Elecciones en Brasil: No será fácil derrotar al bolsonarismo

Artículo del abogado especialista en Relaciones Internacionales y exasesor de la Convención Constitucional, Javier Pineda Olcay, sobre el panorama electoral de Brasil luego de los comicios presidenciales del pasado domingo.
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Brasil / Política / Portada

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Por Javier Pineda Olcay

Este domingo 2 de octubre de 2022, en Brasil, se realizó la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Votaron 123.679.629 personas, las cuales representan el 79.05% del padrón electoral conformado por más de 150 millones de personas. El 48.43% (57.258.115 personas) de los votos fueron para Lula Da Silva, mientras que el 43.20% (51.071.277 personas) de los votos fueron para Jair Bolsonaro. Más atrás se quedaron Simone Tebet, del MDB, con un 4.16% (4.915.306 votos) y Ciro Gomes, del PDT, con un 3.04% (3.599.201 votos). Sin superar el 1% de los votos quedaron relegadas las candidaturas de Soraya Thronicke (Uniao); Felipe D’Avila (Novo); Padre Kelmon (PTB); Léo Péricles (UP); Sofía Manzano (PCB); Vera (PSTU) y Constituinte Eymael (DC).

Al no alcanzar ningún candidato la mayoría de la votación, el 30 de octubre se realizará la segunda vuelta entre Lula y Bolsonaro. Suponiendo que vota un número similar al de esta primera vuelta, Lula requiere sumar a lo menos la mitad de los votos de Ciro Gomes, quien fue su Ministro de Integración Nacional entre 2003 y 2006. De todas formas, para los resultados en las segundas vueltas no sólo se deben realizar cálculos aritméticos, sino que estos 30 días de campañas – sobre todo por la maquinaria mediática a favor de Bolsonaro – pueden alterar el resultado. Más aún cuando las encuestas auguraban una mayor diferencia entre Lula y Bolsonaro, lo cual se traducía en una diferencia de a lo menos 10 millones de votos, sin embargo, esta se estrechó en las elecciones a 7 millones de votos y a un poco más del 5% de diferencia entre ambos candidatos, cuando la mediana de estas encuestas anunciaba una diferencia mayor a los 10 puntos.

En este artículo se analizarán lo que representa cada proyecto político en esta segunda vuelta y como queda el panorama del Congreso Nacional y de las gobernaciones, luego de las elecciones que se dieron de estas instancias en la misma fecha que la elección presidencial.  

El proyecto que representa Lula da Silva: contención democrática al neofascismo

Lula da Silva ha sido la figura política más importante de Brasil en las últimas cuatro décadas. Líder sindical durante la dictadura, parlamentario, candidato presidencial por el Partido dos Trabalhadores (PT) y Presidente de la República Federativa de Brasil por dos periodos, entre el 01 de enero del 2003 hasta el 31 de diciembre de 2010, dejando la presidencia con niveles de aprobación superiores al 80%. Luego fue sucedido por Dilma Rousseff, quien gobernó desde el 2011 hasta el 2016, año en que fue destituida por el Congreso. En ese mismo año, Lula comenzaría a enfrentar una operación judicial en su contra, la cual lo tuvo más de 500 días tras las rejas y le impidió ser candidato a la presidencia en las elecciones de 2018. Luego de que se comprobó el fraude cometido por el juez Sergio Moro, en complicidad con la Fiscalía, fue absuelto de todos los cargos penales en su contra.

El proyecto de los 13 años de gobierno del PT estuvo caracterizado por una amplia reducción de la pobreza (30 millones de personas salieron de la pobreza); amplia política de subsidios para erradicar la pobreza, destinada principalmente a sectores excluidos de la sociedad; amplio aumento de la cobertura educacional, creando más de 200 escuelas técnicas y 18 universidades, todas ellas gratuitas; ampliación de políticas habitaciones y de atención sanitaria, entre otras medidas que beneficiaron a grandes sectores de la sociedad. En el plano de la política internacional, fue un actor clave de los BRICS y de la integración latinoamericana, política que se espera que repita en un nuevo gobierno. No obstante, la corrupción también fue un elemento que caracterizó a los gobiernos del PT, lo cual sería utilizado hábilmente para el impeachment contra Dilma; para la prisión de Lula y para las elecciones de 2018 donde se impuso Bolsonaro.

En esta sexta candidatura presidencial que Lula da Silva enfrenta, podemos caracterizar su proyecto como uno “anti-bolsonarista”, convocando a fuerzas políticas y sociales desde la izquierda hasta la centroderecha.

El clivaje está puesto entre “autoritarismo” y “democracia”. Esto explica que su compañero de fórmula en la vicepresidencia es Gerardo Alckmin, ex candidato presidencial el 2018 e histórico militante del Partido da Social Democracia Brasileira (PSDB), partido de centroderecha. Actualmente Alckmin se encuentra militando en el Partido Socialista Brasileiro (PSB). Sus principales propuestas en materia económica y social son similares a aquellas que implementaron durante los gobiernos del PT y que muchas de ellas han sido desmanteladas por Bolsonaro.

A pesar de lo anterior, el partido más relevante de la izquierda brasilera – el PSOL – ha decidido apoyar a Lula en primera vuelta, motivados principalmente por la amenaza que representa Bolsonaro.

El proyecto que representa Jair Bolsonaro: neoliberalismo autoritario o neofascismo

Jair Bolsonaro, desde su triunfo en las elecciones presidenciales del 2018 y durante estos 4 años de gobierno, ha liderado un proyecto neoliberal autoritario, también caracterizado como neofascista. Su liderazgo radica en la figura de Bolsonaro, quien ha logrado articular a sectores militares, empresarios – principalmente del agronegocio y del sector financiero – y sectores populares conservadores pertenecientes en su mayor medida a iglesias cristianas. Estos sectores han sido denominados en el Congreso coloquialmente como la “triple B”: Balas (sectores armamentistas); Buey (agronegocio) y Biblia (sectores cristianos conservadores).

La expresión de estos actores en el plano electoral está constituida por los partidos que componen la coalición gubernamental: el Partido Liberal (PL), al cual pertenece Bolsonaro y el candidato a vicepresidente Walter Braga Netto; el Partido Republicanos (con alta presencia de sectores evangélicos) y los Progressistas (PP).

Esta coalición encarna un proyecto político racista, misógino, homófobo y neoliberal, que es continuidad de las políticas que ha implementado el gobierno de Bolsonaro durante estos cuatro años. Su mala administración de la pandemia provocó más de 700.000 muertes por Covid-19; ha reducido sustancialmente el gasto en salud y educación; ha desmantelado derechos laborales y ha congelado el salario mínimo; ha privatizado empresas públicas como la empresa estatal de electricidad; ha aumentado exponencialmente la deforestación de la selva amazónica y sus políticas neoliberales tienen a más de 30 millones de personas con hambre. Esto ha provocado que su apoyo popular se reduzca, no obstante, sigue teniendo a amplios sectores completamente fieles a su liderazgo, expresados en ese 43% que ninguna encuesta fue capaz de prever.

Elecciones de Gobernadores y del Congreso Nacional

Paralela a las elecciones presidenciales se realizaron las elecciones de gobernadores en los 27 estados de Brasil. En 15 de ellos la primera vuelta fue suficiente para elegir a sus gobernadores, mientras que en 12 estados se realizará una segunda vuelta en conjunto a la segunda vuelta presidencial.

Nueve de los quince gobernadores electos apoyan a Jair Bolsonaro. Este es el caso de los gobernadores de Paraná (Ratinho, del PSD); de Mato Grosso (Mauro Mendes, de União); de Acre (Gladson Cameli, del PP); de Distrito Federal (Ibaneis Rocha, de MDB); de Goiás (Ronaldo Caiado, de UB); de Minas Gerais (Romeu Zema, de Novo); de Roraima (Antonio Denarium, del PP); en Rio de Janeiro (Claudio Castro, del PL) y en Tocantins (Wanderley Barbosa, de Republicanos).

Por su parte, sólo seis de los gobernadores electos apoyan a Lula da Silva. Estos son los gobernadores de Ceará (Elmano de Freitas, del PT); de Río Grande do Norte, (Fátima Bezerra del PT); de Piauí (Rafael Fonteles, del PT); de Amapá (Clécio Nunes, de SD), de Maranhão (Carlos Brandão, del PSB) y de Pará (Helder Barbalho, de MDB).

En cuanto a las elecciones del Congreso, el Partido Liberal, obtuvo 99 diputados en la Cámara de Diputados, 23 más de los que tiene en la actual legislatura. En el senado, eligieron 8 senadores como PL y 20 de los 27 escaños electos en estas elecciones apoyan a Bolsonaro. Además, eligieron al diputado federal más votado de Brasil en Minas Gerais, Nikolas Ferreira.

El partido União Brasil consiguió 59 escaños en la Cámara de Diputados; el Partido Progresista 47 diputados; el Partido Social Democrático 42 escaños. En total, el bloque de partidos que apoyan a Bolsonaro obtuvieron 247 de 513 diputados, casi la mitad.

Por su parte, los “partidos de izquierda” eligieron a 138 diputados federales. La coalición Brasil da Esperança, conformada por el Partido dos Trabalhadores (PT), Partido Comunista do Brasil (PCdoB) y el Partido Verde (PV) eligieron 79 diputados, mientras que entre los otros partidos de izquierda que apoyaron a Lula alcanzaron 59 escaños. Entre estos últimos se encuentra Guillerme Boulos, ex candidato presidencial del PSOL, quien obtuvo más de un millón de votos en Sao Paulo como candidato a diputado federal, superando al hijo de Bolsonaro como el diputado más votado de este estado.

Las elecciones del Congreso no fueron buenas para la coalición de Lula, pues en caso de ser electo como Presidente, le será muy difícil construir mayorías en ambas Cámaras.

Segunda vuelta presidencial

Los resultados de la primera vuelta dejan en buena posición a Lula da Silva, quien debiese vencer en el balotaje, pues solo requiere un 1,5% de los votos para alcanzar la mayoría en la elección. Estos votos pueden ser obtenidos del electorado de Ciro Gómez o de Simone Tebet, a pesar de que ellos no llamen a votar por Lula. Por su parte, Bolsonaro tiene el panorama más difícil, puede debe crecer en más de 7 millones de votos, para lo cual no solo requiere convencer a gran parte del electorado de los otros 9 candidatos que compitieron en la primera vuelta, sino que también tendría que ser capaz de movilizar a personas que no concurrieron a votar en esta primera vuelta, lo cual es difícil en un país con voto obligatorio. No obstante, sus redes mediáticas y presencia en redes sociales son mayores a las que tiene Lula, por lo cual puede ser un factor desequilibrante en la elección.

Sin embargo, aún con el triunfo electoral de Lula en la segunda vuelta la amenaza del bolsonarismo seguirá existiendo y los temores a un golpe de Estado seguirán presentes si es que el resultado es estrecho. Por ello, para asegurar un triunfo no sólo será necesario vencer en las elecciones, sino también defender el triunfo en las calles, como ya lo han anunciado fuerzas políticas y sociales de Brasil. Derrotar al bolsonarismo no será tarea fácil.


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