Raúl Zibechi:

«El gran pecado del progresismo es asumir el programa de la derecha»

Entrevista realizada por la revista Tejer a Raúl Zibechi en el marco del lanzamiento del libro “Estados para el despojo: del Estado Benefactor al Estado Neoliberal Extractivista”, escrito junto a Decio Machado, y publicado en Chile por Editorial Quimantú. La actividad se realizó en el Espacio Laura Allende, el pasado sábado 29 de octubre (Santiago de Chile).

Por Rodrigo y Víctor

-Primero que nada, queríamos consultarte respecto a cómo ha sido tu visita por Chile este año 2022, considerando que tuviste un viaje anterior a este país en noviembre del 2019, en plena revuelta popular, en el marco del encuentro América LeAtina Desde Abajo, organizado por la misma Editorial Quimantú. ¿Qué matices puedes identificar?

-Bueno, han pasado justo tres años, pero ha pasado un océano de por medio. La pandemia y todo lo que la rodeó, y ha pasado todo el proceso constituyente y el triunfo aplastante del rechazo. Entonces, encontré una situación muy distinta a la de tres años atrás, pero una situación de mucha diversidad en los diferentes espacios. Lo que encuentro es que hay desde personas y sectores muy golpeados y deprimidos por esta derrota y otros que se reafirman en que “la constituyente” no era el camino. Entre medio, un abanico muy grande de posiciones y sentimientos distintos.

Y bueno, no es lo mismo el sur que el centro. En el sur encontré una fuerte disposición de lucha, de resistencia. En Valparaíso, con los grupos que estuve, que eran de tendencia libertaria, también encontré unas fuertes ganas de seguir adelante.

Yo creo que es un momento muy difícil para los chilenos y las chilenas de izquierda, vinculados a los movimientos y a las luchas, y que va a haber que apelar a los saberes, a las historias y a los imaginarios para superar esta situación

En la visita anterior del 2019, estábamos en el contexto de la presentación de otro libro, “Nuevas Derechas, Nuevas Resistencias”. Respecto a ese tema, ¿Cómo ves la situación actual?

-Bueno, yo creo que si hay algo que se ha confirmado en toda América Latina, y también en Chile en particular, es la emergencia de una situación nueva desde el punto de vista de las derechas, que va de la mano de militarización, o sea un papel importante de los aparatos represivos en la calle, controlando a la población y reprimiendo. Un papel importante de las iglesias evangélicas y pentecostales, y un papel importante del narcotráfico. A caballo de esos fenómenos hay una nueva derecha mucho más radical, mucho más fortalecida. Y eso es un desafío muy grande para nosotros, porque estas situaciones llegaron para quedarse, hay una reconfiguración de las derechas. La derecha actual ya no es solo pinochetismo, es algo más, y ese plus es un desafío enorme. Lo estamos viendo en Brasil, con Bolsonaro, y lo estamos viendo en toda la región.

La derecha aunque sea derrotada electoralmente, no es derrotada políticamente. Petro gana en Colombia, pero la derecha está ahí, muy bien plantada para seguir adelante y para volver al gobierno. Lo mismo pasa en Argentina.

En ese contexto, otra línea de su trabajo ha sido la lectura crítica de los llamados “progresismos latinoamericanos”. ¿Cómo ves la situación hoy en día en Nuestra América?

-Muy compleja, porque los progresismos están asumiendo la función de la derecha. En Argentina, la represión al pueblo Mapuche, que es muy fuerte en este momento, la está llevando el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández, o sea, el progresismo. En Brasil, Lula vuelve al gobierno de la mano de la derecha neoliberal; Geraldo Alckmin es su vicepresidente, acompañado de toda una serie de partidos de ese sector. Entonces, el gran pecado del progresismo -ni que hablar de Boric-, es asumir el programa de la derecha. La militarización de Wallmapu hoy, no tiene nada que envidiarle a los gobiernos de Piñera y de la Concertación. Entonces, hay una opción por asumir la postura, el programa y el lugar de la derecha.

Mientras tanto, no se libera a los presos de la revuelta. Eso sería un gesto, porque no es una medida revolucionaria el indulto a los presos de la revuelta, pero no se hace. Hoy hay más presos mapuche que nunca en la historia. Entonces estamos en una situación compleja, porque siento que hay una fusión progresismo-derecha, y eso nos coloca en un lugar de un desafío enorme y de una enorme soledad para los movimientos que seguimos luchando contra el capitalismo.

A propósito de los movimientos y las resistencias, ¿Dónde están las resistencias al capitalismo hoy en día, de acuerdo a su análisis?, ¿Dónde vemos esos destellos de comunidad y organización que germinan en lógicas distintas a la de los progresismos y de la agenda neoliberal-capitalista?

-Están en todas partes. Están en las áreas rurales, allí donde hay minería, donde hay megaobras de infraestructura o monocultivos. Están en las zonas urbanas donde hay gentrificación y negocio inmobiliario, o sea, extractivismo urbano. Y están en cada lugar donde hay sectores populares dispuestos a resistir. Pueblos originarios, pueblos negros, campesinos, habitantes de las periferias urbanas. Este es un tema; yo diría que no hay un gran movimiento de resistencia, pero hay una gran cantidad de iniciativas de resistencia, muy potentes, muy bonitas y muy fuertes. Wallmapu es uno de los epicentros de esta resistencia.

Pensando en esas resistencias dispersas, en distintos lugares, ¿Qué pasa con las izquierdas?, ¿Hay alguna posibilidad de conectar hoy en día, de disputar, de construir alguna alternativa desde esa vertiente?

-Creo que las izquierdas han perdido lo único que uno no puede perder, que es la identidad, que es una base fundamental de la izquierda, de diferenciación con las derechas. Y como pienso eso, creo que hoy no hay que pensar más en términos de derecha/izquierda. Creo que hay que pensar en otros términos, como autonomías o resistencias reales. Y me parece que eso es más útil que pensar en términos de derecha/izquierda, que siempre se traduce en términos de política electoral o parlamentaria.

Para terminar. ¿Cómo ves la situación de Chile en el marco geopolítico?

-En el marco geopolítico, yo veo que Chile, que siempre estuvo bajo la esfera de influencia de Estados Unidos, está haciendo guiños muy profundos a China. Ahora está con el TPP11 que es Pacífico y es Asia, pero además tiene alianza estratégica con China, porque el grueso de sus exportaciones van a China, alimentos y cobre van a China. Entonces yo creo que ahí hay una inteligencia de la burguesía chilena y del aparato estatal chileno, de decir, bueno, este es un hegemón, que está creciendo y con él tenemos que tener buenas relaciones. Son simplemente intereses económicos y políticos.

No sé si estaría virando al eje chino, pero al menos tendiendo un brazo hacia Asia-China, por esa inteligencia de que allí hay negocios y hay mercados que no se pueden subestimar para sus intereses.

Por Rodrigo y Víctor

Entrevista publicada originalmente el 3 de noviembre de 2022 en la revista Tejer.


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