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-La última reunión reciente del G20 en Japón, que involucró a los Ministros del Medio Ambiente de las naciones participantes, acordó innovar en políticas que den fin a la contaminación por plástico. -El plástico que llega a los océanos no solo daña a la fauna marina; también termina en nuestros estómagos en forma de partículas.

El mundo quiere moverse a un futuro sin plástico, pero ¿podemos contar con Estados Unidos?

La semana pasada se dio a conocer el resultado de un estudio norteamericano que estima cuánto plástico traga o inhala una persona promedio a lo largo de un año -a través de los alimentos o del aire. El promedio que arrojó esta investigación fue de 97.000 micropartículas (pudiendo llegar hasta 120.000), a las que se sumarían unas 90.000 si las personas están habituadas a consumir agua embotellada en este material, como ocurre con frecuencia en Estados Unidos.

Al ver que prácticamente cada semana surgen nuevas noticias sobre los niveles que está alcanzando la presencia de plástico en el medio ambiente (océano, tierra y aire), surgen interrogantes con relación a cuál es la vía más adecuada para limpiar los ambientes de este material definitivamente: ¿será el reciclaje la salida a este problema o es una solución insuficiente? ¿debemos dejar de producir y comprar plástico para volver a los materiales menos contaminantes que se usaban con frecuencia en el pasado? ¿cuáles son las políticas que los países necesitan para terminar, de una vez por todas, una cultura que por casi un siglo se ha construido sobre el plástico?

En Estados Unidos, por ejemplo, la industria de plásticos promueve su compromiso ético con el medio ambiente asegurando que el material que se desecha se traslada a una fábrica donde se transforma a la perfección en algo nuevo.

Pero The Guardian, en su nueva serie de reportajes United States of Plastic, revela que solo el 9% del plástico producido llega a ser recuperado y que hoy, el sistema de reciclaje se está desmoronando. El plástico se está vertiendo, quemando o enviando a países en desarrollo, donde es probable que se elimine de manera inadecuada, en detrimento de las personas que menos pueden permitirse afrontar las consecuencias.

Cada año se producen cerca de 300 millones de toneladas de residuos plásticos en el mundo, de los cuales ocho millones de toneladas acaban en los océanos, según Naciones Unidas (ONU). Estos residuos, incluyendo partículas diminutas, se encuentran en todas partes, desde los estómagos de las ballenas y los peces que consumimos, hasta los acuíferos que se encuentran bajo tierra.

Entre las naciones, Estados Unidos es una de las más críticas en términos de la producción, la generación de desechos y las consecuencias de vivir rodeados de estos materiales sintéticos y altamente contaminantes.

Esta semana, al menos algo se ha avanzado en política internacional al respecto, especialmente en relación a los residuos que terminan en los océanos. El G20, el grupo de las 20 principales economías del mundo, logró un acuerdo para reducir la contaminación marina tras una reunión de sus ministros de medio ambiente el domingo en Karuizawa, Japón, informa Reuters. En esta cumbre, la nación anfitriona propuso «un marco viable» para lidiar con la basura del océano en países emergentes y menos desarrollados.

Bajo el marco acordado, los estados miembros del G20 tienen la tarea de promover un enfoque integral para prevenir y reducir la descarga de desechos plásticos a los océanos, además de compartir sus mejores prácticas con otras naciones.

Como parte del plan, Japón organizará una reunión de seguimiento que será el próximo otoño de esa región del mundo, ocasión en que se revisará los esfuerzos en el Diálogo de Eficiencia de Recursos del G20, donde los países que sigan nuevas e innovadoras políticas con respecto al plástico, deberán informar sobre sus avances.

En una conferencia de prensa, el Ministro de Medio Ambiente de Japón, Yoshiaki Harada, expresó su satisfacción por estar a la cabeza de esta iniciativa e incluir a los países emergentes y en desarrollo, para formar «un amplio marco internacional».

Sin embargo, la adopción de los nuevos lineamientos en materia de plásticos es voluntaria y no todos los ministros del G20 se mostraron comprometidos con la propuesta, como ocurre con los acuerdos sobre el cambio climático.

En este sentido, los ojos vuelven a posarse sobre Estados Unidos, que bajo la administración de Trump ha construido un historial de rebeldía en materia de políticas medioambientales, donde uno de los grandes hitos ha sido retirarse del acuerdo sobre cambio climático de París 2016 y negarse a respaldar el compromiso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

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