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Siria: el compromiso inalcanzable

“Es mejor una mala paz que una buena guerra”, se dice. Parece que no es tan cierto. La situación en Siria, que un par de semanas atrás parecía resuelta, se complicó de nuevo. La euforia de primeros días tras alcanzar el acuerdo para destruir armas químicas del régimen de Bashar al Assad fue sustituida por nuevas complicaciones.

La conferencia “Ginebra-2”, que fue llamada por EE.UU. y Rusia para solucionar finalmente la crisis Siria, tiene todas las posibilidades de fallar. La fecha ya fue cambiada desde el principio de noviembre al fin del mes o principio del próximo. La razón no es solamente la diversidad y desunión de grupos opositores al mandatario sirio, la mayoría de los cuales son islamistas que llegaron a Siria desde países vecinos para pelear y no están interesados en llegar al acuerdo.

Al Assad en este sentido parecía mucho más prudente y dispuesto a negociar. Hasta hace una semana, cuando en su entrevista con el canal de televisión libanés Al Mayadeen criticó la próxima conferencia y las fuerzas internacionales que están tratando de resolver el conflicto. El señor Assad, incluso, expresó su intención de participar en elecciones presidenciales de 2014, que es el punto inaceptable para oposición.

El próximo paso “hostil” del mandatario sirio fue la desvinculación de viceprimer ministro Kadri Djamil, el representante de oposición moderada y el líder del Frente Popular por cambio y liberación, que fue nombrado poco más que un año atrás en medio de las protestas. La razón no fue ocultado: a al Assad no le gustaron “contactos no autorizados” con las autoridades occidentales. Djamir fue el primer representante del régimen oficial sirio quien se reunió con el Ministerio de Asuntos Exteriores estadounidense hace un par de días. Según los medios, la reunión se trataba de la mencionada conferencia “Genebra-2”. El mandatario sirio, dicen expertos, consideró a Djamil como el probable rival político en las elecciones 2014.

Mientras tanto, el futuro de arsenal nuclear sirio tampoco es claro. El país firmó un compromiso de entregar todas sus armas, pero el problema es que la mitad de estas no pueden ser destruidas en el territorio sirio. Y ni sus vecinos ni los países europeos están dispuestos a ser el polígono y recibir 500 toneladas del gas sarín. Turquía, Jordania y Noruega ya rechazaron la oferta de EE.UU. Rusia prometió ayudar económicamente.

En estas circunstancias, la resolución del conflicto – que ya costó la vida de 100 mil personas – la cual parecía tan cerca, puede continuar por mucho más tiempo. Pero en este caso se corre el riesgo que los países vecinos pierdan la paciencia. Arabia Saudita ya expresó su descontento con la débil posición de EE.UU. y puede tratar de resolver el problema por su cuenta. Arabia y Catar, que son los estados sunitas, no soportan ni a las autoridades shiitas de Siria (donde la mayoría de la población es sunita), ni su aliado Irán; y hace tiempo están ayudando y controlando a los islamistas que luchan contra al Assad. Con el mandatario sirio, a su vez, mano a mano están peleando los libaneses de Hezbollah, una organización que, tanto como Al-Quaeda, es reconocida como terrorista entre países de Oeste. Y si la situación no se resuelve, se puede empezar la guerra religiosa en todo el Próximo Oriente.

Por Maria Akbulyakova

El Ciudadano

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