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Juan Pablo Sutherland: “La ciudad neoliberal ha borrado el deseo”


Publicó hace poco un libro dedicado a la cultura dandi en Latinoamérica. “Mi corazón marica siempre ha sido dandi”- confiesa Juan Pablo Sutherland, escritor y activista de la diversidad sexual, con quien conversamos sobre el deseo en los espacios públicos, la identidad gay construida, el colonialismo cultural y sobre las lecturas a la teoría queer que se hacen en Latinoamérica, donde a su juicio, “antes de tener teoría queer, tuvimos literatura o más escrituras disidentes”.

Hace ya más de una década el vespertino La Segunda titulaba con sus características letras rojas que el Fondart financiaba una obra gay, en referencia al escritor Juan Pablo Sutherland y su primera obra, Ángeles negros, generando un debate cargado de prejuicios en una transición que en función del consenso obliteraba discusiones como la de la diversidad sexual.

Pasaron los años y Sutherland tuvo que enfrentar la negativa de la Fundación Gabriela Mistral para incluir sus textos en una antología de literatura homosexual chilena: A corazón abierto. Geografía literaria de la homosexualidad en Chile (2002). Hoy un gobierno de derecha promueve un Acuerdo de Vida en Pareja para normalizar las relaciones entre personas del mismo sexo y la publicación de las cartas de la pensadora y poetisa mostraron en forma evidente su vínculo amoroso con Doris Dana a los custodios de la pureza de la obra de Mistral a la par que Sutherland dirige un Taller de Narrativas y Sexualidades críticas en el propio GAM.

Además de la escritura, Juan Pablo Sutherland se ha dedicado al activismo, siendo uno de los fundadores del Movilh, muchos años antes de la hegemonía de Rolando Jiménez. También publicó el libro de cuentos Santo Roto (1999) y Nación Marica (2009), donde reúne ensayos para pensar la disidencia sexual desde Latinoamérica. En julio, Sutherland inicia un curso de teoría queer y post-identidades en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, a la vez que trabaja en un nuevo libro de ensayos dedicado al cruce entre performance, colonialismo y escrituras.
El año pasado amplió su genealogía con Cielo Dandi, escrituras y poéticas de estilo en América Latina, publicado en Buenos Aires, libro en que Sutherland pasa revista al “desacato de muchos de estos escritores por la figura del intelectual o el escritor canónico, es decir, una inflexión o desmontaje de la representación de las  masculinidades de su tiempo”.

Un comentario a tu libro “Cielo Dandi, escrituras y poéticas de estilo en América Latina”, infiere la recopilación como las bases de un “inútil arte de exhibirse”. ¿Qué te incitó a escribir el libro?

– Fueron varios los momentos y acontecimientos que me impulsaron a meterme al territorio cultural del dandismo o cierta política de pose de autores en la historia cultural de América Latina. Mi corazón marica siempre ha sido dandi en la idea de pensar una pose cultural para re-inventar críticamente la cultura. Llegue a Cielo dandi en la pulsión de muchas lecturas de autores chilenos y latinoamericanos como Mariátegui, Valdelomar, Roberto de las Carreras, Juan Emar, Huidobro, Salvador Novo entre algunos. Pero quizá lo central fue cierto desacato de muchos de estos escritores por la figura del intelectual o el escritor canónico, es decir, una inflexión o desmontaje de la representación de la  masculinidades de su tiempo, desacatos que los hacía volverse frívolos y muy banales, altamente estetizados, que  me parecieron muy atractivos como figuras disolventes de la noción del intelectual latinoamericano, llegando a erosionar muchos mitos y zonas altamente centrales en la representación del escritor y su rol como intelectuales de la ‘nación’.

Desarrollas una idea de lo dandi en oposición a la productividad capitalista.

– En otro horizonte le debo al escritor  uruguayo Roberto Echavarren, esa idea del dandi que renuncia a la cultura burguesa y se vuelve altamente productivo simbólicamente, pero que renuncia a la productividad capitalista emergente en inicios del siglo XX. La inutilidad choca con la secuencia capitalista y eso me sedujo mucho. De alguna manera, el dandismo re-constituido en América Latina, vino a remover protocolos de comportamientos, a disolver escenografías culturales y dar un toque excentricidad no alineada con el poder. Su gesto de exhibición planteaba una política de pose, como diría Silvia Molloy, una pose que todavía en esos contextos, no constituía una política de identidad homosexual, pero que simulaba, escapaba o se servía de ella.

Dicho libro junto a A corazón abierto. Geografía literaria de la homosexualidad en Chile  se sostienen en el desentierro de escritos y escritores, su relectura a través de un hilo nuevo que los une ¿qué te motiva a desarrollar dicha arqueología?

– Hay una reflexión bien interesante sobre el gesto del archivista y sus relaciones con la noción de la arqueología en Foucault propuesta por Deleuze. Si bien el trabajo que he desarrollado ha realizado un levantamiento topográfico de la cierta textualidad homosexual en la historia literaria chilena, me interesa más la noción de perseguidor de genealogías. Es decir, me interesan las cajas de herramientas foucaultianas en la idea de pensar operaciones que vayan en la perspectiva de la indagación de discursos, pero rastreando de maneras localizadas, discontinuas, saliendo de linealidad positivista de la historia.

En tu primera genealogía abordaste el tema del homoerotismo en textos chilenos.

– Teniendo como horizonte lo anterior, creo que la búsqueda de textos chilenos que trabajaban ciertas representaciones de la homosexualidad, o de sexualidades no-normativas, son relevantes en la pulsión propia por  pensar ¿cómo se han construido los imaginarios de la Nación?, ¿cómo se ha neutralizado imaginarios no canónicos presentes en la cultura? Ese ejercicio me llevo a ver diferentes textos que construyeron en la literatura chilena cierto imaginario homosexual cruzado con la clase, con  lo popular, con lo político, con lo corporal, todos estos, sitios o anclas posibles de re-visitar. Con mi libro Cielo Dandi, la idea fue indagar  poéticas de estilo y protocolos de comportamientos que constituyeron un punto de fuga o una pose anti-hegemónica en diferentes momentos de la historia cultural latinoamericana. De alguna manera me interesa minar las historias canónicas, y generar nuevos horizontes y vías de aproximación a diferentes zonas y textos.

EL DESEO Y LA CIUDAD

¿Qué efectos trajo para el devenir urbano los ciber cafés?

– En mi libro Nación Marica, hay un texto donde hablo del impacto de los cambios en la arquitectura del deseo en la ciudad y viceversa. Es decir, la intervención y remodelación de actual Plaza de Armas, vino a construir en un gran descampado que dejó atrás esa Plaza romántica de pueblo grande, plaza 0 del país, que se repitió en todas las ciudades de Chile. ¿Cuál es la idea?,  la Plaza de Armas como centro en algún momento de la historia política de la ciudad, cobijó en su andamiaje circuitos y habitantes que le dieron una productividad simbólica, tráficos de deseo múltiples, locas, putos, vividores, paseantes nocturnos que le daban una atmosfera sexual y urbana potente y productora de culturas locales y nocturnas. De alguna manera, todavía quedan algunos residuos de aquella cartografía sexual, pero la ciudad neo-liberal ha borrado el deseo, lo ha dejado enclaustrado en el mercado gay, en la disco, en el ciber, en el cuarto oscuro. Yo prefiero la ciudad como un gran cuarto oscuro. De alguna manera ha rentabilizado ese deseo tránsfuga virtualizado en la cabina. Sin duda que ese desplazamiento ha creado nuevas formas y circulación, re-invención de virtualidades y representaciones, pero que dejó a la ciudad como una postal donde los cuerpos de deseo, se volvieron virtuales, cuestión no menor, y que por otro lado, vuelve a re-poner otras formas de construir deseos, cuerpos y subjetividades.

¿Qué sensaciones te provoca el llamado barrio gay friendly de Santiago?

– Es provocador pensar que cruzando al otro lado de Alameda, a cuadras del barrio gay, casi frente a Lastarria, sucediera la brutal agresión  a Daniel Zamudio que terminó matándolo. Eso quizá da cuenta que un espacio liberado por el mercado y por ciertas políticas de identidad gay, no basta para disolver la agresión, la homofobia y la segregación del sistema hegemónico en la urbe. No necesitamos barrios ni cines gay, necesitamos la ciudad libre, la escuela libre, la universidad libre. Creo que un barrio puede ayudar a la visibilidad, pero no nos confundamos con espejismos, el simulacro de que vivimos como si, estuviéramos en NYC, como si estuviéramos en Londres, se precipita contra el muro de la violencia y la agresión cuando nos enteramos de las violencia hacia travestis en diferentes partes de Chile o las discriminaciones que vemos a diario en la ciudad y no solo a homosexuales, lesbianas y trans, sino que a inmigrantes, a pobres o a los estudiantes.

MATRIMONIO IGUALITARIO

La agenda política de la diversidad sexual se ha centrado en el último tiempo entre el Acuerdo de Vida en Pareja o el Matrimonio Igualitario ¿hay otros caminos de discusión posibles o han sido invisibilizados?

– El escenario de estas demandas, en medio de las campañas electorales es sintomático por una parte del avance de cierta política de normalización de los movimientos homosexuales más institucionalizados, como el Movilh integracionista de Rolando Jiménez o la Fundación Iguales, entre los más notorios, cuestión que en sí misma es legítima por decirlo de alguna manera. Es decir, las demandas son válidas en tanto puedan dar señales o resolver zonas donde la discriminación, la homofobia y las desigualdades son evidentes. Mi problema con estas demandas se sitúan en zonas donde la legitimidad exigida al Estado se vuelve una panacea hegemónica, una causa cerrada en sí misma, sin densidad respecto al ordenamiento cultural que sostiene el propio sistema. Para ser más claros, están demandas no pueden hegemonizar la agenda de la gran diversidad de personas que viven su sexualidad y sociabilidad no- normativas en diversas formas. Es decir, como bien dice Judith Butler, ¿tenemos que contentarnos sólo con el deseo de legitimidad que nos entrega el Estado para existir?

  ¿Qué opinas de la recepción de las teorías queer en América Latina?

– El año pasado fui invitado por la Asociación de Estudios de Homocultura de Brasil, por la Universidad de la ciudad y grupos queer y de disidencia para participar y dar una conferencia sobre mi trabajo en un encuentro impresionante, más de quinientas personas de todas las áreas y disciplinas, discutiendo diferentes territorios de la diversidad sexual y estudios queer. Inicie mi conferencia con la idea que en América Latina antes de tener teoría queer, tuvimos literatura o más escrituras disidentes. Creo que ese comienzo y esa tesis, le hizo sentido a gran parte del público asistente.

Pero ¿hay alguna tensión en su reproducción en Latinoamérica?

– Quizá la problematización de la teoría queer se tensiona desde la perspectiva que  su traducción es un problema político, e intentar realizar esa operación puede traer los inconvenientes de despolitizar el cuestionamiento interno que trae consigo la noción o categoría. Me parece que el recorrido o la operación queer local, no es solo realizar la ventriloquia queer paródica o su performance en el habla. Hay que  pensar en la imposibilidad de su traducción desde las operaciones culturales locales operando en diferentes zonas y cartas de navegación, que puedan citar torciendo nuevas políticas, nuevas prácticas de torsión de las identidades.  Para mí la literatura como practica cultural ha sido una zona donde se ha cuestionado las categorías de clase, de cuerpos heteronormativos, de sujeto, de identidad, cuestión relevante para entender que la teoría queer, podemos pensarla como una práctica en si misma de desmontaje, pero que tiene que adquirir significados propios desde su ejercicio político-estético-localizado. Geo-referenciado.

Beatriz Preciado lamentaba en una entrevista que las lecturas que hacen de obras como la tuya o la de Pedro Lemebel en Estados Unidos será en el mejor de los casos objeto de una folklorización exotizante, un efecto no muy distinto del que Said denominó “orientalismo” ¿cómo ves tú esto?

– Creo que son operaciones posibles, y que obviamente hay un contexto de tráfico de saberes y una  relación problemática de la académica con el eje norte-sur histórica. En ese sentido es necesario problematizarla en varias direcciones. Tengo muchos amigos en Estados Unidos en la academia que están conscientes de estas posibles operaciones (y algunos han trabajo sobre ello) y sin duda que el gesto metropolitano muchas veces ha vuelto textos y personajes, fetiches despolitizados de sus contextos. Creo que la atención no es solo debe estar ubicada  en una posible colonización cultural sino más bien, en como los textos por si solos, se arman y desarman en el entramado cultural dominante. Beatriz apunta bien, yo por mi parte, sostengo que hay que salir de esa secuencia y construir una relación donde el mapa no sea la representación metropolitana del saber, sino que vamos por el desalojo o expropiación de esas formas de colonización.

Mauricio Becerra R.
@kalidoscop
El Ciudadano

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