El cambio climático incide concretamente en la pobreza de los suelos áridos

Las bacterias y hongos del suelo enriquecen y fertilizan las tierras, favorecen la producción de alimentos, el ciclo de nutrición de la tierra y actúan como un procesador del CO2 que emitimos a la atmósfera cuando quemamos combustibles fósiles (petróleo, gasolina, etc)

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Las bacterias y hongos del suelo enriquecen y fertilizan las tierras, favorecen la producción de alimentos, el ciclo de nutrición de la tierra y actúan como un procesador del CO2 que emitimos a la atmósfera cuando quemamos combustibles fósiles (petróleo, gasolina, etc).

Pese a ello, existe un gran desconocimiento sobre cómo el cambio climático afectará a estos organismos, particularmente en zonas áridas.

Estos micro-ecosistemas cubren el 41% de la superficie terrestre y alojan al 38% de la población humana. Estudios recientes apuntan a que la extensión de las zonas áridas puede aumentar hasta en un 23% en todo el mundo, como consecuencia del cambio climático antropogénico. Es fundamental conocer los efectos de este cambio, tanto en las bacterias y hongos del suelo como en los procesos ecosistémicos que dependen de estos organismos.

Un equipo internacional de investigadores de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), en España, en un estudio liderado por Fernando Tomás Maestre, concluye  que el aumento de la aridez disminuye la cantidad y diversidad de bacterias y hongos del suelo en zonas áridas. El trabajo se publica en Proceedings of the National Academy of Sciences, por el profesor de ecología.

“Nuestros resultados sugieren que el incremento de aridez predicho para finales de siglo XXI disminuirá la abundancia y diversidad de las comunidades microbianas del suelo en las zonas áridas a nivel global, lo que puede repercutir negativamente en la capacidad de estos ecosistemas (…), como el mantenimiento de la fertilidad del suelo”, afirma Maestre.

Los autores describen el posible mecanismo detrás de estos cambios y explican que ante la disminución de vegetación, ya el CO2 de la atmósfera –que producimos los humanos– no es absorbido como debiera. El CO2 es alimento para los árboles (y vegetación en general), que a su vez renuevan los suelos. Por lo tanto, la disminución de microdiversidad en el suelo se ve precipitada, al no recibir el CO2 que la alimenta. Es un circulo vicioso, y la única manera de revertirlo es a través de la acción humana.

Esta clase de estudios, sumados a cientos que se llevan a cabo en diversas áreas de la ciencia, son los que sistemáticamente apoyan la idea de que existe una fase del cambio climático provocada por los humanos. Saber cuáles son las aristas de este fenómeno es el primer paso para cambiar la forma en que la humanidad se relaciona con su medio.

Fuente, NCYT


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