Luisa Toledo: “Me sirvió mucho cultivar la tierra”

Luisa Toledo, madre de los hermanos Vergara, asesinados en 1985 por carabineros, contó a El Ciudadano de su negativa a dar entrevistas a los medios tradicionales, nos explica el porqué los días de protesta los chicos de las poblaciones de Santiago salen a enfrentarse a la policía, cómo la logrado superar el dolor cultivando su […]

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Autor: Mauricio Becerra
25/03/2009

Luisa Toledo, madre de los hermanos Vergara, asesinados en 1985 por carabineros, contó a El Ciudadano de su negativa a dar entrevistas a los medios tradicionales, nos explica el porqué los días de protesta los chicos de las poblaciones de Santiago salen a enfrentarse a la policía, cómo la logrado superar el dolor cultivando su jardín y que el cariño de la gente es lo más importante para seguir luchando.

A diferencia de todos los otros años para la conmemoración del Día del Joven Combatiente, Luisa Toledo no pasará este año en la Villa Francia. Está enferma y cansada, a sus 70 años no puede soportar ver como una manada de tipos se atrincheran frente a su casa de la Villa Francia, para reprimir a adolescentes y jóvenes que cada 29 de marzo salen a protestar. Los tipos llevan el mismo uniforme que los que en 1985 mataron a Rafael, Eduardo y Pablo, sus 3 hijos. Y los chicos que cada año se enfrentan a la policía se parecen mucho a ellos.

Tuvieron que pasar 23 años, 18 de ellos en democracia, para que se hiciera justicia. En mayo del año pasado los carabineros Francisco Nelson Toledo Puente, Jorge Segundo Marín Jiménez y Alex Vicente Ambler Hinojosa fueron sentenciados a una pena de 10 años de prisión. Claro que un cuarto implicado, Marcelo Segundo Muñoz Cifuentes fue absuelto.  Hoy continúa vistiendo el uniforme de Carabineros de Chile.


Luego de 23 años de impunidad al final la justicia condenó a 3 de los asesinos de sus hijos ¿por qué creyó tanto tiempo en ella?

– Yo no creo en la justicia de ese palacio del centro. Si la última vez que estuve allí me sacaron arrastrando entre 10 gendarmes porque me puse a gritar por qué si el 2003 el juez Muñoz determinó que en el caso de la muerte de mis hijos hubo un asesinato con premeditación y alevosía, aún los culpables estaban impunes. Tuvieron que pasar 5 años para que se dictara sentencia.

¿Por qué no quiere dar entrevistas a los medios?

– Porque son todos de un mismo dueño. Me da pena porque llegan cabros jóvenes a pedirme entrevistas, dicen tener buenas intenciones, pero cuando vuelven a sus medios entregan el material que sacaron con uno a un jefe que le recorta su noticia. El otro día vino un chico de La Tercera, que insistió mucho y hasta quería pasar con nosotros la noche del 29 de marzo. Tenía la mejor de las voluntades, pero al final le dije que trabajaba para unos jefes que usan esa buena disposición suya..A nosotros nos editan de una forma que cambian todo lo que dijiste, transformando todo el sentido.

El año pasado en el relato de la velatón a sus hijos que dieron en los noticiarios de televisión se insinuó que ustedes formaban a niños en la violencia

– En el acto con el que todos los años recordamos a mis hijos, el año pasado participaron  algunos niños que habían escrito algo sobre la fecha, cosas como que el 29 de marzo murieron allí Eduardo y Rafael, que eso se siente en la población, que hay gente triste. Entonces los medios nos acusaron que estábamos haciendo la cultura de la violencia y que usábamos a esos niños para mandar un mensaje violento. Eso fue muy duro, si un canal dijo que obligábamos a los chicos a leer las cosas que ellos mismos habían escrito. Hagamos lo que hagamos lo van a tergiversar.

LA VIOLENCIA EN LO COTIDIANO

¿Por qué los chicos salen a protestar un 29 de marzo y un 11 de septiembre?

– Hay una violencia de parte del sistema que dejó Pinochet y que administra la Concertación. Los jóvenes de las poblaciones sufren la violencia todo el año. Porqué entonces insisten en la violencia del 29 de marzo, si dicha violencia ocurre a diario.

¿En qué se expresa esa violencia?

– En la falta de trabajo, la mala educación y que no hay muchas oportunidades cuando tu eres pobre. Los colegios del barrio son malos, nos dijeron que se acabarían con las colas en los consultorios y hay que ir a las 6 de la mañana para sacar una hora y que te atiendan, también hay mucho consumo de pasta base. Por algo los chicos de Vitacura o Las Condes no salen esa noche a protestar, sino que la protesta la protagonizan los jóvenes de las poblaciones.

CAMBIAR LA CONSTITUCIÓN

¿Usted vota?

– No

¿Por qué?

– Porque no creo en el sistema de representación actual. Si de todos los que esperábamos un avance sólo nos cabe una decepción. Lagos mandó a hacer el Informe de la Tortura y no se puede acceder a él en 50 años, o los que participaron en torturas tienen protegidos sus nombres ¿Por qué nos imponen ese secreto?

¿Qué espera entonces de las organizaciones sociales y populares que hagan?

– La izquierda se está reconstruyendo lentamente. El Partido Comunista lo ves arrastrándose por un puestecito en el Congreso. Me da una pena porque lo dejan esperando, no los reciben y después les dicen: ‘ya tomamos los acuerdos y no los necesitamos’. Tanto que aguantan, digo yo, para tener un puesto entre 120 en la Cámara. Si lo que hay que hacer es cambiar la Constitución.

¿Pero esa lenta reacción por algo será?

– Es complejo, pero el daño de la dictadura fue muy fuerte. Al pueblo nos cagaron. Nuestra familia era entregada, estábamos en todas y nos jugamos. De repente me matan 3 hijos. Me mataron y hoy estoy con psiquiatra y tomando remedios aún, luego de tantos años. Si acá se aplicó una política del terror; se mató gente, se degolló, piensa lo que es eso, o cuando quemaron a Rodrigo Rojas, ese instante de echarle combustible a alguien y ese segundo de que un militar prende un fósforo…. Es pavoroso.

¿Y aún opera ese terror?

– Sí, por ejemplo, el sonido del helicóptero se nos quedó grabado en la memoria. Y aún nos asusta cuando vuelven a volar las noches del 29 de marzo o del 11 de septiembre. Se aplican aún muchas técnicas del terror. Suma a eso la pobreza, que transformó al pueblo en casi esclavos en esos trabajos acarreando piedras, del Pen y el Poj. Creo que no hemos hecho una catarsis de todo eso. Somos chilenos y seguimos con esa mentalidad de echarle pa’ delante, no más, a como de. Como que no hay tiempo para llorar y hacer una catarsis de todo aquello que vivimos.

CULTIVANDO LA TIERRA

Le mataron 3 hijos ¿cómo se sobrevive a eso?

– A mí, debo confesarte, que me liquidaron. Durante muchos años estuve muerta, pasaba llorando todos los días, intenté suicidarme 3 veces y no me resultó. Pasé por todas. Y hoy debo decir que tuve mucha suerte, porque la gente de la Villa Francia nunca nos dejó solos.  Cuando estaba postrada me venían a dar comida, me venían a sacar a pasear, me llevaron a hacer Tai Chi y  Reiki. No quiero hablar de mi experiencia como un caso especial, si nosotros sufrimos lo mismo que un montón de gente: la pérdida de la vida de gente que amamos. ¿Cómo le voy a contar esto a La Tercera?

¿Qué rescata de todo aquello que vivió?

– Que nadie puede quedar solo. Somos un pueblo que camina junto. Si cae uno, la familia sufre mucho. Esa familia no puede quedar sola, tenemos que ir a ayudarla y estar con ellos. Visitarlos, llevarles un quequito, acompañarlos durante la tarde. Creo que a la izquierda le falta cariño. Al principio cuando me invitaban a hablar me refería a mis hijos, a la rabia, al dolor. Después me fui dando cuenta de que eso no tenía sentido y había que hablarles a los cabros de que no cometieran los mismos errores, que se cuiden y que se quieran.

¿Y qué hizo para superar esto?

– La tierra a mí me sirvió mucho, cultivarla y centrarme en un jardín. Cuando estábamos en la dictadura no había tiempo y concentrada en la lucha política te das cuenta de que no te sirve mucho eso. La tierra era poco política, pero después recuerdo que empecé a cavar la tierra y tuve un huerto con hartas hortalizas, después me dio por las flores. Y eso me ayudó a calmar el alma, me relajó, concentrarse en ver como la belleza de las cosas se transforma en cada estación… Me preguntaba por qué seguía pegada en la muerte de mis hijos cuando contemplaba esa maravilla. Por qué no pueden haber renacido y empecé a creer en la transformación de la energía que va más allá de uno. Entendí que la vida la cruza a uno, no que le pertenece.

¿Y con el tiempo ha visto las cosas de algún otro modo?

– No puedo seguir pensando en mis hijos después de muertos. Ellos vivieron 18, 20 y 25 años y, como todos, vinieron con una misión a esta vida. Y me pregunto yo a los 70 años, si mi misión es sufrir. Con el Manolo, mi compañero, a veces nos preguntamos sobre ¿cuál es nuestra misión? Seguir hablando, seguir hablando, me dice él.

¿Qué le pareció la protesta de los secundarios el 2006?

– Quedé asombrada y me sentí feliz. Partí en bicicleta a ayudar a los cabros de los colegios del barrio, les llevaba frutas y comida. Lamentablemente se los comió la mesa de diálogo. Me llamó la atención la claridad con que hablaba cualquiera, no sólo los dirigentes. Me recordaron al Pablo, mi hijo. Y veo esas protestas en Grecia hace poco, en Francia o Islandia. Creo que la gente está reaccionando.

¿Para qué sirve protestar?

– Si te están aplastando tienes que hacer algo, por lo menos decir que no estoy de acuerdo, ‘déjenme tranquilo’ o ‘sabís que cacho exactamente lo que estás haciendo conmigo, si no soy tan huevón’.


Maurcio Becerra R.

@kalidoscop

El Ciudadano


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