Rechazan resolución que deja sin mar al futuro Parque Nacional Kawesqar: “El sistema ambiental es racista”

“El mar es parte importante del territorio kawesqar. Lo denominamos maritorio. Si se entiende de manera integral, somos un pueblo descendiente de canoeros nómades, entonces, el mar es parte propia de la cosmovisión del Pueblo Kawesqar. De ahí sale la subsistencia; la pesca, caza, y recolección; lo espiritual y lo energético… el Pueblo Kawesqar no es nada sin mar”.

Así describe Leticia Caro, miembro de la comunidad Grupos Familiares Kawesqar Nómades del Mar, la posición que ocupa el mar en la cosmovisión de su pueblo.

Hoy resurge con más fuerza aquella perspectiva, debido al proyecto de un futuro Parque Nacional, iniciativa que contempla la recategorización y amplificación de la Reserva Forestal Alacalufes (región de Magallanes), aunque con una gran omisión: el nuevo parque nacional solo abarcaría la porción terrestre del área, dejando sin protección la zona marítima adyacente, según definió el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad en sesión extraordinaria del pasado 10 de abril.

“No queremos parque sin mar”, reafirma Leticia Caro y agrega que “el pueblo kawesqar estará de acuerdo con la ampliación y reclasificación de la reserva solo si se incorporan las aguas interiores y exteriores y bajo la modalidad de Áreas Marinas Costeras Protegidas de Múltiple Uso (AMCP – MU)”, como ocurre en Rapa Nui con una superficie marítima de 720 mil km2.

Mar y tierra: ¿Sistemas aislados?

El director ejecutivo de Ecocéanos, Juan Carlos Cárdenas, también critica la resolución de la instancia interministerial. En diálogo con El Ciudadano, afirma que “es una decisión que es absolutamente atentatoria en relación con la integridad de la conservación de los parques nacionales en área patagónica, porque no reconoce el vínculo que hay entre los ecosistemas marino-costero y terrestre”.

Cárdenas explica que “hay una serie de especies, mamíferos y aves marinas, que se reproducen en tierra y se alimentan en el mar, entonces, sería una contradicción que se desprotegiera la porción terrestre del parque y, sin embargo, en el área marina no tuviesen esa protección, me refiero a los lobos marinos, que se reproducen en tierra, en los roqueríos, pero se alimentan y crían en el área marina”.

El médico veterinario indica además que la decisión de los ministros de Medio Ambiente, Hacienda, Economía, Bienes Nacionales y Agricultura entra en contradicción con acuerdos y tratados internacionales –como el Convenio sobre Diversidad Biológica (1992)– y con la “legislación nacional que protege los derechos de los pueblos indígenas, de acceso y uso de los espacios marino-costeros”.

Sin embargo, sus sospechas radican en la influencia que la industria salmonera podría estar ejerciendo para explotar las aguas marinas que el Pueblo Kawesqar pide proteger.

Sospechas sobre la industria salmonera

Para Juan Carlos Cárdenas, la eliminación de la porción marina del proyecto obedece “a la presión de la industria salmonera, a través del Ministerio de Economía y del Ministerio de Hacienda, para que esas áreas riquísimas queden a disposición del proceso de expansión de la industria salmonera en Magallanes. Hay 251 solicitudes de nuevas concesiones salmoneras en el área en que se ubicará el futuro Parque Nacional Kawesqar”.

A esas solicitudes habría que añadir que, de acuerdo a un listado elaborado por la Subsecretaría de Pesca para septiembre de 2017, en la región de Magallanes existen 125 concesiones de acuicultura de salmónidos.

Además, en 2015 la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) lanzó el Programa Estratégico Mesoregional “Salmón Sustentable”, iniciativa que fija como meta para Chile una producción salmonera de 1,2 millones de toneladas para el año 2030.

Cárdenas comenta que el aumento de la producción de salmones tendrá sustento “fundamentalmente en la región de Magallanes y que ahora, de aquí al 2022, están triplicando las producciones que tienen. Han pasado de 10 mil toneladas a comienzos de década, y el 2022 van a estar produciendo 140 mil toneladas. Es decir, hay un proceso de expansión brutal en Magallanes, al igual que lo hicieron en Chiloé hace dos décadas”.

El director ejecutivo de Ecocéanos identifica otra arista relacionada al papel jugado por Hacienda en las definiciones sobre el proyecto. En el acta del Consejo de Ministros se establece “que los límites del Parque Nacional se circunscriben estrictamente a la porción terrestre del área. La cartografía respectiva será trabajada en una comisión calificada por los Ministerios de Bienes Nacionales, Medio Ambiente, Hacienda y Economía”.

“Es decir, es una decisión que ya está tomada desde un comienzo y se tienen dos impactos: el primero es condicionar el proceso de consulta indígena, a lo cual el Estado estaba obligado de realizar con el pueblo kawesqar, ya que firmó el convenio 169 el año 2008. Por otro lado, de los ocho parques nacionales que contempla esta red, al único que le extraen el área marina-costera es a la del parque nacional donde está el pueblo kawesqar”, plantea.

Mar expuesto

El pasado 22 de septiembre, la comunidad Kawesqar envió una carta a la Presidenta Michelle Bachelet alertándola sobre los efectos que generaría la exclusión de la zona marina del Parque Nacional Alacalufes, nombre además cuestionado, puesto que alude a una denominación peyorativa utilizada para referirse al pueblo canoero.

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En esa carta, los miembros del Pueblo Kawesqar advertían que “de no abstenerse la cortoplacista medida de los exministros de Economía y Hacienda [NdR: se referían a Luis Felipe Céspedes y Rodrigo Valdés], vamos a tener la gran paradoja de que nuestro Pueblo canoero, surcador de canales y fiordos, no disponga de espacios marinos para seguir existiendo”.

En esta línea, Juan Carlos Cárdenas sitúa a la industria salmonera como uno de los actores fundamentales en la destrucción del territorio reclamado por los kawesqar, debido a los perjuicios que genera su actividad.

“Los centros de cultivo se caracterizan por las altas densidades de peces en las balsas jaulas y la emisión diaria de toneladas de fecas de salmón y del alimento que no es consumido y que cae al fondo marino. Eso genera procesos de eutroficación, es decir, agotamiento del oxígeno disuelto en el agua, porque ese oxígeno se utiliza para descomponer la materia orgánica que ahí se va introduciendo”.

El médico veterinario explica que dicho proceso es la base para contaminación por nitrógeno y fósforo. El primero –dice Cárdenas– “es el elemento que gatilla los procesos de la denominada marea roja, que ya vimos sus efectos el año pasado en Chiloé”.

Adicionalmente, “Magallanes es un área que naturalmente ha tenido problemas de marea roja por los temas del cambio climático, entonces, si se le incorpora sobre 300 nuevas concesiones, eso significa que se generan las condiciones para que se empiecen a desarrollar periódicos cuadros de bloom algales, que tiene un efecto devastador sobre el medio ambiente”, argumenta el director ejecutivo de Ecocéanos.

Genocidio cultural

La destrucción del entorno natural también tiene una traducción en términos culturales, en virtud de la posición que ocupa el mar en el quehacer cotidiano de los kawesqar.

Aquella preocupación fue abordada en la consulta indígena que tuvo lugar a principios de octubre y en la que 11 comunidades plantearon sus observaciones respecto del proyecto de Parque Nacional.

En la instancia decidieron que debían ser incorporados al plan de manejo del área, estableciendo actividades no permitidas (acuicultura industrial intensiva de especies exóticas, faenas vinculadas a la minería e hidrocarburos, entre otros) y otras permitidas (turismo de base comunitaria, la pesca y casa de subsistencia, pesca artesanal de pequeña escala, recolección de recursos bentónicos y especies vegetales, y acuicultura de pequeña escala, de carácter comunitario, que contemple solo especie nativas).

Para Leticia Caro, perteneciente a la comunidad Grupos Familiares Kawesqar Nómades del Mar, la resolución del Consejo de Ministros “claramente es un genocidio cultural. La finalización del proceso de exterminio de las culturas patagónicas australes, porque con esta medida se mutila, una vez más, lo que es la cultura kawesqar, con la visión ancestral que posee”.

“Si bien es cierto, nos hacen una consulta indígena para tratar este tema del parque, se vulnera directamente nuestra pertinencia cultural frente a lo que es el maritorio. Ellos, previo a la consulta, habían decidido por nuestro maritorio, entonces, la consulta en sí no tiene ningún sentido”, añade.

Juan Carlos Cárdenas de Ecocéanos piensa que el proceso institucional que se ha dado a la fecha “demuestra que el Estado chileno continua con su política histórica de genocidio cultural y de asimilación. El parque nacional va a tener a los kawesqar como una especie de figura exótica, destinada a vender artesanías. El sistema ambiental es racista, ya que le aplica todas estas medidas especialmente a los pueblos originarios: mapuche, lafkenche, huilliche, kawesqar”.

Por ahora, la definición está en manos de la Presidenta Bachelet. “En la consulta misma, el Ministerio de Bienes Nacionales se comprometió a elevar nuestra solicitud a la Presidenta, sin pasar por el Consejo de Ministros. Cuando nos entregan la síntesis de la consulta, no vemos por ninguna parte la resolución donde se deriva esta consulta a la Presidenta”, aclara Leticia Caro.

El llamado de las comunidades, en tanto, apunta a su presencia en el territorio por miles de años, a pesar del genocidio que sufrieron y que fue avalado por estancieros, empresarios ovejeros y el propio Estado.

“Los kawesqar existimos hace 6000 años. El Estado chileno debe comprender que somos sus aliados en la defensa y conservación de los territorios marinos australes. Si desaparecemos como cultura ancestral, luego nos seguirán las ballenas, delfines, nutrias y lobos marinos, entre otros, así como los prístinos ecosistemas marinos de la Patagonia y Antártica”, manifestaron las comunidades a la Presidenta, en la carta entregada en septiembre.

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