercer el comercio sexual. Al final del día se entregan a cambio de un hot dog, a cualquiera que les entregue un mínimo de afecto. Aunque sea violencia».

Por último, Denisse Araya cuestiona el oportunismo de la política al escandalizarse tardíamente y, en particular, por la situación del Sename: «Habemos organizaciones que estamos hace 30 años, yendo al senado, al Congreso, diciendo qué se debe hacer y ahora se hacen los escandalizados».

El Ciudadano

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