es Spanish

Privacidad, seguridad y censura en EE.UU.

Según William Binney, un matemático que trabajó para la NSA durante 40 años, las nuevas computadoras que se han instalado en lo que será la millonaria sede de Utah pueden almacenar datos a 20 terabytes por minuto -esto es, toda la información de las diez bibliotecas más grandes del planeta en un breve instante. Despreciada por décadas, la NSA bajo la dirección del General Keith B. Alexander ha asumido el rol de compilar listas de potenciales terroristas.

 “Escribo porque hay alguna mentira que quiero dejar al descubierto”

George Orwell

“Pueden encarcelarme o juzgarme, pero no silenciarán la verdad”, ha dicho este 17 de junio de 2013 Edward J. Snowden, el ex-analista que se ha convertido en disidente de conciencia contra las mentiras de las élites militares, corporativas y políticas de Washington.

Justo cuando se cumple un año del asilo en la Embajada de Ecuador en Reino Unido de Julián Assange y ha comenzado el juicio a Bradley Manning, el soldado que renunció a una vida cómoda para filtrar en Wikileaks las atrocidades de Iraq y la diplomacia de EEUU, ha estallado otro escándalo de proporciones colosales.

Un grupo valiente de periodistas de The Guardian reveló que Edward Snowden, nacido en 1983, empleado de la poderosa contratista de seguridad Booz Allen Hamilton, había dejado atrás una novia, un contrato seguro y advirtió sobre la existencia de PRISMA, un programa oficial de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) para recolectar toda la información de los usuarios de compañías de Internet como Microsoft, Google, YouTube, Skype, AOL, Apple, Twitter y Facebook.

Según Snowden, su misión consistía en acceder ilegalmente a la información militar y económica de países como China así como datos comprometedores de distintas personalidades. Sus palabras textuales fueron: “Hackeamos los backbones de la red – son como grandes routers de internet, básicamente – que nos dan acceso a las comunicaciones de cientos de miles de computadores sin tener que hackear a cada uno” (“South China Morning Post, junio 2013).

El programa PRISMA pasó de ser una lista de tareas antiterroristas a una proto-versión del Gran Hermano que imaginó George Orwell en su novela 1984 donde el mundo futuro no existía sin control extremo. Aunque muchos rechazaron su existencia, ya podían conjeturarse sus rasgos cuando fue publicada la Directiva Presidencial Nro. 20, un seco informe de 18 páginas donde se establecían las políticas de ciberseguridad y la definición de blancos estratégicos para ciberataques.

Snowden, tras su escalofriante recriminación, desapareció misteriosamente en Hong Kong ante el temor de ser asesinado por lo que sabe y no perdió tiempo en aclarar su atrevida posición: “No quiero vivir en un mundo donde se registra todo lo que hago y digo. Es algo que no estoy dispuesto a apoyar o admitir” (The Guardian, junio, 2013).

Según William Binney, un matemático que trabajó para la NSA durante 40 años, las nuevas computadoras que se han instalado en lo que será la millonaria sede de Utah pueden almacenar datos a 20 terabytes por minuto -esto es, toda la información de las diez bibliotecas más grandes del planeta en un breve instante. Despreciada por décadas, la NSA bajo la dirección del General Keith B. Alexander ha asumido el rol de compilar listas de potenciales terroristas.

El punto es que no existe una delimitación exacta de lo que es terrorismo; tampoco hay credibilidad en quienes manejan los sistemas de seguridad. Mucho menos hay apoyo ante la insólita confirmación de la existencia de un Tribunal Secreto denominado por sus siglas FISA (Foreign Intelligence Surveillance Act) que emite órdenes jurídicas clandestinas.

El mítico Daniel Ellsberg de los Papeles del Pentágono, ha reconocido que la filtración de Snowden prueba un golpe institucional. Aturdido, desenmascarado ante el mundo, el Presidente de EEUU ha intentado forjar como disculpa que “no puede haber 100% de privacidad y 100% de seguridad”. La aporía paternalista: debemos vigilar al pueblo para que sea libre. También ha dicho Obama, de un modo desvergonzado, que PRISMA se reduce a colectar números y no contenidos. Quien no confía, pide un voto de calma para su caótico plan de gobierno.

De no haberse producido esta filtración sumada a la de Wikileaks, sólo elucubraríamos vagamente que las élites estadounidenses cometen estos delitos, pero ahora se cuenta con evidencias y testigos. Sin duda alguna, hemos alcanzado un punto sin retorno en el siglo XXI contra el monopolio de dominación coactiva autoritaria y esto me lleva a concluir que la filtración, lejos de ser un acto de traición, es una emboscada imprescindible contra la impunidad. Se repite sin argumentos que los jóvenes se han convertido en zombies incapaces de combatir el sistema dominante; Bradley Manning y Edward Snowden refutan esa idea porque apenas tienen 22 y 29 años y han causado una debacle inesperada a los poderosos.

 Fernando Báez (*)

*Autor de la Nueva historia universal de la destrucción de libros y El saqueo cultural de América Latina.

Facebook Comments

4,250,654FansMe gusta
173,411SeguidoresSeguir
292,054SeguidoresSeguir
16,500SuscriptoresSuscribirte

Edición Impresa El Ciudadano

- Advertisment -

Más Leídos

- Advertisment -