Las revolución de las criptomonedas intensifica el calentamiento global

Las criptomonedas se han convertido en un factor más de impacto medioambiental, debido al consumo energético mundial que demandan.

Para que las minas de criptoactivos no bajen su rendimiento, es necesario que las supercomputadoras realicen mayor cantidad de hashes [funciones criptográficas],  lo cual necesita más potencia eléctrica consumida.

Johann Sigurbergsson, portavoz de la eléctrica islandesa HS Orka, afirma que la electricidad que demandan las minas de criptomonedas en su país está a punto de exceder todo el consumo de los hogares de la isla.

“Si esto sigue así, no tendremos energía suficiente para abastecernos”, señaló, al recordar también que Islandia cuenta con un sistema de energías renovables de bajo impacto medioambiental.

En China, principal productor de minas, la situación cambia drásticamente, porque la energía subvencionada por el Estado, un gran atractivo para este sector, es la del carbón, un combustible fósil altamente contaminante.

“Claro que es un problema por la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera; pero, en general, no es mucho mayor que la que generan las fábricas de billetes de papel o las petroleras”, precisa.

Un informe publicado por Morgan Stanley en diciembre de 2017, «Bitcoin decoded», detalla que por cada moneda digital que se crea se consume el mismo promedio que un hogar estadounidense durante dos años.

“O empieza a haber valor para la sociedad o esto se desinfla. No se puede vivir en la especulación permanente”, razona Alex Preukschat, coordinador de Blockchain España.

Algunos implicados en este sector, como Vitalik Buterin, creador de ether —la segunda gran criptomoneda—, han roto una lanza en favor de la sostenibilidad y han puesto sobre el tablero digital un mecanismo para corregir este peaje.

El minado de su divisa parte de una menor complejidad de computación y, al mismo tiempo, menor recompensa. La resolución del algoritmo dependerá de la cantidad de monedas acumuladas, no de las horas de trabajo invertidas. Este proceso de validación se conoce como prueba de participación .

“Me sentiría muy triste si mi principal contribución al mundo fuera sumar el equivalente al consumo de electricidad de Chipre al calentamiento global”, sentenció Buterin en una entrevista.

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