Invasión de medusas venenosas en cuatro playas australianas

Cuatro playas ubicadas en la costa noreste de Australia han sido cerradas debido a un reporte de más de 3.000 personas que han sido víctimas de picaduras de la «Carabela Portuguesa», mejor conocida como la medusa venenosa.

Su nombre científico es Physalia physalis, y sus picaduras se distinguen por causar un dolor intenso al afectado. Los tentáculos de estas “medusas del hombre de guerra portugués”, que son venenosos, atrapan y paralizan a su presa. Por lo general, captura pequeños organismos acuáticos como peces y plancton, pero en esta ocasión han atacado a personas.

De acuerdo con datos de el Royal Australian College of General Practitioners, cada año se reportan en las playas de Australia al menos 10 mil victimas.

La cifra al inicio de este año activó las alarmas de las autoridades locales, que explican que «el incremento en los afectados se debe a que en los últimos días fuertes vientos en tierra han llegado desde el noreste, lo que ha puesto a las criaturas en contacto con los nadadores», reseña el portal Bajo Palabra de México.

La Asociación de Guardacostas Surf Life Saving, por su parte, dijo que 3.595 personas habían sufrido quemaduras dolorosas. Al mismo tiempo, la institución alertó a la población acerca de la posible llegada de más medusas a la costa.

«Una pared de bluebottles (medusas botella azul) se aproxima a la playa de Rainbow. Los salvavidas están cerrando la playa. Manténganse fuera del agua”, advierte Surf Life Saving, que de momento ha decidido cerrar cuatro balnearios.

Neurotoxina

El veneno de la «carabela portuguesa» tiene consecuencias neurotóxicas en los seres humanos. En principio, la picadura de estos animalitos puede causar en sus víctimas minutos y hasta largas horas de intenso dolor en la zona afectada, además de vómitos, mareos y sensación general de malestar.

Para minimizar los daños, los médicos recomiendan aplicar en la picadura hielo y agua.

Invasión periódica

En enero de 2018 se alertó de la llegada al litoral australiano de la medusa Irukandji (caurukia barnes), que con los tentáculos extendidos alcanza cerca de un metro, y cuya toxicidad es unas cien veces mayor que el veneno de una cobra.

Entonces, las autoridades instaron a los bañistas a permanecer fuera del agua hasta que pasaran las condiciones de humedad y calor que favorecen la propagación de la medusa. En caso de picadura, las víctimas debían llamar a emergencias.

A pesar de los rastreos diarios para detectar su presencia en las costas, una serie de incidentes fueron reportados a finales de 2016 y principios de 2017, cuando se registraron al menos diez casos.

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