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Científicos trabajan en un combustible ‘verde’ para aviones a base de CO2, agua y luz solar

Este combustible libera solo la cantidad de CO2 que se extrajo de la atmósfera, por lo tanto no genera emisiones.

El cambio climático está causando estragos en el planeta  y los pronósticos del gas de efecto invernadero no asoman un panorama alentador en un futuro inmediato. Sin embargo, algunas empresas comprometidas con un entorno menos contaminado apuestan a alternativas “verdes”.

En este sentido, científicos de una empresa suiza trabajan en el desarrollo de combustible de aviación a partir de agua, energía solar y CO2, algo que promete buenos resultados.

La factoría es conocida con el nombre de Synhelion, que a mediados de mayo acordó, junto al Grupo Lufthansa, ETH Zurich y Clime-works, acelerar el lanzamiento de un combustible sostenible que reduzca las emisiones de CO2 y prepararlo para su posterior producción a escala industrial.

Synhelion fue fundada en 2016 y tiene un historial exitoso en la investigación y desarrollo de tecnología que busca reemplazar los combustibles fósiles por combustibles sintéticos económicamente viables que reduzcan las emisiones del CO2 neto hasta en un 100 por ciento.

¿Combustible a partir de CO2, agua y luz solar?

Estos procesos innovadores permiten extraer el dióxido de carbono de la atmosfera, que al unirlo con el agua y someterlos a la luz solar concentrada, se convierte en un gas de síntesis que se puede utilizar en la producción de combustible para aviones.

“Cuando se quema un hidrocarburo, con oxígeno, se libera energía y productos de la combustión que son CO2 y vapor de agua. Conceptualmente, este proceso se puede revertir, como lo hacen las plantas con la fotosíntesis y como lo hace nuestro método de recombinar agua y CO2 en hidrocarburos”, explica el físico Gianluca Ambrosetti, CEO de Synhelion.

Este combustible libera solo la cantidad de CO2 que se extrajo de la atmósfera, por lo tanto no genera emisiones.

“Es una clave maestra para toda una serie de combustibles sintéticos ya producidos industrialmente. Con procesos de refinación relativamente estándar, se transforma en hidrocarburos en diferentes formas, como metanol y combustible para aviones «, dice.

Estos procesos innovadores permiten extraer el dióxido de carbono de la atmosfera, que al unirlo con el agua y someterlos a la luz solar concentrada, se convierte en un gas de síntesis que se puede utilizar en la producción de combustible para aviones.

El desafío de la producción

Un reto que aún enfrenta esta tecnología es la producción a grandes volúmenes de  este combustible “verde”. El objetivo es lograr reemplazarlo para 2030, sin embargo, en paralelo funciona un combustible que genera 50% menos de impacto.

Este combustible “verde puro” podrá ser utilizado para los aviones actuales, pero esto requerirá un periodo de adaptación.

Los expertos explican que algunos componentes tendrán que adaptarse, como es el caso de todos los combustibles sintéticos, pero en principio estos cambios serán mínimos.

De momento, Synhelion está planeando una nueva instalación de prueba en Suiza para explorar esta tarea. Se espera que la operación de prueba produzca combustible sintético desde alrededor de 2023.

Este combustible “verde puro” podrá ser utilizado para los aviones actuales, pero esto requerirá un periodo de adaptación.

El CO2 en la actualidad

Recientes estudios concluyen que los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera han alcanzado el punto más alto en 23 millones de años.

Como se sabe, el aumento en la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera es en gran parte responsable del calentamiento global.

Este fenómeno apunta a que los ecosistemas y su temperatura podrían ser más sensibles que antes a pequeños cambios en la emisión de CO2.

Las emisiones de la aviación representan del 2% al 2.5% de las emisiones de CO2 producidas por el hombre, según la Oficina Federal de Aviación Civil. Y si se considera las emisiones por pasajero, un avión es la forma de transporte más contaminante.

En este contexto, Synhelion destaca que la puesta en marcha funciona en paralelo con un combustible con un 50% menos de impacto.

El objetivo no es crear un nuevo avión con cero emisiones, sino desarrollar un combustible con cero emisiones para 2030 para aquellos que ya están volando; es decir, la cantidad de CO2 liberado durante la combustión de este combustible sería equivalente a la cantidad de CO2 capturado en la atmósfera durante su producción, explicó Ambrosetti.

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