Esta región juega un papel importante en los mecanismos de regulación del clima global

Amazonía: El Pulmón verde del planeta en peligro

La construcción de hidroeléctricas, la tala ocasionada por la industria maderera y la expansión de la producción agrícola y ganadera entre las principales causas de su deterioro

La Amazonía, el pulmón verde del planeta se encuentra en peligro inminente, advierten diferentes estudios realizados por organizaciones ecologistas y especialistas del Medio Ambiente.

Con una extensión de 7 millones de kilómetros cuadrados que se distribuyen en nueve países de América del Sur (Brasil, Colombia, Venezuela, Perú, Bolivia, Guyana, Guayana Francesa, Ecuador y Surinam), alberga el 15% de todas las plantas terrestres conocidas y alrededor del 10% de los mamíferos.

El perezoso, el mono araña, la hormiga bala, la rana dardo venenosa, la anguila eléctrica, el delfín rosado y el jaguar son algunas de las especias emblemáticas que solo habitan esta región de la Tierra. En una hectárea de su selva se pueden encontrar hasta 300 especies distintas de árboles.

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Foto: Web

Posee el segundo río más largo del mundo, el Amazonas, con una longitud de 6.400 km que representa una quinta parte de toda el agua fresca que desemboca en los océanos y el hogar de la mayor diversidad de peces.

No obstante, en las últimos años la construcción de hidroeléctricas, la tala y la quema que ocasiona la industria maderera; así como, la expansión de los sectores agrícola y ganadero para la producción de materias primas como; la soja, el aceite de palma, la caña de azúcar, la carne entre otras, cada día incrementan el daño ecológico en esta importante y sensible zona para la conservación de la seres vivos.

Junto a los océanos y las regiones tropicales, la Amazonia es fundamental para la regulación del clima global. En este gran ecosistema se realiza un enorme intercambio con la atmósfera de gases como el CO2 o el vapor de agua, vitales para mitigar el cambio climático.

Daño irreparable

Un estudio publicado en Nature advierte sobre el daño irreparable que se podría ocasionar con la aprobación de más de 500 proyectos hidroeléctricos. Alertan que en este momento están operando o en construcción 140 represas, pero que hay 428 más que se encuentran en espera del permiso para operar a lo largo de la cuenca del río Amazonas, cuyo caudal en el tramo principal es de 2 mil kilómetros hasta llegar al Atlántico.

Aseguran que la enorme dimensión del río no significa que pueda soportar el impacto de 568 hidroeléctricas, pues cada vez que sus aguas pasen a través de las infraestructuras, irían perdiendo sedimentos y nutrientes que le dan la vida durante todo el trayecto.

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Calculan que sólo en su último tramo el Amazonas transporta entre 800 y 1.200 millones de sustratos al año. Un 60% de estos sedimentos podrían quedar atascados si todas estas hidroeléctricas se construyen. Afectando la base de una extensa línea coralina en la costa americana y los manglares de las Guayanas y el norte de Brasil. Así como el aporte de la región amazónica al clima regional condicionando la generación y movimiento de las tormentas tropicales del Caribe. La ausencia de los sedimentos en la zona costera también abrirá paso a la erosión marina y la intrusión salina en los acuíferos.

La escala de vulnerabilidad de 1 a 100, creada por el estudio, concluye que algunos ríos de la franja andina, como el Marañon (ubicado en el Perú), tienen un riesgo de 72, debido a que en su trayecto hay un estimado de 104 hidroeléctricas de más de un megavatio operando o que podrían activarse. Mientras que el río Madeira (comprende parte de Brasil, Bolivia y Perú), el índice supera los 80 puntos.

Afectaciones a la salud

Un nuevo estudio publicado en la revista científica de Brasil Epidemiologia e Serviços de Saúde va un poco más allá y explora sus impactos en la salud. Concluye que los casos de dengue en el estado de Rondonia en la Amazonía brasileña se incrementaron 2.7 veces con la construcción de las hidroeléctricas Jirau y San Antonio.

Explica que entre el 2000 y el 2008 las cifras del estado llegaban a 5.470 pacientes, pero entre el 2009 y el 2013, cuando se construyeron los proyectos, el promedio anual de casos aumentó a 14.708.

Industria Maderera

Un informe de 127 páginas de Greenpeace, titulado “Árboles imaginarios, destrucción real”, advierte que exportaciones hacia Estados Unidos y Europa de maderas preciosas de Brasil, como el lapacho, alimenta un comercio ilegal que devasta a la selva Amazónica.

La investigación involucra a 37 compañías estadounidenses como los principales clientes que venden madera “con indicios de ilegalidad” para la fabricación de escritorios o muebles de jardín. Seguidas de empresas de Francia, Portugal, Bélgica y Holanda.

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El reporte afirma que madereros y funcionarios corruptos brasileños ejecutan sofisticados esquemas que permiten talar majestuosos árboles mucho más abajo de lo permitido, sin ningún impedimento.

“Podemos decir que es casi imposible garantizar que la madera de la Amazonía brasileña haya salido de operaciones legales”, afirmó Rómulo Batista, de la campaña Amazonía de Greenpeace Brasil. Al tiempo que insta a los compradores de países ricos a ser conscientes de lo que están importando.

Los lapachos están dispersos en la selva, talarlos exige destrucción a gran escala. “Víctimas de su propia magnificencia, los lapachos son fácilmente avistados en el medio de la Amazonía”, explica el informe de Greenpeace. Una vez procesados para pisos y otros productos, el metro cúbico de este árbol puede llegar a costar hasta 2.500 dólares para exportación.

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Greenpeace asevera que las compañías estadounidenses importaron 10.171 metros cúbicos de lapacho entre marzo de 2016 y septiembre de 2017, y que once países de la Unión Europea importaron de forma colectiva 9.775 metros cúbicos en el mismo período.

“El alto valor del lapacho (…) lo vuelve lucrativo para los madereros ilegales que se adentran en lo profundo de la selva”, subraya Greenpeace. “Madereros inescrupulosos destruyen la selva con carreteras ilegales, invadiendo de forma ilegal áreas protegidas y tierras indígenas, degradando la selva y a veces cometiendo actos de violencia contra las comunidades” locales, apunta.

La Cuenca Amazónica alberga a más de 30 millones de habitantes, de los cuales 220.000 pertenecen a 180 tribus indígenas que viven en el interior de la selva, a veces con la clara intención de permanecer aisladas y no entrar en contacto con otras personas de quienes desconfían.

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