Aparece en Argentina un Kakuy, un ave mítica en vía de extinción

Habitantes de la ciudad de Santiago del Estero en Argentina están asombrados por la aparición de un ejemplar de del ave Kakuy (Nyctibius griseus), que se encuentra en Centroamérica y Sudamérica, desde Nicaragua al país austral, pero que salió de su habitad común y se posó en un árbol de la Plaza Libertad.

El ave, despertó la curiosidad de los espectadores y un grupo de estudiantes se detuvo a observar e inmortalizar el espectacular momento con fotografías y vídeos.

Pocas veces se ha registrado este pájaro fuera de su hábitat y en entornos tan cercanos al contacto con seres humanos. Sus hábitos nocturnos y su excelente capacidad de camuflaje hacen difícil localizarla en pleno día.

Es conocido popularmente como kakuy y su nombre científico es Nictibio urutaú, un pájaro fantasma, de estaca menor y hacedor de leyendas. También le llaman ayaymama, pájaro bruja, pericoligero, biemparado norteño, la serenera, guaimingüe, entre otros nombres.

Se trata de una especie de ave caprimulgiforme de la familia Nyctibiidae, considerada una de las más sorprendentes de América Latina y cuyo hábitat se localiza en las sabanas y bosques tropicales secos y húmedos, hasta los 1.500 metros sobre el nivel del mar.

Su distribución se extiende en países como Colombia, Argentina, Ecuador, México, Bolivia, Brasil y Paraguay.

Kakuy tiene un tamaño aproximado de entre 33 a 50 centímetros y su peso oscila entre 200 y 251 gramos. Posee una peculiar apariencia con un plumaje finamente rayado en el que predominan los tonos marrón y grisáceos que facilitan su camuflaje entre los troncos y ramas de los árboles mientras se encuentra en total reposo.

El ave tiene una cabeza ancha y plana con grandes ojos amarillos o en ocasiones anaranjados, los cuales resultan atractivos mientras resplandecen en la oscuridad. Sus alas y cola son largas, pero sus patas son cortas.

Conductualmente el Nictibio es solitario y generalmente no vuela durante el día, porque permanece descansando en los árboles con los ojos medio cerrados, resultando casi imperceptible.

Es un insectívoro de hábitos crepusculares y nocturnos que en ocasiones devora también otras aves pequeñas. Generalmente es un ave silenciosa, pero posee un canto similar a los lamentos de un humano.

Esta curiosa especie solo pone un huevo, es de reproducción lenta, no fabrica nidos, pues en su lugar lo coloca sobre la depresión de una rama o tocón de un árbol haciendo gala de una técnica y precisión que impide que este se caiga.

Su postura es grande, es blanco y posee ciertas manchas grises, marrones y lilaceas, cuyo cuidado se turna en el día para el macho y la hembra al caer la noche, que de igual forma se reparten el trabajo de suministrar alimento al pequeño polluelo que cuando nace posee un plumaje blanco y sedoso.

Protagonista de una leyenda

Existen muchos relatos acerca de esta peculiar ave, que encierran en ocasiones supersticiones ligadas a brujas o entes diabólicos y lo relacionan con la muerte. Otros aseguran que viene del más allá para dar buena fortuna a los familiares de algún difunto.

Ricardo Rojas en “El país de la selva” recrea la leyenda del kakuy: “Vive en la selva un pájaro nocturno que al romper el silencio de las breñas estremece las almas con su lúgubre canto”.

La leyenda cuenta la historia de dos hermanos: él bueno y solícito; ella glotona (se relaciona con la enorme boca del ave) y despreciativa.

El hermano cansado de soportar sus desplantes la convence con engaños para subir a buscar miel a un árbol muy alto donde, talando las ramas inferiores, la abandona a su suerte.

Entonces, ella empieza a llamarlo: “¡Turay! ¡Turay!” (¡Hermano! ¡Hermano!) y al no tener respuesta se va transformando en el ave que pasa las noches llorando y clamando. Por eso en la región se le dice kakuy a la persona que llora mucho.

Una segunda historia

Otra versión proveniente de los jíbaros de Ecuador y registrada por Lehmann-Nitsche, habla de Aóho, una muchacha enamorada de una deidad lunar, un hombre, al cual intenta seguir al cielo subiéndose por una liana, pero el hombre corta la liana y la mujer cae convertida en ave que canta desesperada “aishirú, aishirú” (mi marido, mi marido).

El urutaú de los guaraníes o kakuy de los quechuas, es un ave pariente de los atajacaminos, notable por su coloración críptica; es decir, con colores y diseños parecidos al sustrato donde se posa, lo que la oculta eficazmente a la vista de sus presas y sus enemigos.

La especie, a pesar de no estar amenazada a nivel global según la evaluación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, organización internacional dedicada a la conservación de los recursos naturales, la sitúa en un estado de conservación denominado LC (Preocupación menor).

Sin embargo, ha sufrido ataques por parte de personas supersticiosas y al igual que muchas otras especies podría correr riesgo de extinción debido a la dificultad para sobrevivir por destrucción de su hábitat.

Mucha de su historia natural es desconocida y requiere de más investigación y divulgación para fomentar la conservación y el respeto hacia tan emblemática especie.

Búhos, gavilanes y halcones: el contingente de aves rapaces al servicio de Putin

La venta ilegal de aves sudamericanas, un negocio lucrativo a escala mundial

4,207,661FansMe gusta
130,131SeguidoresSeguir
289,387SeguidoresSeguir
16,412SuscriptoresSuscribirte

Más Leídos

Contraloría no realiza «observaciones» por viaje de hijos de Piñera a...

A través de un informe despachado durante la jornada del viernes, la Contraloría General de la República no realizó observaciones sobre el...
- Advertisment -

Edición Impresa El Ciudadano

- Advertisment -